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16 de junio de 2024

Xavi y el Barça separan sus caminos

Xavi y el Barça separan sus caminosEFE

Xavi y el FC Barcelona: el amor incondicional que acabó con un despido por la espalda

Cantaba Andrés Calamaro aquello de que «todo lo que termina, termina mal, y si no termina se contamina más». Xavi Hernández, leyenda del Barcelona, uno de las ¿cinco? personas más importantes de la historia de la institución, sale despedido del club de sus amores apenas unos días después de confirmar, en una rueda de prensa, su renovación, su intención de quedarse, tras anunciar su marcha en enero, y fundirse en un abrazo con Joan Laporta, la cordialidad previa a la traición.

Xavi, conocido por sus exageraciones en rueda de prensa, sus escusas, su negativa a asumir la culpa, sus rocambolescas evasivas, ha acabado conociendo su final por una declaración en la que se limitó a decir la verdad, en la que reconoció que, al fin y al cabo, el Barça estaba actualmente por detrás del Real Madrid, y del resto de la aristocracia europea, todavía pagando el peaje de aquellos años donde se vivió demasiado cerca del sol, la estabilidad económica saltó por los aires y, al final, como Ícaro, se acabaron quemando.

Laporta vio eso como una asunción de la inferioridad, una falta de ambición que denotaba poca confianza en el proyecto. Y, la realidad, el proyecto de Xavi sí ha demostrado quedarse corto respecto a lo que demanda la máxima exigencia. Especialmente, por la poca evolución vivida. Ver al Barça de Xavi en mayo de 2024 seguía dando la sensación de proyecto embrionario, recién creado, propio de unos inicios de proyecto, no de un entrenador que hace poco menos de tres años que aterrizó en la ciudad condal.

El gran aval de Xavi en su trayectoria como entrenador culé siempre ha sido su barcelonismo. Es lo que le permitió llegar al club pese a su corta trayectoria, y con lo que pudo conectar a la plantilla y a la grada, posibilitando, y esto ha sido todo mérito suyo, la llegada de grandes estrellas, de Gündogan a Lewandowski, que luego, y esto es demérito, no ha sabido exprimir. Esa conexión con la gente, con su gente, es lo que ha echado tanto en falta esta temporada, desterrado a Montjuic, un campo desangelado, donde ha perdido el factor local que tan bien le sentó en años anteriores.

Ese barcelonismo es lo que, sentándole frente al espejo, le llevó a renunciar el pasado mes de enero, anunciando su marcha, cuando vislumbró su proyecto caduco. Y, posteriormente, esa negativa a marcharte, la del adolescente que no quiere dejar atrás el amor de su vida, es lo que le impulsó a dar marcha atrás y prolongar lo que ya estaba acabado. Laporta, falto de miras, lo aceptó de buena gana al principio, pero luego, mirando la luna y no el dedo, se dio cuenta que, para crecer, había que renunciar a todo, incluso a la identidad y los apegos. Que en la dualidad entre éxito y amor hay pocos puntos intermedios.

Xavi Hernández reflexiona en el clásico del Santiago Bernabéu

Xavi Hernández reflexiona en el clásico del Santiago BernabéuAFP

El Barça, especialmente su presidente, considera que el rendimiento de la temporada es inferior al que la plantilla le permite, que se ha estado por debajo de lo que se podía. Y por eso se ha llegado a este desenlace, una decisión tan absurda, por timing, que deja dos datos que hay que leer para creerse: el Barça va a tener que pagar cerca de 15 millones de euros, por indemnización, a Xavi, cuando hace un par de semanas se iba gratis; y el entrenador dirigirá el último partido de la temporada, ante el Sevilla, después de haber sido despedido.

Que club y entrenador separasen sus caminos era algo tan previsible, tan lógico viendo el desarrollo de los acontecimientos, que es absolutamente ilógico que se haya llegado al punto final de la historia de esta manera. Una institución se hace ganador por lo que sus estrellas hacen sobre el césped, pero se hace grande por cómo las trata una vez cuelgan las botas.

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