Xabi Alonso, durante su estreno en el Santiago Bernabéu
La revolución de Xabi Alonso es potente: Mbappé es el jefe, Güler el responsable y Gonzalo la solución
El cambio respecto al equipo de Ancelotti es total: los nuevos jóvenes juegan desde el primer día y cogen galones
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Tiene el apoyo de Florentino Pérez y de la cúpula del Real Madrid y eso es lo mejor para poder hacer un trabajo diferente con total libertad. Le han contratado para que lleve a cabo una transformación absoluta del equipo y sobre todo para que ejecute una revolución total de la forma de jugar, en la que la faceta defensiva tiene un componente casi tan importante como la ofensiva. Esta es la base del gran cambio. Y ese cambio necesitaba futbolistas distintos, gladiadores adaptados al balompié de esta época, basada en la potencia, la velocidad y la resistencia sobrehumanas.
Realmente, Xabi Alonso ha vuelto a su club para dar una vuelta de tuerca entera a la plantilla, a los jugadores y sobre todo al concepto de juego. Hay que presionar para recuperar el balón en cuanto se pierde. Hemos visto cómo Mbappé y Vinicius corrían cómo gacelas a tapar a un defensa para robar la pelota. Si las estrellas lo hacen lo deben hacer todos. Este es el punto de partida de esta evolución, porque hay un mensaje muy claro: para ganar la Champions, que es el santo y seña de esta casa y su única razón de existir, hay que morder desde el primer segundo. Ya no vale solo con jugar muy bien con la pelota. Hoy, hasta Mbappé defiende. Es otro fútbol y quien no lo entienda perderá.
Por supuesto que el Real Madrid no va a perder su esencia de hacer un fútbol bonito y sobre todo práctico para ganar. Por supuesto que el Real Madrid ficha a Mbappé y forja a Vinicius para tener delanteros estelares como lo fueron Di Stéfano, Puskas y Gento. Por supuesto que caza a Bellingham y forma a Valverde para emular el centro del campo espectacular que integraban Puskas y Rial, Pirri y Velázquez, Redondo y Seedorf.
Florentino Pérez sigue la estela de Santiago Bernabéu e intenta traer siempre a los mejores del mundo. Pero ahora son necesarios jugadores que también sepan defender y que se sacrifiquen para ello. Xabi lo hizo en el Bayer Leverkusen con un éxito histórico, creando un equipo de autor. La dirección deportiva del Real Madrid fue a por él para que aplique todos los conceptos modernos de este deporte en el conjunto más laureado de la historia. Y el cambio, con la luz verde de los dirigentes, es total.
El entrenador solicitó fichajes para potenciar la defensa y ha recibido a Huijsen, Carreras y Trent Alexander-Arnold. Pidió un director de orquesta y le dijeron que creara a Güler a su imagen y semejanza, porque nadie mejor que él para saber lo que es un timonel. Quiso también un ariete y le propusieron que moldeara a Gonzalo. Y la apuesta de la jefatura por Mastantuono la ha hecho suya, porque es un tipo de futbolista que le encanta.
La diferencia fundamental entre Alonso y otros preparadores es que él sí cree en el talento mágico de los jóvenes. Entrega todo su crédito para ponerles en el once titular, hacerles protagonistas, dar minutos a suplentes que no lo son, ayudarles a todos en su progresión y regalarles una confianza que les hace rendir más y mejor. Xabi tiene fe en fomentar la ilusión de los jóvenes cualificados para convertirlos en grandes futbolistas. Esa es la distinción entre el guipuzcoano y otros profesionales del banquillo.
Creer en los jóvenes
Xabi Alonso piensa de la misma forma que Florentino Pérez y la dirección deportiva madridista. Es mejor hacer un equipo con los jóvenes de calidad porque tienen una ambición desmedida por los grandes títulos y sienten esas ganas de triunfar cuando su poderío físico es total. Para que esto suceda tiene que haber un responsable del banquillo que crea en ello y en ellos. Y lo bueno es que el tolosarra es el primero que cree en la capacidad de los jóvenes.
El ascenso de Brahim de la suplencia a la titularidad es un mensaje del jefe de la plantilla a todos sus pupilos: aquí juega el que lo hace bien y no importa si fue fichado como un gran futbolista o en un segundo nivel. El malagueño de origen marroquí vino muy joven desde el Manchester City. Era una novedad de perfil bajo. Se fue a Milán para madurar. Y ahora se ha ganado el sitio con Alonso porque tiene chispa en ataque, revoluciona el gallinero, es vertical y defiende como un guerrero.
Brahim Díaz en el Real Madrid - Osasuna de la primera jornada
El entrenador lleva tres meses en el puesto y su plan está muy bien detallado. Cada jugador cumple un rol es necesario en un esquema. El líder es Mbappé y sus actuaciones confirman esa jefatura. Máximo goleador europeo la pasada temporada, ha sido el artillero en los primeros partidos de ensayo de este curso y en el estreno oficial de la campaña ha sido el mejor y el autor del gol frente a Osasuna. Ya dijimos hace unos días que está fino, veloz y que él mismo siente esa frescura porque arriesga con el balón para hacer toda clase de jugadas y regates. Es el número uno y nadie puede dudarlo.
El comandante del esquema es Federico Valverde. Es el capitán por méritos propios. Su entrega, su profundidad en ataque, su eficacia en defensa y su lucha sin fin hasta el último minuto le convierten en el referente del fútbol total que quiere ejecutar Alonso.
Tchouaméni es el muro
El siguiente escalón en el organigrama del entrenador lo protagonizan Güler y Tchouaméni. Había que 'educar' técnica y tácticamente a un futbolista para que sea el director de orquesta. La cúpula del club y el entrenador estuvieron de acuerdo en que Arda Güler era el hombre. La modernidad de Xabi se demuestra en esta elección. El turco solo tiene veinte años y el preparador está encima de él para que sepa asumir esta responsabilidad con personalidad, carácter y valentía. Condiciones cualitativas las tiene todas.
Visión de juego, recursos y magia para dar pases de gol. Solo necesita asimilar mentalmente que puede ser el director de la batuta. Y para ello es imprescindible que su jefe crea en él. Sí, el vasco confía en Arda. Trabaja con él diariamente para que perfile su liderazgo en la organización del juego. No hay mejor maestro que Alonso, que llevó la batuta del Real Madrid durante un lustro.
Güler está demostrando su capacidad. Aprende a diario. Su calidad es innata. Tiene duende con el balón en sus botas y trabaja para mejorar su faceta defensiva, que es su asignatura pendiente. Ese rol destructivo tiene un estandarte en el sistema del preparador: Aurelien Tchouaméni. Si Güler es la creatividad, el francés es el muro de contención para robar el balón cuando ataca el contrario. El francés es la muralla que intenta frenar al rival.
Aurelien Tchouaméni, en el estreno liguero del Real Madrid
La eficacia defensiva tiene un jefe de seguridad, Dean Huijsen. El joven español se ha erigido en el líder de la retaguardia. Corta balones con demasiada facilidad, gracias a su estatura y a su gran zancada. Lo hace todo sencillo. Nadie está más seguro que él en lo que hace. Dirige la línea de atrás y saca el balón jugado en corto y en largo con una precisión en el pase impresionante. Da centros de gol de cincuenta metros. Es un baluarte.
Su edad, veinte años, es otra lección de Alonso en su confianza en la juventud. Es una revolución que el director de orquesta y el jefe de la defensa tengan veinte años. Eso sería imposible con otros entrenadores. Este es el cambio. A la vera izquierda de Huijsen se ha consolidado Álvaro Carreras. El lateral zurdo es un estilete en ataque y muy inteligente en la destrucción. Lo bueno es que tiene la competencia extrema de Fran García, un hombre al que Xabi también ha elevado su nivel de manera exponencial. Rotarán los dos.
El arte de Mastantuono
Hemos detallado las virtudes de los actores principales del esquema de Xabi. Hay otros hombres que aportan características diferentes al juego y que compiten por estar en el once. Brahim se ha ganado la titularidad como tercer punta, pero ese puesto tiene varios candidatos que fuerzan a Brahim a concentrarse aún más en su doble vertiente ofensiva y destructiva. Mastantuono es un aspirante a esa posición. Su fútbol artístico, su elegancia y sus golpes de ingenio inyectan cosas distintas en ataque, movimientos extraños, geniales, que sus compañeros deberán traducir.
Gonzalo García es la otra vía, la práctica. La búsqueda del gol con fútbol directo. Sustituyó a Vinicius frente a Osasuna. Un mensaje de la pelea interna y extrema por jugar que el guipuzcoano alimenta. No hay compartimentos fijos en la alineación. Gonzalo y Mastantuono pelean por ganarse ese protagonismo.
Hemos dejado para el final el ejemplo máximo de esa lucha por la titularidad. Dani Carvajal entró por Trent Alexander-Arnold colmado de ovaciones. El capitán ha vuelto. Ya sabemos que lo da todo a mil revoluciones. No sabe jugar de otra forma. Luchará con el inglés por el lateral derecho. Carvajal, Mastantuono y Gonzalo son tres espejos de la competitividad que el entrenador busca. La fomenta.