Serena Williams celebra un punto en su partido ante Maya Joint en Wimbledon
El día en el que la Catedral del tenis se volvió a rendir a Serena Williams cuatro años después de su retiro
La estadounidense protagonizó una batalla sin cesar de más de dos horas y, pese a llevar cuatro años retirada, demostró que seguía teniendo esa magia que mostró en su tiempo en la élite
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No era un día cualquiera en Wimbledon. No siempre se tenía la oportunidad de volver a ver a una jugadora que cuenta con 24 Grand Slams y había ganado siete veces en el All England Club. Después de cuatro años de ausencia, Serena Williams volvió, y aunque no ganó, demostró la leyenda que fue.
Una batalla sin cesar de dos horas y 25 minutos que dejó puntos inverosímiles. A sus 44 años, la estadounidense luchó, corrió y se dejó la piel en cada punto. No fue suficiente. No consiguió la victoria, pero se ganó el respeto de toda la Centre Court de Wimbledon, que la despidió con honores. Como se merecía una deportista de gran calibre y que significó tanto para el deporte de la raqueta.
Desde el principio de la tarde todo fue muy emotivo. Sobre las 19:30, hora londinense, la pista central del prestigioso torneo británico estalló de júbilo cuando vio entrar a la estadounidense por detrás de su rival, la australiana Maya Joint, que, cuando nació, la de Compton ya había ganado dos veces en Wimbledon. Y como indica la normativa del torneo, las jugadoras salieron vestidas de blanco y proyectando la grandeza que caracteriza al major británico desde sus inicios.
Con cara de concentración y con unos cascos rosas, Serena cruzó la pista en dirección hacia su banquillo. Los presentes, entre los que se incluía su familia, no dejó de aplaudir en ningún momento porque eran perfectamente conscientes de que iban a vivir algo histórico. Y viéndolo en perspectiva, estaban en lo cierto. Poca gente puede decir que han visto en directo el que, a priori, iba a ser el último partido de Serena en el distrito SW19 de Londres.
Desde el comienzo del encuentro, la exnúmero uno del mundo fue llevada en volandas por la grada. Celebraron cada punto, lamentaron cada fallo de la estadounidense y se resignaron por cada bola que salía desviada por milímetros, tanto en el pasillo como por la línea de fondo.
Serena Williams se despide de la central de Wimbledon tras caer derrotada ante Maya Joint
Eso sí, los allí presentes siempre mostraron respeto por la jugadora australiana. A pesar de la magnitud del encuentro, Joint estuvo a la altura de las expectativas, honró la figura de su rival y, en líneas generales, fue superior sobre la hierba.
Los puntos se sucedieron y se vieron destellos de la Serena del pasado que enamoró durante tantos años a los aficionados. Sus saques y derechas potentes y su tradicional revés a dos manos seguían siendo reconocibles, aunque no eran tan eficaces como antaño.
Aun así, Serena tuvo sus oportunidades. Con 2-2 y 15-40 al resto, la gente comenzó a creerse que una victoria era posible, aunque Joint, a base de buenos saques, neutralizó cualquier oportunidad y supo aprovechar su momento.
En el tramo decisivo de la manga, la australiana consiguió ese 'break' deseado. Esa ventaja fue decisiva para llevarse la primera manga, pero todavía quedaba batalla. Sin embargo, el segundo fue otra historia. Con la rotura de saque en el juego inaugural de la joven australiana, todos lo daban por perdido. Pero Serena es Serena. Igual que lo ha sido siempre
El momento demandaba orgullo y carácter. Y así fue. La estadounidense se agarró a la pista y encajó cada golpe que recibió sin titubear. Recuperó la ventaja, y tras ceder de nuevo el saque, volvió a recuperarla. La gente aplaudió incansablemente y la temperatura ambiente de la central, cerrada para la ocasión, subió. La gente soñó con un tercer set y lo consiguió.
En la muerte súbita, Serena mostró su mejor versión al saque, e incluso llegó a ir por delante 5-4. Tras salvar una bola de partido, consiguió forzar el set definitivo. Los presentes perdieron la voz animando y vieron como la de Compton se acercó a la victoria con el 'break' del tercer juego. Fue todo un espejismo. Joint puso la directa y encadenó cuatro juegos consecutivos que lo hicieron insalvable.
Serena perdió, pero lo hizo con honores. Fue despedida como lo que es, como una leyenda. La ovación fue atronadora y Serena se puso la mano en el corazón en símbolo de agradecimiento.