Reunión bolchevique con Lenin a la derecha de la imagen
‘Derrocar al mundo’: una historia del comunismo que no dejará indiferente a nadie
Sean McMeekin analiza la evolución desde el comunismo desde sus inicios hasta la actualidad, y advierte de que sigue constituyendo una amenaza para las libertades en el mundo actual
Sean McMeekin es uno de los mayores expertos en la historia del comunismo. Tras su exitoso ensayo La guerra de Stalin, aclamado tanto por la crítica como por el público, el historiador norteamericano acaba de publicar Derrocar al mundo. Auge, caída y resurgir del comunismo, un resumen crítico de la historia del comunismo.

Ciudadela (2025). 480 páginas
Derrocar al mundo. Auge, caída y resurgir del comunismo
Tal y como aclara el propio McMeekin en el prólogo, el objetivo del libro es analizar «con frialdad, sin prejuicios ni proyecciones» la evolución del comunismo, desde su formulación teórica a mediados del siglo XIX hasta su puesta en práctica en diferentes regímenes y latitudes durante el siglo XX.
El libro se divide en dos partes bien diferenciadas: la teoría del comunismo y su puesta en práctica. En la primera, el lector puede encontrar un resumen del desarrollo teórico del comunismo, desde sus inicios con Karl Marx y Friedrich Engels hasta la revolución rusa de 1917, que supuso la puesta en práctica de una propuesta política, social y económica que hasta entonces se habían mantenido en el terreno de las ideas.
En esta primera parte encontramos aportaciones de gran interés que sirven para refutar algunos de los lugares comunes más extendidos sobre la ideología comunista. Por ejemplo, al analizar la figura de Karl Marx, el autor recalca que, en realidad, el filósofo alemán no escribió el Manifiesto comunista como una reacción ante las miserables condiciones en que vivían los obreros de las fábricas –con los cuales no había tenido contacto alguno–, sino como una conclusión netamente teórica tras leer a Hegel.
Otro pasaje especialmente interesante de esta primera parte del libro es el relato de la pugna que hubo entre Marx y Bakunin, y que derivó en la ruptura de la I Internacional. En medio de esta refriega, el líder de los anarquistas publicó un texto en el que acusó a los marxistas ser «los amigos más apasionados del poder estatal», y en el que realizó una predicción que ha resultado ciertamente premonitoria: «En cuanto manden, dejarán de ser trabajadores, y mirarán por encima del hombro a los demás obreros, desde las alturas del Estado. Ya no representarán al pueblo, sino a sí mismos y a sus pretensiones de gobernarlo. Quien dude esto no conoce la naturaleza humana».
La segunda parte del libro analiza la puesta en práctica de las ideas comunistas, desde la Revolución bolchevique hasta nuestros días. A través de la descripción de los principales regímenes comunistas que se han ido gestando en las últimas décadas, MacMeekin presenta la implantación del comunismo como una historia ininterrumpida de violencia y coerción, en la que la ideología marxista ha sido impuesta invariablemente mediante la fuerza y sin tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos.
Como colofón a este análisis histórico, el autor norteamericano presenta dos tesis atrevidas y de hondo calado. La primera es que la caída del régimen soviético en 1991 no se produjo como resultado de la presión de los ciudadanos, sino como consecuencia del cese de la coerción que venía ejerciendo el poder a través del ejército y de los servicios de seguridad, que permitían al partido tener el control sobre la población. Cuando esta coerción cesó por la debilidad y el fraccionamiento interno del partido bajo el liderazgo de Gorbachov, el sistema entero se desplomó.
La segunda conclusión de MacMeekin es que, en contra de lo que aventuró Fukuyama con su tesis sobre el fin de la historia, el comunismo ha sobrevivido a la crisis experimentada a finales del siglo pasado. Es más, según el historiador norteamericano, su capacidad de influencia sigue intacta, ya que, según sus palabras, «mientras los hombres sigan soñando con una fraternidad universal, con la igualdad de derechos para las mujeres y para las minorías étnicas y raciales o, con la jerga de hoy, con la «justicia social», existirá una versión del comunismo que apelará a las masas». Una tesis que se antoja discutible, ya que a nadie se le escapa que pueden defenderse esas causas sin necesidad de comulgar con la ideología comunista. No en vano, como el propio MacMeekin describe al inicio del libro, el anhelo por poner fin a las desigualdades e injusticias es muy anterior a la aparición del comunismo.
En todo caso, se esté de acuerdo o no con las tesis finales de MacMeekin, el libro tiene sin duda más luces que sombras, y supone una contribución de indudable valor a la historia del comunismo. Se trata, en fin, de una obra muy recomendable para todos los lectores interesados tanto en la historia contemporánea como en el panorama político presente, ya que permite comprender con mayor profundidad los debates ideológicos actuales.