Otra revolución en Cuba: motines en las cárceles
Si las cárceles cubanas fueron un infierno en el pasado, cuando todavía quedaba algo de electricidad, y un poco de comida, ahora son la etapa superior, o el infierno inferior, o sea, el comunismo puro y duro en su máxima expresión.
Interior de la prisión de alta seguridad de Canaleta, en Ciego de Ávila, Cuba
Las cárceles de Cuba se están convirtiendo en verdaderos focos de alzamiento. En la prisión de Canaleta, situada en la provincia de Ciego de Ávila, se han producido varios motines protagonizados por los internos, quienes protestan por las condiciones infrahumanas y la falta de alimentación y atención médica.
La represión ejercida por los carceleros ha sido especialmente dura, utilizando métodos sumamente violentos para sofocar cualquier intento de levantamiento o disidencia, lo que ha incrementado el clima de tensión y miedo entre los reclusos. El presidente de Plantados, organización de Presos Plantados en el exilio, Ángel de Fana (22 años de prisión política), me ha compartido dos audios que así lo prueban, enviados a él a su vez desde la prisión de Canaleta.
Hace unos días tuve el honor de hablar por teléfono con la presa política María Cristina Garrido, durante su pase de cuatro días. El miércoles entró de nuevo en prisión. En un vídeo que hizo desde su casa en Quivicán junto a sus dos hijos adolescentes, quienes llevan ya cinco años alejados de su madre, ambos expresan su deseo de que Garrido no vuelva a la cárcel. Las autoridades no tienen piedad frente a este tipo de demandas.
Por otro lado, María Cristina Garrido me hizo saber que la presa política, madre de cuatro hijos, también del 11J, Lizandra Góngora, está pasando por momentos muy difíciles dentro de la prisión; y ruega que no nos olvidemos de ella.
Lizandra Góngora
María Cristina Garrido es escritora, poeta, su libro Voz Cautiva, escrito desde la cárcel, la dio a conocer a nivel mundial. Ha recibido reconocimientos del Pen Club Internacional, y es la directora Ejecutivo Nacional del Partido Republicano de Cuba en el interior de la isla. Fue una de las voces más activas durante las manifestaciones pacíficas del 11y 12 de julio del 2021, en Quivicán, por lo que fue detenida, juzgada y condenada a siete años de prisión, junto a su hermana Angélica Garrido.
Mientras hablábamos detalló que los presos políticos llevan meses recibiendo solamente de comer galletas y agua, que a muchos de ellos no les permiten que sus familiares les entreguen las jabas de comida, que la represión y las torturas de todo tipo son numerosas y más allá de lo inhumano imaginable.
En cuanto a su caso específico, pese a que no le agrada referirse solamente a ella, me explica que sus carceleros se muestran preocupados por lo que escribe, que le preguntan todo el tiempo si está escribiendo, porque la observan tirada en una esquina de la celda leyendo la Biblia. Ella les responde: «Mientras ustedes más me torturen, más voy a escribir; ustedes son también mi inspiración». Por ahí mido yo la grandeza.
Los motines en las cárceles cubanas llevan tiempo produciéndose, pero son apagados por la máxima represión que implican los asesinatos políticos, como fue el caso en el pasado de Pedros Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo, entre otros, ambos asesinados durante huelgas de hambre en las prisiones.
El mundo se refería con énfasis a los presos chilenos bajo Pinochet o de cualquier otra dictadura, pero ha ignorado siempre a los presos políticos cubanos, y si los nombran lo hacen al montón, usando la técnica que yo llamo «del bulto». El chileno Luis Corbalán poseía un rostro reconocible, que vimos hasta el aburrimiento, a la poeta cubana María Elena Cruz Varela, apenas se le conocía, hasta que pudo ser liberada y enviada al exilio en España; ahora vive en Miami, y muy pocos se acuerdan de su nombre, pese a su obra y publicaciones.
Las cárceles cubanas llevan años de un alzamiento en otro, lógicamente apagados bajo las terribles torturas y los asesinatos políticos. Nadie escuchaba (1988), se tituló aquel viejo documental de Néstor Almendros y Jorge Ulla, donde se aprecia la entrevista tan digna de la madre del mártir cubano Pedro Luis Boitel, Clara Abraham de Boitel, y donde se ve claramente cómo en 1980, un joven cubano ya citaba a Reinaldo Arenas con su célebre frase: «Los cubanos venimos del futuro».
Si las cárceles cubanas fueron un infierno en el pasado, cuando todavía quedaba algo de electricidad, y un poco de comida, ahora son la etapa superior, o el infierno inferior, o sea, el comunismo puro y duro en su máxima expresión. Sin embargo, los cubanos continúan defendiendo sus derechos, inclusive desde lo más profundo del corazón satánico-totalitario del castrismo. Esperemos que Marco Rubio lo tenga en cuenta a la hora de negociar, y esa veleidad de hacerlo con los herederos se le aparte de su brillante mente.