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Los jugadores del Real Madrid celebran un gol ante el BetisAFP7 vía Europa Press

«Nos la jugamos todos»: la conjura interna del Real Madrid de cara al derbi frente al Atlético

  • Valverde y Tchouaméni revolucionaron al grupo con la autocrítica realizada hace un mes y desde entonces suman cuatro victorias, pero saben que necesitan vencer al Atlético

  • Los jugadores no solo quieren solventar el futuro de Xabi, sino solucionar el suyo, pues otra derrota ante el eterno rival puede provocar cambios, ahora y en junio

Esta sí que es la hora de la verdad. Las ocho de la tarde, en Yeda, con La Meca oteando desde el horizonte. Si el Real Madrid se la juega siempre y dos derrotas consecutivas colocan históricamente al club en alerta máxima, como sucedió tras perder ante el Celta y el City, lo cierto es que hoy es más verdad que nunca, que todos se la juegan.

El Real Madrid se mide al Atlético y tanto el técnico como la plantilla tienen asumido que no pueden volver a perder ante los rojiblancos. Otro fiasco en un derbi madrileño significaría que el equipo no tiene nivel y que es necesario tomar medidas, ahora y, sobre todo, en el verano.

Si el Real Madrid perdiera ante Simeone de mala manera, no hablamos de caer por penaltis o por decisiones arbitrales injustas, sino de forma futbolísticamente clara, quien también podría perder el trabajo es Alonso. Pero, en esa hipótesis, el despido de Xabi solo sería el preámbulo del puesto de trabajo que perderían media docena de futbolistas en julio. Porque otra derrota ante el enemigo madrileño exigiría una revolución de plantilla.

Las razones son claras para describir este punto de inflexión. El conjunto blanco solo ha rendido bien en dos grandes partidos. El primero fue la victoria sobre el Barcelona, después de cuatro decepciones ante los azulgranas en la campaña anterior. Un triunfo importante que Vinicius se encargó de anular con su egoísmo y la discordia que generó. El segundo encuentro bien jugado por los blancos fue precisamente una derrota, frente al Manchester City, sin Mbappé. Un duelo que el Real Madrid mereció ganar o empatar. Cayó porque esta vez la suerte sí estuvo a favor del Mánchester, como reconoció Guardiola.

La verdad del análisis frío es que el resto de batallas ante rivales de enjundia las perdieron los madridistas. Esa debilidad preocupó enormemente al club y puso a Xabi en el disparadero. Cayeron ante el Atlético y el Liverpool con unos problemas evidentes de incapacidad defensiva y de falta de intensidad y sacrificio táctico. Eran momentos en los que los jugadores no hacían lo que el entrenador les pedía y llegó esa racha de malos resultados engrosada con los empates en Vallecas, Elche y Gerona.

De la falta de intensidad a Fuenteovejuna: todos a una

Las acusaciones contra el preparador se volvieron pronto contra los futbolistas, porque el aficionado sabía que algunos jugadores le estaban haciendo la cama.

Todo empezó a cambiar inmediatamente cuando Valverde y Tchouaméni manifestaron contundentemente que faltaba actitud e intensidad en la faceta de presión y robo de balón. Que faltaba sacrificio sin balón. La madre del cordero de los conjuntos definidos por futbolistas de mucha calidad, enemigos públicos del trabajo sin la pelota. El todoterreno uruguayo subrayó que no defendían todos y que lo que deberían hacer es presionar coordinadamente con disciplina y con sacrificio como grupo. Todos, no solo algunos.

Aquellas palabras de dos jugadores relevantes de la alineación tipo lo cambiaron todo. Hubo charlas internas en la caseta. En la cocina blanca se lavaron los trapos sucios y todo quedó muy claro: debían hacer lo que el entrenador pedía y estar unidos porque se la jugaban todos.

La reflexión interna era innegociable, rotundamente certera: Alonso podría caer, pero estaba claro que si continuaban así iban a caer después media docena de futbolistas.

Cinco goles de la cantera, el ejemplo de la lucha sin límite

El ambiente se revolucionó internamente y por fin se reaccionó para bien tras las derrotas ante el Celta y el City. Llegaron cuatro triunfos consecutivos frente al Alavés, Talavera, Sevilla y Betis. Superaron al límite una realidad tensa, complicada, estresante. El técnico se jugó el futuro en cada partido y especialmente en Vitoria, después de esas dos derrotas consecutivas. Salvó el puesto. Y las cuatro victorias han cambiado el aura interna del club por un sencillo argumento: los futbolistas se han unido disciplinadamente para hacer lo que el entrenador les pide sin discusión. Desde ese momento hemos visto cómo ha cambiado todo.

El duelo frente al Betis fue el mejor ejemplo. Faltaba Mbappé y había preocupación en el madridismo por lo que sucedería, pues la abrumadora mayoría de los goles los marcaba el francés y esa carencia se notó especialmente frente al conjunto de Guardiola. El Betis era un hueso duro de roer. Salió el Real Madrid volcado, creyendo en sí mismo, y la potencia de Tchouaméni y de Camavinga se vio rematada por la gran tarde de Gonzalo, que demostró que es un ariete que merece muchos más partidos.

Los goles de Asencio y Fran García rubricaron la metáfora. Las cinco dianas dijeron que la cantera estaba ahí y que esa cantera, «la fábrica» como la definió Di Stéfano, es la que refleja el espíritu indomable e incansable del madridismo, ese que se notó y se echó en falta durante muchos encuentros.

Los canteranos lo dan todo y no hacen la cama a nadie, entre otras cosas porque han sufrido durante muchos años para llegar a alcanzar un sueño que parece imposible y que ellos han logrado. Los goles de los canteranos vinieron a decir que el Real Madrid ha recuperado su corazón lleno de intensidad y actitud. La goleada al Betis reflejó ese regreso a la tradición positiva de la lucha hasta el último segundo que define la idiosincrasia genética del Real Madrid.

Unidos de verdad y creyendo en ellos mismos

Lo mejor para Xabi es que el equipo ataca ahora al Atlético sin Mbappé, pero con la recuperación total y anímica de un grupo que por fin trabaja unido en busca de los triunfos y que cree en lo que hace. Por eso los jugadores han hablado fuerte en el vestuario y han dicho que hay que ganar al Atlético como sea, porque no se puede perder un segundo derbi.

Y jalean al equipo que no se puede morder el polvo frente al Atlético por segunda vez porque si los rojiblancos vencen el puesto de Xabi Alonso estará en vilo, pero muchos de los futbolistas, muchos de ellos, también lo estarán dentro de unos meses. Todos se la juegan. Lo saben y se han conjurado para dar un golpe definitivo sobre la mesa en el tapete verde del King Abdullah Sport City de Yeda.

La unión que vimos entre los futbolistas en el triunfo ante al Betis fue la mejor foto de la victoria. Más que la propia goleada. El ambiente interno que observamos fue el mejor de la temporada. Por fin no se miraba al entrenador y no se sobrevaloraba si había jugadores que se enfadaban por algo. El técnico era respetado y los futbolistas se dedicaron a jugar, que es lo suyo.

Se concentraron en aplicar en el césped las ideas tácticas del jefe del plantel. Y lo hicieron bien. Nadie puso en duda al guipuzcoano y eso ya es noticia. Es un gran paso adelante de convivencia humana y profesional que comenzó a fraguarse en Vitoria y que ha transformado al Real Madrid. En el momento justo. Hoy se examinan todos ante el Atlético para confirmar el cambio.

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