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Carlos Alcaraz posa en el suelo de la Rod Laver con el trofeo de campeón del Open de Australia

Carlos Alcaraz posa en el suelo de la Rod Laver con el trofeo de campeón del Open de AustraliaEFE

Los peligros que tiene la misión de «no dejar nada a nadie» que se ha propuesto Alcaraz

Allá por mediados de diciembre, cuando empezó a preparar la nueva temporada, Carlos Alcaraz no se cansó de repetir que su primer objetivo del 2026 era triunfar en el Open de Australia, el único major que le faltaba por conseguir y que quería ganar para convertirse en el tenista más joven en lograr el Career Grand Slam.

El murciano tenía muy claro qué tenía que hacer para tachar ese objetivo de su lista de deseos y, con el tiempo, ha quedado demostrado que la ruptura con Juan Carlos Ferrero (dentro de lo esperado) no le afectó demasiado. El número uno del mundo tuvo claro que Samu López le iba a aportar lo necesario como para triunfar en las Antípodas. Y, lo cierto, es que razón no lo faltó al español.

Con el título de campeón del Open de Australia bajo el brazo, el de El Palmar tardó relativamente poco en reconocer que quería seguir ganando y dejó una frase contundente que refleja a la perfección su carácter competitivo y el hambre insaciable que tiene.

«Con el paso de los días hemos sabido afrontarlo todo y acabamos jugando un gran tenis, levantando el título. Es un sueño hecho realidad. Y ahora que tengo este... ya estoy pensando en Roland Garros. Aquí ya no quiero dejar nada a nadie, o al menos intentaré no dejarlo», comentó el número uno del mundo.

Ese «no quiero dejar nada a nadie» retumbó con fuerza en las paredes de la sala de prensa de la Rod Laver Arena. No es para menos. Nadie duda de la capacidad ganadora del tenista murciano, pero de aquí a que llegue Roland Garros, que se disputará del 18 de mayo al 7 de junio, no son pocos los puntos que tiene que defender con éxito el murciano si quiere seguir sumando semanas como número uno del mundo.

5.000 son los puntos que está obligado a no perder Alcaraz si quiere mantenerse en lo más alto y evitar que sea Sinner el que recupere el cetro del tenis mundial. Esto fuerza al murciano a tener que ganar prácticamente todo porque su margen de error, en este sentido, es mínimo.

La temporada pasada–antes de aterrizar en Roland Garros–, Alcaraz ganó el ATP 500 de Róterdam, llegó a los cuartos de final del ATP 500 de Doha (donde perdió frente al checo Jiri Lehecka), se quedó en semifinales del Masters 1000 de Indian Wells, cayó a las primeras de cambio en el Masters 1000 de Miami (torneo en el que tocó fondo) y levantó los títulos de Montecarlo y Roma.

Por lo tanto, Alcaraz no puede (ni debe) dejarse puntos si quiere llegar a París, el lugar en el que ya ha triunfado dos veces, como cabeza de serie número uno, lo que le garantizaría, a priori, una hoja de ruta más sencilla en el complejo ubicado en el Bois de Boulogne de la capital gala.

El tenista de El Palmar es plenamente consciente de lo que tiene que hacer y tratará de rendir al máximo para perder los menos puntos posibles. El sistema de la ATP es el que es y si caes eliminado antes de tiempo lo acabas pagando, cosa que le pasará el lunes 17 de febrero, cuando aparecerá con 500 puntos menos en su casillero–los que perderá por no jugar Róterdam, torneo al que ha renunciado por el gran esfuerzo hecho en Melbourne–.

Así las cosas, el número uno del mundo reaparecerá en el ATP 500 de Doha, donde defiende 100 puntos, y su objetivo es llegar en la mejor forma posible a Indian Wells y Miami, los dos primeros Masters 1000 de año y en los que debe de mantener los 435 puntos que sumó la temporada pasada tanto en California como en el estado de Florida.

Y después de la primera gira estadounidense, Alcaraz deberá conservar los 2.330 puntos que consiguió por haber ganado Montecarlo y Roma y llegado a la final del Conde de Godó. El único torneo en el que podrá sumar es en Madrid, donde no compitió el año pasado por lesión.

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