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Prestianni discute con Vinicius en el Benfica - Real MadridDPA vía Europa Press

La UEFA y el Real Madrid no tienen forma legal de impedir que Prestianni juegue en el Bernabéu

Sucedió hace seis años en la Champions. Jugaban el Paris Saint-Germain y el Basaksehir turco. En pleno partido Pierre Webó, jugador del conjunto galo, denunció que el cuarto árbitro del partido, el rumano Sebastian Coltescu, le comentó al colegiado principal del partido: «Saca tarjeta al negro». El club presidido por Nasser Al-Khelaifi dijo que se marchaba del campo si no se actuaba inmediatamente por un caso de racismo.

Al final, el conjunto francés continuó en el césped, porque el rumano negaba haber dicho esa frase. La UEFA abrió una investigación, dirigida por el Comité de Ética. No pudo sancionar oficialmente al asistente rumano, pues no había grabación de sonido ni movimientos de labios en las televisiones que pudieran constatar esas palabras. Pero sí hubo un castigo real: los colegiados están controlados por la UEFA y Sebastian Coltescu nunca ha vuelto a dirigir un encuentro ni ser juez asistente en la Liga de Campeones.

Es el único caso de racismo en la historia de la Copa de Europa que ha sido castigado de forma efectiva contra una persona y sin una sentencia jurídica con pruebas. La denuncia de Vinicius contra Prestianni por un insulto racista, «mono, mono», es un escándalo similar. La diferencia es que Prestianni es un futbolista argentino del Benfica, no es un árbitro, y no se le puede suspender de manera interna si no hay pruebas fehacientes.

La UEFA sabe que el insulto racista al futbolista del Real Madrid ha existido. Y lo quiere castigar con dureza. Pero no encuentra sonidos en las imágenes televisivas ni observa lectura de labios que permitan actuar en consecuencia, porque Prestianni sabía muy bien lo que hacía y se tapó la cara con la camiseta. La UEFA busca un enganche procesal. El Real Madrid también ha enviado todos los vídeos que posee y ha presentado las declaraciones de Vinicius y de Mbappé para denunciar unos hechos «inaceptables». El Comité de Ética del gran organismo del fútbol europeo y el club español buscan la fórmula para evitar una realidad muy desagradable: ahora mismo Prestianni jugará el miércoles en el Bernabéu como si no hubiera pasado nada. Y eso sí que es inaceptable.

Mbappé, que se ha puesto al frente de este caso con declaraciones que acusan a Prestianni de racista, ha dicho una gran verdad: la UEFA, que combate de manera muy dura el racismo, tiene un problema muy grave. No se pueden probar los insultos racistas al no haber sonidos ni imágenes que confirmen que el jugador del Benfica llama «mono» a Vinicius.

Vinicius dice la verdad

El Comité de Ética de la UEFA sí ha castigado declaraciones de racismo, sin concentrarlas en una persona, en manifestaciones de aficiones de muchos campos que han sido confirmadas con testigos en las gradas o cerca de ellas. La UEFA llama a eso consideración razonable. Utiliza la lógica racional, cartesiana.

Ahora, la única forma de sancionar a Prestianni en estos momentos es aplicar el principio de consideración razonable tras la denuncia de Vinicius ¿Por qué se puede considerar razonablemente que Vinicius dice la verdad? Hay cuatro argumentos potentes. Primero, porque Vinicius sale corriendo a denunciar el insulto racista ante el árbitro porque es una situación especial.

A lo largo del partido mantuvo muchas trifulcas con los futbolistas rivales y no fue corriendo al colegiado para decir que le insultaban o le menospreciaban. Esas situaciones, por penosas que parezcan, son normales en este deporte. El brasileño sí salió corriendo a hablar con el árbitro porque le habían insultado por racismo, que es algo muy diferente.

El segundo capítulo que permite considerar razonablemente que Vinicius dice la verdad es que su denuncia detuvo el partido y perjudicó a su equipo, que en ese momento ganaba gracias a un gran gol suyo y dominaba la situación.

François Letexier detiene el encuentro tras el episodio racista a ViniciusAFP

El tercer punto que permite pensar que Vinicius dice la verdad es que el Real Madrid pensó en marcharse del campo si el brasileño así lo decidía, cuando ganaba por un gol de ventaja. Se perjudicaba también a sí mismo. Podían darle el encuentro por perdido, pues Letexier no tenía pruebas evidentes para sancionar a Prestianni por racismo.

Es un dato fundamental para pensar que el número siete del Real Madrid dice la verdad. El cuarto capítulo que da veracidad a Vinicius es que Prestianni no reacciona al instante y no niega que haya hecho un insulto racista.

Se queda petrificado y sorprendido al ver que Vinicius acude al árbitro. Y el punto culminante de esta situación es que el argentino tarda cuatro horas en hacer un comunicado para decir que Vinicius le interpretó mal. Tarda cuatro horas porque los abogados del Benfica observan todas las imágenes televisivas para ver si en alguna se observa que dice «mono, mono». Lo único que hace es comprobar si le han pillado. Pues entonces es que insulta de verdad. Hay una clave indispensable en este caso: si no se ha cometido ningún delito no hay que esperar a ver ninguna televisión. UEFA y Real Madrid utilizan el racionalismo cartesiano.

Sancionar por la lógica de la veracidad

Esta es la clave de todo el grave suceso. El Real Madrid salió perjudicado deportivamente al detenerse el partido cuando dominaba y podía salir mucho peor perjudicado: si se llega a ir del campo hoy perdería 3-0. La UEFA tiene una disquisición interna muy difícil de solucionar. La única opción de evitar que Prestianni quede indemne y juegue el miércoles en el Bernabéu es sancionarle por este principio de veracidad razonable.

Sería la primera vez que se aplica. El dilema es que el Benfica y el futbolista podrían demandar a la UEFA ante la ausencia de pruebas físicas y auditivas reales. Ahora mismo, podemos decir que el futbolista argentino estará en el Bernabéu. Y todo el mundo se teme que Prestianni juegue a ser la víctima del partido y que posteriormente diga que recibió insultos y que era muy difícil jugar. Llorar para que el verdugo se convierta en víctima. La UEFA y el Real Madrid intentan evitar una situación « inaceptable».