Fundado en 1910
Qatarí que te viTomás Guasch

Un Getafe con dinero, subcampeón de Europa

El Arsenal fue un Getafe con dinero. Marcó a los cinco minutos y tardó media tarde en dar tres pases seguidos

El estadio de esta final lleva el nombre de Pancho Puskas, El Mayor Galopante. La estrella de aquella selección húngara de los 50. Los Magiares Poderosos. El Equipo de Oro.

Uno de los protagonistas del primer partido del siglo, 29 de noviembre del 53, la primera derrota de los ingleses en casa. Wembley. Inglaterra, 3 - Hungría, 6. Puskas hizo 2. Hidegkuti, 3 y Sándor Kócsis, uno.

Con 31 años y casi los mismos kilos de más llegó Puskas al Madrid y ganó tres Copas de Europa. Hizo cuatro goles en una final, la del 60, en Glasgow, al Eintracht. Nadie le ha igualado.

Aquí pulverizó el Pichichi. Su zurda sigue estando en el podio de todos los tiempos. El 10 de la mejor delantera de la historia de la Copa de Europa, todavía: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Bueno, pues el genial Puskas en particular y Hungría por extensión no merecían esta final truño que terminó con el triunfo del PSG. Culminaron su ordinariez los dos jugando la prórroga, un horror. Sólo podía resolverse a penaltis. Perdónalos, señor Puskas, querido Pancho. Bien sabe usted lo que es el fútbol de ahora.

El Arsenal fue un Getafe con dinero. Marcó a los cinco minutos y tardó media tarde en dar tres pases seguidos. Defendió muy bien, claro. Como el Geta. Me mediré en duelo a quien vuelva a meterse con Bordalás. Sale campeón de Inglaterra y subcampeón de Europa, así está el patio.

El PSG ofreció una pequeña versión de sí mismo. Le bastó. A peso fue mejor, sin duda. Hizo más. Sin arte, pero lo hizo. Ganó a los puntos y también porque las rachas son a menudo invencibles. Es su tiempo. Gana goleando, al Inter, o en el último asalto.

Dos seguidas, a una del Madrid de Zidane. Es muy difícil, luego muy meritorio. También vale ganar así. Vimos de uvas a peras cosas de sus virgueros. De Dembélé a Fabián. De Achraf a Nuno. La verdad es que los echamos en falta.

No, no se puede maravillar siempre. Entonces, el quid es ganar. Esta final no se jugará nunca más. Ganó, felicidades mil. Luis Enrique sigue siendo el entrenador del año. La querida y ansiada continuidad.

Ganó su equipo porque lo quiso más, quería seguir siendo campeón. El Arenal fue menos y sigue siendo lo que era: un perdedor europeo. No se hable más, no.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas