Cubierta de 'Comerás flores'
‘Comerás flores’: amor y dolor en el debut literario de Lucía Solla
Retrato feroz y poético del duelo, el deseo y la fragilidad emocional en una historia donde lo grotesco y lo cotidiano se confunden con la verdad de la vida
En su primer libro, Comerás flores, Lucía Solla ofrece su carta de presentación al público: una gran sensibilidad expresiva, plasmada en paradojas bien construidas y situaciones en las que lo trascendente y lo prosaico se anudan de modo caricaturesco. Real y grotesca como la vida misma, así es Comerás flores y así comienzan sus páginas: «El día en el que mi padre murió, hacía sol y yo tenía hambre. Mi padre murió y bajé a Frida a hacer pis».

Libros del Asteroide (2025). 244 páginas
Comerás flores
Mediante un estilo peculiar de reminiscencias valleinclanescas, Solla transmite una historia esperpéntica (pero no por ello menos realista) de amor y dolor: la del dolor de Marina (la protagonista) en el amor a un hombre (Jaime, su nuevo novio); y la del amor de Marina en el dolor por la pérdida de otro hombre (su padre, recientemente fallecido). El lirismo de las páginas de Comerás flores gira en torno a esa dicotomía esencial de amor y dolor que permea el fluir de la trama, salpicado también de toques controlados de lenguaje coloquial y vulgar.
En una hoja de ruta marcada por la muerte del padre, la presencia y la ausencia afectiva de Jaime y la entrada y la salida de amistades (como Diana) en la vida de la joven Marina, es sin duda el primer elemento (el fallecimiento paterno) el que vertebra de modo más íntimo el argumento profundo del libro. Aunque la historia de amor y desamor, de dulzura y amargura de Marina y Jaime es el motivo narrativo más destacado, es la nunca superada pérdida del padre lo que aparece continuamente de trasfondo y se deja sentir con fuerza a lo largo de las 244 páginas de Comerás flores. En efecto, tras la espera de lo inevitable, su eventual llegada le produce a Marina una liberación superficial a cambio de un permanente estado de vacío existencial: «Por las mañanas, me despertaba como si me hubiese quitado un peso de encima. El de la espera constante a la muerte desde la silla para las visitas. Papá había muerto y ya no tenía que esperar a que muriese más». Y fue entonces cuando en la vida de Marina apareció Jaime, dos décadas mayor que ella, dando también aparente orientación y madurez a su inestable vivir: «ya había hecho lo que quería y lo que creía que querían de mí. Una relación estable con un hombre serio y responsable. Sentar la cabeza. Volver al norte. Estar quieta un rato. Comer de todo. Comer flores».
Jaime colma de atenciones y agasajos a Marina, pero también es un hombre iracundo, manipulador y, según se da a entender, también infiel. Jaime es un perfil inestable e inmaduro tras una fachada de respetabilidad y solidez vital y económica. Es un hombre que no sabe aguantar pequeñas faltas y que reacciona violentamente y de modo intempestivo ante las contrariedades. Marina siente que le da estabilidad, pero que también se la quita. De hecho, la seguridad que tiene con él, Jaime no parece poseerla en su interior, hasta el punto de volverse acosador cuando ella lo deja y él no lo sabe gestionar. Sin embargo, Solla se aleja de aproximaciones más trilladas y logra pintar la realidad de una relación tóxica en la que, aunque Marina es la víctima principal, tampoco ella está libre de pecado. En efecto, Marina conoce a un chico llamado Eduardo y comienza a escribirle y a quedar con él mientras aún está con Jaime; y, además, espía su móvil. Como ella misma reconoce, «tengo: dos anillos de compromiso y un amante».
En definitiva, Comerás flores exhibe una grotesca danza de idas y venidas emocionales y existenciales en las que la inexorable ausencia del padre y la fidelidad incondicional del perro son los dos únicos elementos claros de continuidad en la vida de la protagonista. El comienzo de cada capítulo del libro se refiere, justamente, a esa inestabilidad de Marina: «tengo: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto»; «tengo una perra y un duelo sin resolver». Tras abandonar a Jaime, Marina solo hallará paz en el recuerdo de su padre muerto y la vuelta a la familia y los amigos. Se tratará de un nuevo comienzo sin Jaime. Pero todavía sin su padre.