La cantante Aitana en una imagen de archivo
Vuelve Aitana, más introspectiva y emocional que nunca, con su nuevo disco ‘Cuarto azul’
El nuevo álbum de la cantante está formado por 19 canciones, entre ellas varias colaboraciones
Con una primera mitad marcada por la melancolía y nacida en un periodo de ruptura y depresión, Aitana lanza este viernes Cuarto azul, un trabajo discográfico que refleja una profunda búsqueda personal y musical.
La artista catalana se muestra más transparente que nunca, prolongando el relato que inició en su polémico documental Metamorfosis.
En una entrevista con Efe, la cantante ha confesado que lo que más le afectó tras la emisión del documental fueron los comentarios relacionados con su padre.
«De todo lo que se dijo, a mí lo que más me dolió fue lo de mi padre», ha reconocido, haciendo alusión a las críticas que surgieron sobre la evolución de su carrera y, en concreto, sobre el proceso de creación de este nuevo álbum.
En ese contexto, recuerda cómo su propio padre llegó a decirle que no encontraba en él ningún tema destacable. Sin embargo, lejos de tomarlo como un ataque, valora esa franqueza: «Es que yo quiero que mi padre me diga que no escucha una canción buena (si no la hay), porque es el tipo de comunicación muy real que tenemos».
Fue precisamente a él a quien recurrió en noviembre, cuando se dio cuenta de que algo no iba bien. «Le llamé y le dije que quería ir al psiquiatra, que no me podía levantar de la cama», rememora.
Su padre no dudó en acudir en su ayuda, avisando a todo el equipo de trabajo: «Mi hija no va a hacer nada en este mes para curarse y, si no se cura en un mes, los 234 que hagan falta».
El álbum, formado por 19 canciones seleccionadas entre más de 70 maquetas, cuenta con la colaboración de artistas como Myke Towers, Jay Wheeler, Danny Ocean o Ela Taubert.
«Para mí es el más importante, porque es la primera vez que salgo de mi zona de confort; me he exprimido al cien por cien y no sé qué más hacer», asegura la cantante, que ha trabajado con numerosos productores más allá de su equipo habitual, como Davide Rossi, conocido por colaborar con Coldplay.
En cuanto a la estructura del disco, Cuarto azul (Universal) se divide prácticamente en dos partes. La primera, más introspectiva y emocional, refleja una etapa de tristeza, ansiedad e incluso duelo, con canciones como Música en el cielo o la propia Cuarto azul, inspiradas en gran parte por la depresión. «También hablo de la muerte a través de la figura de mi abuelo, al que nunca llegué a conocer», explica.
Sobre canciones como Segundo intento, donde aborda su fallido reencuentro con Sebastián Yatra, niega haber sentido reparos en mostrarse vulnerable. «Es que incluso cuando no he expuesto mi vida en mis letras, siempre se han inventado algo. Así que si se van a contar historias, mejor las cuento yo», sentencia.
Ante las críticas por su gestión de la intimidad, defiende su derecho a decidir cuándo y cómo hablar de su vida personal. «Yo no he dicho que no quiera contar mi vida. Lo que digo es que me da mucho pudor que me paren por la calle a preguntarme».
La segunda parte del álbum contrasta con la primera, apostando por un tono más luminoso, lúdico y nostálgico, con piezas como Conexión psíquica o Superestrella, donde experimenta con sonidos que recuerdan a ABBA.
El disco culmina con La chica perfecta, una colaboración con Alaska cargada de mensaje. «Si no era con ella, no la sacaba», señala sobre un tema en el que desafía el molde de perfección que ha sentido que se le exigía. «Yo misma he querido serlo. Pero no quiero ser la chica perfecta».
Aitana reivindica su autonomía artística frente a quienes la acusan de ser una figura manipulada por la industria o incluso por su propio padre. «Él ha crecido en el campo, empezó a trabajar a los 12 años y sabe lo que es no llegar a fin de mes. Me ha enseñado el valor del trabajo y del dinero», aclara.
La artista se prepara ahora para cerrar la etapa Metamorfosis con tres grandes citas en directo: el 19 de julio en el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona, y los días 30 y 31 del mismo mes en el estadio Metropolitano de Madrid, después de haber tenido que reubicar los conciertos inicialmente previstos en el Santiago Bernabéu.