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Alfonso J. UssíaEl Debate

'Bajo cielo': una historia de Madrid

Anímense a adentrarse en el universo de Alfonso J. Ussía y descubrirán en Bajo cielo un Madrid que conocen, pero que todavía nadie les ha presentado

Hace poco leí un artículo de Alfonso sobre la honestidad de los escritores. Escribía sobre la importancia de decir la verdad, le pese a quien le pese. Por eso, no puedo empezar esta reseña sin mencionar que Alfonso es mi amigo. Un dato que no dice nada o lo dice todo. O, por lo menos, algo.

Cubierta de 'Bajo cielo'

Círculo de Tiza (2025). 272 páginas

Bajo cielo

Alfonso J. Ussía

Como alguna vez he comentado, la mayor parte de mi vida he sido lector de autores que reposan en cajas de pino. Siempre tuve la sensación de que «perder» el tiempo con las pruebas era absurdo si ya tenía entre mis manos un listado interminable de resultados contrastados. Como pueden imaginar, me equivocaba.

Uno de los autores que andan sobre dos patas que me hizo cambiar de opinión fue Alfonso. He visto la evolución de su obra y no puedo más que sentir admiración por lo que está haciendo.

Según algunos, Alfonso estaba condenado. Pero lo que no sabían esos agoreros es que, durante aquellos años de páginas en blanco, lo que estaba haciendo era mirar. Acumular escenas, voces, recuerdos y personajes. A su manera, ya estaba trabajando.

¿Alguna vez han leído un prólogo de Andrés Calamaro? Yo sí, una vez. En Bajo cielo, la obra de la que quiero hablarles. Y si algo queda claro es que Calamaro reconoce en Alfonso La Mirada. Quizá porque él fue uno de sus inventores.

En un solo párrafo Andrés desnuda a Alfonso diciendo: «El autor es una caja de Pandora, que igual llega a tu casa con El Cossío que escribe un discurso para «presidenciables» sentado en el cordón de la vereda o la contrabarrera del Tendido Nueve. Un novelista que vuelve su mirada sobre el tan madrileño Puente de los Suicidas, el viaducto oportunamente mencionado por Juan Manuel de Prada en el consagratorio Las Máscaras del Héroe, o recorre los caseríos cuidando a Polo Targo, su héroe y amigo». Por algo su mejor disco lleva el título de Honestidad Brutal.

Porque, como bien dice José F. Peláez en el epílogo, Bajo cielo no es un libro sobre Madrid. Es un libro sobre Alfonso. Su ojo literario, adiestrado durante años en sus calles, desgrana una realidad que fue y que, para disgusto de muchos, entre los que me incluyo, nunca más será. Recorre las calles de Madrid con la ansiedad que tanto lo caracteriza. Su mirada inquieta, distraída durante años en otros menesteres, por fin ha centrado su atención en una realidad inherente a él mismo: la escritura.

Y acaso por eso Andrés Calamaro termina el prólogo diciendo que el autor de Bajo cielo es «hijo de su padre y de su madre». Porque lo que cuenta en este libro no son hechos objetivos; es una suma de la materia con la que todos estamos hechos: experiencia, familia, odio, alegría, miedo, añoranza… Con esa frase Andrés nos dice que esto no es una Crónica de la Villa y Corte, es la historia de una vida.

Dentro del libro, el lector encontrará todo lo que Madrid puede ofrecerle. Bajo cielo nos regala una visión de la ciudad en todos sus puntos cardinales. Desde las «urbas» colmena de las afueras hasta los rescoldos bohemios aún candentes de La Latina. Desde los aspirantes a yuppies que castigan el Excel en las Cuatro Torres hasta los «homocéntricus» sin oficio cuyo principal cometido es no hacer nada.

Entre las páginas de Bajo cielo es inevitable recordar a don Alfonso Ussía Muñoz-Seca. En cierta forma, en algunos momentos crees estar leyendo un nuevo Tratado de las buenas maneras, renovado y vigoroso. Así como el padre se quejaba de que la gente fuese al «váter» y proclamaba la inexistencia de eso que algunos llaman «bragas», el hijo se tira de los pelos con «las manadas que pasean sus maletas por Madrid» o con la proliferación de los espacios «minimalistas». El que lo hereda no lo hurta, según el dicho.

Anímense a adentrarse en el universo de Ussía y descubrirán un Madrid que conocen, pero que todavía nadie les ha presentado. Cuando lo acaben seguro que tendrán la agradable sensación de que Madrid «es su amigo y es una gran persona».

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