28 de octubre de 2021

Entrada de Evergrande en Shanghai.

Entrada de Evergrande en ShanghaiEFE/EPA/ALEX PLAVEVSKI

Entrevista

«Evergrande no será una bomba atómica»

Hablamos con Pedro Nueno, profesor del IESE y experto en el mercado chino 

Pedro Nueno es un profesor del IESE que hace veintisiete años inició una escuela de negocios en China. Su buen hacer allí y su prestigio hicieron que fuera uno de los veinte expertos extranjeros que se vio con Xi Jinping cuando fue nombrado presidente de China en el año 2013. Al concluir el encuentro con todos, el mandatario asiático le pidió que se quedara un rato con él. Quería preguntarle qué ideas veía interesantes para el futuro del país que empezaba a gobernar: «Le hablé de la necesidad de reducir la pobreza porque debía ser así y para que además no tuviera manifestaciones y líos; de mejorar el acceso a la educación, que es algo muy valorado en el país, y la sanidad, pues a veces se cometían abusos innecesarios, como por ejemplo recomendar una cirugía que no hacía falta pero se efectuaba porque había alguien que se llevaba una comisión. Él tenía previsto todo con números y lo ha hecho», señala Nueno.
El profesor cree que Xi Jinping está trabajando muy bien, y recalca que en los veintisiete años que su escuela de negocios lleva allí el Gobierno nunca le ha impuesto ni le ha impedido hacer nada.
La experiencia de Nueno en China le convierte en un analista privilegiado de lo que está ocurriendo con Evergrande, la inmobiliaria cuyo negocio supone un 2 % del PIB chino y que está al borde del colapso. El profesor estima que les ha ocurrido algo que también ha sucedido en otros países; por ejemplo, en España: «Vieron que iban creciendo, que podían ser los primeros de su sector, que el negocio inmobiliario aguantaba… Y llegó el frenazo del Covid, que no se esperaban. Fueron endeudándose y creciendo, probablemente con una gestión no muy buena. Se habían autoengañado».
¿Y ahora qué? «Les tocará pagar intereses y devolver la deuda. Se conseguirá algún tipo de renegociación para evitar la crisis, se tratará de recuperar parte de la deuda de una manera razonable… Probablemente parte de ella esté en algún banco público. El Gobierno buscará el modo de que no se produzca un cataclismo total».
La inyección de dinero o la renegociación de la deuda será la solución. Si esa noticia se confirma y salta a la prensa, la empresa podrá seguir en marcha. «La economía china sigue funcionando. El sector inmobiliario no es lo que era. Ha pasado lo que ocurrió en muchos países. En China el crecimiento económico se daba sobre todo en Pekín, Shangai y Shenzhen. Crecían horrores y creaban muchos puestos de trabajo. Venía mucha gente de zonas pobres y necesitaban vivir en algún sitio. Quienes ya vivían allí y les iba bien, pasaban a vivir en casa mejores. Es lo mismo que ha pasado en Madrid, Barcelona, París…».
El problema es que el colapso de Evergrande es importante, y si quiebra, habrá que ver cómo afecta a lo que tiene alrededor. «El Gobierno chino está obsesionado con que las cosas se hagan bien y que nadie se quede más dinero de la cuenta. Tratan de ir regulando. Alibaba y otras empresas no han pagado probablemente todos los impuestos que tendrían que haber pagado. El Gobierno no quiere hipermillonarios que no cumplan con el 100 % de las regulaciones que el Gobierno quiere que cumplan».
El objetivo de Xi Jinping de eliminar la pobreza se veía realizable mientras el PIB del país crecía al 8-9 %. «El crecimiento estaba muy mal repartido. Pekín, Shanghai y Shenzhen crecían increíblemente porque allí iban la industria, la banca, las consultoras… Podían crecer al 15-20 %, pero las zonas pobres no crecían nada. Xi Jinping quería que el crecimiento estuviera más repartido y que, si una empresa de coches se planteaba poner una fábrica, la pusiera en estas zonas más pobres, de forma que mejoraran y pudieran comprarse una casa mejor».
Xi Jinping tenía escrito el número de personas que prevé que salgan de la pobreza cada año. Requiere tener fondos en el sector público y para lograrlo hay que pagar impuestos. Nueno no ve extraño que China evolucione de este modo porque ya se ha visto en España, por ejemplo: «En la época de Franco había muchos que no pagaban impuestos, pero luego hubo otros que dieron dinero al Gobierno. La democracia la pagaron los empresarios. Los sindicatos tuvieron unos edificios fantásticos que pagaron los empresarios porque iban a venir de todas formas y era mejor recibirlos bien».
Con Evergrande, Nueno tiene claro que «no van a dejar que explote teniendo un impacto brutal a nivel nacional e internacional. Se puede renegociar, retrasar el pago de intereses…». El profesor no tiene ninguna duda de que el país está contento con Xi Jinping: «Vivimos en la era de la comunicación. Si la gente no estuviera satisfecha, habría mensajes para ir a Tiananmen. Si van diez millones, a ver quién los frena. Hay una paz relativa. Los que hacen trampas y son descubiertos, van a la cárcel. Si son funcionarios públicos, también. A la gente le da la impresión de que se está trabajando razonablemente bien. Cada vez hay normas más exigentes que las empresas y los ciudadanos tratan de cumplir».
En medio de todo ello, pueden surgir supuestos empresarios sin formación que cometan errores y piensen que el sector inmobiliario es un chollo. Ocurrió en España y ha pasado en China con Evergrande: «Pero el Gobierno va a tratar de impedir que esto sea una bomba atómica», dice Nueno.
Mientras el problema se resuelve, también en China están detectando inconvenientes como los relacionados con las cadenas de suministro: «Es interesante que la gente descubra que el coste de la mano de obra no es el coste total. Algunos ya lo han descubierto. El coste de fabricar en China es muy barato, pero si luego hay que traer el producto, la fecha de llegada no está clara… Si estás en el sector del automóvil, Gestamp tiene 111 plantas en el mundo, once en China. Si Volkswagen tiene una planta en un lugar del mundo, casi seguro que Gestamp pondrá una planta suya delante. Esto ahorra logística, asegura servicio, ahorra stocks, y en conjunto hace que el coste del producto no sea tan relevante porque el coste total es mas reducido. Se va descubriendo que si tienes una fábrica pero quieres un componente de China, has de contar con el puerto, el barco… Todo eso es tiempo que tienes que financiar. Se ha descubierto que el coste de la mano de obra no es lo más relevante».
Si bien es verdad que la cadena de suministro puede resentirse tras el coronavirus, también lo es que la compra de materias primas crece por parte de China. «Tenemos una filial de la escuela de negocios de China en Ghana y allí los chinos están trabajando con materias primas: extraen, limpian, transforman y envían a China. También están muy presentes en Costa de Marfil y Nigeria», indica Nueno.
Además de en estos terrenos, los chinos parecen estar mejorando en la que muchos consideran su asignatura pendiente: los derechos humanos. «Van mejorando y pareciéndose más al entorno internacional en el trato de los trabajadores. En muchas empresas chinas hay directivos europeos. En nuestra escuela hemos estado diez años dando un programa a presidentes de empresas chinas con estancias en Shanghai, el IESE de Barcelona y Harvard. Han pasado por él 400 presidentes. Han visto los cuidados humanitarios en empresas españolas o americanas y los han ido incorporando. Es verdad que puede haber fábricas en zonas rurales donde antes se vivía horriblemente y ahora trabajan muchas horas, pero lo hacen con la misma satisfacción con la que se hacía aquí cuando el país estaba remontando, porque su situación anterior era mucho peor».