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La escritora Ángela Banzas, finalista del Premio Planeta con la novela 'Cuando el viento hable'

La escritora Ángela Banzas, finalista del Premio Planeta con la novela 'Cuando el viento hable'EFE

Premio Planeta 2025

Ángela Banzas, finalista del Premio Planeta: «Vivir es un regalo y siempre lo pienso todo en esa clave»

La escritora, de 43 años, ha logrado con su quinta novela publicada el sueño de muchos autores: ser finalista del certamen literario más cuantioso del mundo

Ángela Banzas, de 43 años, ha quedado finalista del Premio Planeta 2025 con Cuando el viento hable, un título y una novela llenos de sensibilidad que reflejan el propio carácter de la autora: aferrada a la melancolía y la morriña, como buena gallega. La obra, que saldrá a la venta el 5 de noviembre, promete no solo entretener al lector sino también acariciarle y trasladarle un mensaje en positivo de esperanza.

Cuando el viento hable. ¿Qué esconde este juego de palabras?

–La novela la divido en distintas partes, uno de ellas es el viento, y las páginas avanzan como en progresión para llevarte a otra que es la lluvia y a un epílogo que se llama Mañana volverá a llover, que es una invitación a la esperanza. El viento hace referencia a la parte en la que la protagonista, Sofía, conoce a la que va a ser su gran amiga dentro del hospital y a otros personajes dentro de la historia. Entre ellos, un chico, que se convertirá en alguien importante para ella. El viento hace referencia también al tiempo. Ese tiempo que se va colando por las rendijas y que te va moldeando y va moldeando a los personajes en la historia hasta que llegan a ese final de esperanza que es la lluvia. La lluvia es la que limpia, la que despeja esas ventanas que hay dentro de un hospital o una casa y ayuda a ver esa progresión.

–Luz Gabás describió su novela como «preciosa» y llena de intriga en la que no había ningún final «que no se quedara en alto». ¿Qué le pareció esa descripción?

–Preciosa. Las palabras que le dedicó a mí y a la historia me me llegaron mucho porque para mí ella es un referente y esa sensibilidad que ha mostrado hacia mi novela me ha llenado mucho.

–¿Cómo se consigue en cada capítulo finalizar con ese nivel de intriga?

–Requiere muchas horas de trabajo que todos los capítulos sean cortos y todos queden en alto. Pero considero que es necesario. A raíz de la maternidad me di cuenta que con el cansancio de cada día, aun siendo una persona a la que siempre le ha gustado mucho leer, me costaba llegar por la noche, coger un libro y que no se me cerraban los párpados. Ahí me di cuenta de que por los ritmos que llevamos en la sociedad, era necesario dar este plus para tratar de ayudar a enganchar al lector. No puedes simplemente contar parte de la historia, sino darle una vuelta o un giro para que quede siempre en alto y así se disfruta más.

–El germen de esta novela es una historia que vivió en primera persona siendo niña...

–Sí. Estuve ingresada en el hospital muy malita un tiempo y allí conocí a una compañera de habitación que se llamaba Ángeles, casi como yo. Pero su enfermedad no tenía cura y eso me chocó mucho de niña. Entender que los niños también se mueren. El origen de esta historia es el de esta niña y el de tantas otras. Porque cuando yo ya pude levantarme de la cama y salir de la habitación no me quedaba quieta e iba siempre visitando a todo el mundo y allí conocí a muchas niñas, incluso adolescentes, con situaciones más bien traumáticas.

–La importancia de la vida está muy presente en este libro. ¿Qué opina de todo lo que se está moviendo ahora con el tema del aborto?

–La verdad es que me considero una persona bastante reflexiva e intento pensarlo todo mucho antes de tener una opinión sobre nada. Como soy politóloga siempre intento ser muy prudente respecto a este tipo de cuestiones. Pero la experiencia que viví en el hospital siendo niña me ha marcado. Solo tenía siete años. Esta experiencia hizo y sigue haciendo que valore la vida, pero sobre todo la vida entendida desde lo más pequeñito. Vivir es un regalo y siempre lo pienso todo en esa clave. Incluso esto que me está pasando ahora, ser finalista del Premio Planeta, está siendo muy importante en mi vida y aún trato de restarle importancia. Pondero mucho para que se asienten donde deben estar, porque lo importante al final es la vida.

La escritora gallega Ángela Banzas

La escritora gallega Ángela BanzasEFE

–¿Por qué elegir la posguerra como escenario de la novela?

–Quería contraponer la importancia justamente de la vida. El cómo se valoraba la vida desde un hospital y llevármelo a un tiempo en el que la vida valía menos. Esa posguerra realmente era una guerra que no acababa. En la posguerra se hizo esa división entre vencedores y vencidos y, por lo tanto, siguió siendo una guerra que estaba silenciosa en la calle y con ese odio que había, la vida no se valoraba igual. He querido contraponer eso: lo mucho que nos preocupamos por la vida cuando estás en un hospital y el poco valor que se le daba en ese momento en la calle. Me pareció muy interesante.

–Publicó su primera novela en 2021 y en 2025 es la finalista de Premio Planeta. ¡Es increíble!

–Sí. Estoy muy contenta. Es la quinta novela que escribo y se nota porque con cada una vas perfeccionando ciertos rudimentos. Mi intención es ir mejorando y conociéndome más a mí misma y a las novelas.

Es la quinta novela que escribo y se nota porque con cada una vas perfeccionando ciertos rudimentos

–¿Era la primera vez que se presentaba al Premio Planeta?

–Sí. ¡Y no descarto presentarme de nuevo!

–Vive en Madrid desde hace casi dos décadas pero Galicia siempre está presente es sus novelas. ¿Morriña?

–Yo formo parte de Galicia. Mi forma de ser está muy influenciada. Los gallegos tenemos una mirada muy melancólica y reconozco que la tengo hacia el mar, mi tierra, la vida... ¡hacia todo! Es una pátina nostálgica que me acompaña siempre y sale en mis personajes mayoritariamente. En esta novela todos son gallegos. Así que morriña, siempre. ¡Yo le digo a la morriña sí! Es esa lágrima que lleva uno dentro. Y me recreo un poco en ella también.

–¿Qué destacaría que tiene su novela para haber logrado el premio finalista?

–Te diría que la comunión entre la intriga y los interrogantes, que atrapa mucho. Hay muchos interrogantes: una niña a la que encierran por las noches y que no se sabe por qué la tienen escondida; tampoco se sabe qué sucede con su padre cuando dan las ocho en punto cada tarde; hay una extraña alucinación con otra niña... Mi objetivo era lograr que la novela fuese esa vela blanca en el horizonte que diera un mensaje de esperanza, que acariciase al lector. Y es que cuando te asomas como lector a una historia lo que quieres es estar entretenido. Pero si encima te deja esa sensación de bienestar en el pecho, mejor. Con esta novela estoy muy satisfecha porque creo que lo he conseguido, sinceramente. Es muy especial.

–¿Cómo se imagina este año de promoción que le espera y, además, al lado de un personaje tan carismático como Juan del Val?

–Creo que voy a aprender muchísimo de él. Estoy deseando vivirlo. Mi meta en la vida siempre es aprovechar todo lo que va sucediendo y quiero disfrutar mucho de esta experiencia. Juan del Val es muy buen escritor y, además, tiene mucha sensibilidad y es un gran comunicador. O sea que voy a aprender mucho.

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