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Rafael Nadal durante la final de Indian Wells

Rafael Nadal durante la final de Indian WellsAFP

Cómo consiguió Nadal jugar y tener opciones de ganar en Indian Wells con una costilla fisurada

La lesión se produjo en el durísimo partido de semifinales contra Alcaraz, al que consiguió vencer. En la final, tras un difícil arranque, a punto estuvo de igualar el encuentro

Rafael Nadal no sabía qué clase de lesión era la que le pinchaba en el pecho y le impedía respirar. Un dolor que incluso le producía mareos. Era una fisura de costilla, casi una rotura. Una costilla tocada es un dolor insoportable, cualquiera que lo haya sufrido puede dar fe de ello. Afecta, efectivamente, a la respiración, al movimiento en general, a mínimos gestos. Es una dolencia incapacitante en buena medida que obliga a un reposo casi impepinable.

Al límite con un dolor insoportable

Simplemente levantarse de una silla puede ser un ejercicio de alto riesgo; tumbarse un grito, toser o estornudar un alarido. Nadal jugó la final de un torneo Masters 1000 devolviendo saques de 200 kilómetros por hora y moviéndose sobre el cemento, la superficie menos amable del tenis, en giros y paradas bruscas buscando tiros a más de 120 o 150 kilómetros por hora en todas las posiciones posibles. Estirando los brazos y con ello la caja torácica en los saltos hacia arriba, extendiendo y retorciendo el cuerpo, contorsionándolo, llevándolo a los límites durante horas.

El revés era un drama en el que, cuando lo soltaba, uno casi podía oír, ahora que conoce la lesión, el crujido de la costilla

En y con esas condiciones extremas Nadal pudo ganar. En la muerte súbita del segundo set tuvo contra las cuerdas al joven Fritz, y solo los fallos impropios del español, producidos por el dolor insoportable, le impidieron culminar una gesta, ya se dijo aquí, a lo Blas de Lezo. Cómo pudo Nadal jugar y tener opciones de ganar en Indian Wells con casi una costilla rota tiene su explicación en que es un hombre acostumbrado a superar, a vencer, como los torneos, a las penurias físicas que le han perseguido desde los inicios de su carrera.

Rafael Nadal celebra un punto durante la final de Indian Wells

Rafael Nadal celebra un punto durante la final de Indian WellsAFP

Nadal siempre ha adaptado su tenis a su condición. El domingo en el desierto californiano lo volvió a hacer, se pudo ver con claridad, de un modo emocionante, como el tenista español luchaba completamente mermado. Era cómo verle jugar cojo, o manco, o tuerto. El revés era un drama en el que, cuando lo soltaba, uno casi podía oír, ahora que conoce la lesión, el crujido de la costilla, mientras él seguía corriendo, golpeando. Pidiendo al fisio en los descansos, que lo trataba entre ostensibles gestos de dolor.

Héroe de la antigüedad

Nadal es lo más parecido a un héroe de la antigüedad que tiene esta modernidad. la modernidad de la que hablaba George Orwell en 1984: los nuevos tiempos, la nueva moralidad, la manipulación, las neolenguas, los neoprincipios sobre los que Rafael Nadal se encastilla con su espíritu.

«El guardia se reía de sus contorsiones. Por lo menos ya sabía una cosa, jamás, por ninguna razón del mundo, puede uno desear un aumento de dolor. Del dolor físico sólo se puede desear una cosa: que cese. Nada en el mundo es tan malo como el dolor físico. Ante eso no hay héroes». Pero Orwell se equivocaba, porque sí hay uno: Rafael Nadal.

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