Imagen de archivo de un joven practicando 'parkour'
La gente que se transporta sin ruedas: ¿cómo viven los jóvenes el parkour en Madrid?
El Ayuntamiento de Madrid lo incluye dentro de su programa deportivo por fomentar hábitos saludables entre los niños, jóvenes y adultos de la comunidad
Asientos oxidados, suciedad y mal olor: el desastroso aspecto del Estadio de Vallecas
El parkour es una modalidad deportiva que se ha vuelto famosa en todo el mundo. Su planteamiento es sencillo: desplazarse del punto A al B de la forma más eficiente posible, buscando una línea recta, incluyendo saltar, trepar y balancearse para hacerlo.
Esta moda, como tantas otras, nació en París, con el paso del tiempo se ha expandido por ciudades europeas, como Madrid, y ha logrado cautivar a miles de jóvenes.
Lugares como El Esqueleto en Madrid Río, el parque Narnia en Tres Cantos o el parque Juan Carlos I se han convertido en puntos de encuentro para jóvenes traceurs, como se llama a quienes practican parkour. Y es que muchos de ellos lo practican por entretenimiento, aunque en verdad, cuenta como una actividad física con muchos beneficios para la salud y la movilidad. Sin embargo, algunas personas critican a los jóvenes por practicar este deporte, aunque no es la mayoría de los casos.
«La gente, como mucho, a lo mejor te mira mal si lo haces en la calle, pero les da igual», comentaba Jimena Hoyos, que solía practicar parkour. A lo que añadía por su parte Jokin Mutke, otro jóven: «También he entrenado por mi cuenta en la calle, con mi hermano y solo, siendo echado de alguna zona por los vecinos, pero sin ser la norma», aclara.
El Ayuntamiento de Madrid lo incluye dentro de su programa deportivo por fomentar hábitos saludables entre los niños, jóvenes y adultos de la comunidad, en colaboración con la Federación Madrileña de Gimnasia. En una modalidad que algunos consideran peligrosa, mientras que quienes la practican recalcan que lo peligroso es no conocer tus propios límites. «Mi madre y otras personas siempre han considerado el parkour un deporte peligroso y, a pesar de permitir que lo hagamos, siempre nos decía que prefería que hiciésemos otro deporte y no le contáramos nada de lo que hacíamos. Hay que decir que mi hermano y yo hemos sufrido más lesiones haciendo otros deportes como fútbol, baloncesto o ir en bici que haciendo parkour», comentaba un antiguo practicante de esta disciplina.
Un antiguo aficionado a esta disciplina, César Barrios, nos cuenta cómo empezó en el parkour en un primer acercamiento al deporte, a raíz de lo que veía en videojuegos. «Yo era cero deportista. No me pegaba nada, pero se me puso en la cabeza y estuve muchos años practicándolo.»
En concreto, fueron cuatro años los que estuvo practicándolo. En los que aprendió desde cero a hacer los distintos saltos, como pasavallas (saltar un objeto apoyando una sola mano) o gatos (saltar un objeto con las manos paralelas apoyadas sobre el objeto, pasando las piernas entre el hueco de los brazos), «Backflips no, nunca llegamos a ese nivel», aclara. Sin embargo, nos lo relata como una forma de entretenimiento; «era una excusa para hacer deporte y pasarlo bien un rato».
Sin embargo, el pasárselo bien no quita en el rendimiento, según Barrios. «No te ibas hasta que no te saliera el salto, pero al final te ibas contento porque lo habías conseguido», en los tiempos que practicaba saltos de altura entre el metro y medio y los dos metros. Jimena Hoyas, su compañera en el deporte, añade por su cuenta: «Hacías cosas que normalmente te daban miedo, como subir a espalderas y saltar a un plinton desde bastante altura. Son cosas que no piensas en tu vida que vas a hacer y el hecho de afrontar eso está muy guay».
Sin embargo, siempre hay riesgos, cómo no, pero el mayor de los limitadores siempre es la mentalidad. «La mayoría de saltos que no podía hacer y acabé haciendo era por el miedo que te da», explicaba César Barrios. Normalmente, los golpes son por ir con miedo antes de saltar; la clave es ir seguros y calmados, según nos explicaba. Por su parte, Jokin Mutke decía: «Nuestro profesor siempre le ha dado un enfoque, de primero aprender a fallar; segundo, conocer tus límites y lo que puedes y no puedes hacer; y por último, a superar las barreras que impone tu mente», afirmaba.
A eso César Barrios añadía: «Una vez un tío, que tenía más nivel y se aburría en clase, empezó a hacer mortales y se partió el brazo. Según él, fue porque se distrajo a mitad del salto», relató. Y como esa, son miles las historias de despistes que se vuelven en el mayor riesgo de este tipo de prácticas.
Cada uno aprende de forma distinta, desde tutoriales de YouTube hasta clases personalizadas. Un joven comenta su forma de hacerlo: «No practicamos en la calle. Entrenamos en el gimnasio con espalderas, plintons, bancos, suelo de goma, colchonetas; nunca salimos durante las clases». Sin embargo, las exposiciones en la calle eran de los recuerdos favoritos de los entrevistados, con salidas a la Feria del Deporte de Pozuelo o salidas a los Parkour Parks de Madrid, según su experiencia. «Yo recuerdo que la gente que estaba allí era increíblemente maja, te ayudaban y te daban consejos. Muy buenas personas.», añadía Jimena Hoyas.
No todos los transportes se basan en las ruedas y el parkour se ha vuelto el favorito de los jóvenes.