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Vingegaard espera, delante de un grupo de manifestantes, el comienzo de una etapa de La Vuelta

Vingegaard espera, delante de un grupo de manifestantes, el comienzo de una etapa de La VueltaEFE

La Vuelta a España toca fondo a la espera de la última semana de competición

El pobre espectáculo deportivo no consigue eclipsar el cúmulo de polémicas que rodea la carrera

A nadie se le escapa que La Vuelta a España es la más pequeña de las tres grandes carreras por etapas de la temporada ciclista. En ocasiones, ese 'estigma' ha favorecido al espectáculo, con ediciones en las que los grandes favoritos luchaban a cara de perro sin la presión por mantener una posición aceptable en la clasificación general como ocurre en el Tour de Francia.

Sin embargo, eso no está ocurriendo este 2025. El espectáculo deportivo de la ronda española ha sido bastante pobre en las dos primeras semanas de competición. El claro favorito a la victoria final, Jonas Vingegaard, no ha tenido grandes problemas para controlar la prueba a su antojo y, hasta la segunda jornada de descanso, el portugués Joao Almeida solo ha podido seguir su rueda o conquistar victorias parciales de renombre, pero poco espectaculares.

El caso paradigmático lo encontramos en la terrible ascensión al Angliru. Aunque cada vez que se anuncia su presencia en La Vuelta llama la atención del gran público, la realidad suele imponerse y sus elevadísimos porcentajes acaban por anular cualquier intento de ataque. La subida a la cumbre asturiana se convierte en un ejercicio de supervivencia y así lo fue el pasado viernes, cuando Vingegaard y Almeida se quedaron solos en cabeza y ni tan siquiera se probaron el uno al otro a pesar de separarlos menos de un minuto en la lucha por el maillot rojo de líder.

UAE tapa sus grietas con victorias

Aunque el danés ganador de dos Tour tiene encarrilado el triunfo final, los verdaderos dominadores de la prueba están siendo los corredores del UAE. Los ciclistas del equipo del ausente Pogacar suman siete victorias en 15 etapas, una auténtica exhibición de una escuadra construida sobre los petrodólares de Emiratos Árabes Unidos, un país con poco respeto por los derechos humanos, aunque ese hecho pase inadvertido a los muchos manifestantes que estos días se apostan en las cunetas españolas a la espera del pelotón.

Cuestiones políticas al margen, el UAE también está siendo protagonista por la crisis interna provocada por la salida de Juan Ayuso. El español llegaba a La Vuelta con el futuro en el aire y su actitud en las primeras etapas acabó por acelerar las cosas con el comunicado sorpresa que anunciaba su marcha en dirección al Lidl-Trek. Como ha ocurrido en otras ocasiones, el catalán no se ha mostrado muy partidario de apoyar a Almeida en su lucha por la victoria final y ha optado por batallas en solitario que ya le han permitido lamerse las heridas con dos victorias de etapa.

Veremos qué ocurre durante la última semana, pero no cabe duda de que si Ayuso quisiese trabajar para Almeida el portugués tendría más opciones de hacer daño a Vingegaard. Hay terreno de sobra, incluida la última jornada con el ascenso a la madrileña Bola del Mundo, pero veremos si hay iniciativa, fuerzas y ganas de arriesgar.

Presión, tensión y amenazas

Los titulares relativos a La Vuelta, dejando de lado las líneas más o menos hiperbólicas que puedan escribirse al final de cada etapa, han estado marcados por la comentada polémica en el UAE y, sobre todo, por el cúmulo de incidentes provocados por agitadores propalestinos. Día tras día los corredores tienen que lidiar con hombres y mujeres que, sin respeto alguno por la integridad de los deportistas, irrumpe en la carretera y ponen a prueba sus reflejos.

La etapa de Bilbao no pudo alcanzar la meta y los violentos consiguieron apuntarse un tanto mediático con la excusa de la presencia del equipo Israel-Premier Tech en la carrera. Los responsables de la ronda española sucumbieron a la presión y llegaron a pedir, azuzados también por miembros del Gobierno, el abandono masivo de unos corredores que tan solo hacen su trabajo y que han tenido que borrar de sus maillots el nombre de su patrocinador para protegerse de ataques físicos y verbales.

Queda una semana de competición, la lucha por la victoria final debería ser un gran aliciente, pero son más los que están atentos a la pantalla a la espera del próximo incidente. Sin ir más lejos, el domingo el corredor Javier Romo del Movistar acabó en el suelo por culpa de otro manifestante «emboscado». La Vuelta ha tocado fondo: escaso espectáculo y escaparate de protestas que en nada respetan al deporte.

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