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El ex presidente del Círculo de Empresarios John de Zulueta ha escrito La España fallida.

El expresidente del Círculo de Empresarios John de Zulueta ha escrito 'La España fallida'

John de Zulueta: «No puedes tener dirigiendo Correos a una persona que no ha gestionado nada pero es amigo de Sánchez»

El expresidente del Círculo de Empresarios lamenta la falta de protagonismo de las élites y la sociedad civil en la marcha de la economía española

Tras iniciar su carrera profesional en Estados Unidos, John de Zulueta (Cambridge, Massachusetts, 1947) desembarcó en Barcelona en 1981 para ser el presidente-director general de PepsiCo (Matutano). Después fue presidente de Cadbury en Madrid, consejero delegado y luego presidente de Sanitas entre 1991 y 2009 y presidente no ejecutivo de USP Hospitales desde 2010. Entre 2018 y 2021 ha sido presidente del Círculo de Empresarios. Con su experiencia acumulada ha escrito el libro España Fallida: Cómo el fracaso de las élites nos ha convertido en un país irrelevante, un análisis interesante de nuestro país en el que clama por una mayor presencia de mujeres y hombres de Estado y una sociedad civil fuerte y exigente con el poder.

–¿Por qué habla de una España fallida?

–El Ibex llegó a su máximo de 16.000 puntos en noviembre de 2007, y últimamente anda sobre los 9.500. En ese aspecto es fallida. Nuestra crisis de 2008 no tuvo nada que ver con los bonos basura que colapsaron Estados Unidos y parte de Europa. Estuvo relacionada con el boom del ladrillo, que duró hasta finales de 2007-2008, y se notó sobre todo en las cajas de ahorro. Estaban controladas por políticos que no sabían nada de gestión. La burbuja se fue arrastrando, y el Ibex está más o menos en un 55 % de donde estaba en 2007. Luego Rajoy intentó cuadrar las cuentas. Luis de Guindos limpió las cajas, y Europa nos rescató con un préstamo de 100.000 millones para ayudar a frenar el descalabro de las cajas. El paro empezó a bajar, la situación comenzaba a normalizarse y entonces llegó la pandemia. La economía que más cayó fue la española, y ahora estamos viendo un rebote. España tiene la triste cifra del mayor número de muertos en el sector sanitario. Fue un desastre total.

–¿Falló la gestión del Gobierno?

–Supuestamente había un comité de expertos. He pasado muchos años en el sector sanitario en España. Investigué si conocía a alguien y llegué a la conclusión de que no había ningún comité de expertos. Lo había en países serios como Suiza. Cuando viene una pandemia, lo ideal es tener un sistema centralizado, pero aquí teníamos 17 sistemas. Alberto Núñez Feijóo fue el último que gestionó el Insalud cuando la sanidad estaba centralizada. En la pandemia el Ministerio de Sanidad solo compraba para Ceuta y Melilla. No tenía experiencia en la compra de material a China cuando todos los países querían comprar material allí. Conocí a un español que estaba en China y tenía un avión listo para enviar el material a España, pero el Ministerio debía enviar un adelanto y no lo hizo. El avión se fue a Brasil.

–Aunque vino de fuera, usted acumula mucha experiencia en el mundo empresarial español. En su libro dedica un capítulo a las puertas giratorias.

–En España hay circuitos muy pequeños y cerrados. Los abogados del Estado tienen mucho poder en muchos centros económicos. Cuando Rato empezó a privatizar, surgieron muchos agentes de cambio y bolsa: César Alierta, Manuel Pizarro… Hay un núcleo muy pequeño controlando empresas muy grandes. En el libro menciono el escándalo de Indra. Con solo un 26 % de las acciones, el Gobierno echa a todos los independientes, pone a su gente y hace los cambios. El Gobierno entra en empresas que no son estatales, donde su porcentaje de acciones está muy por debajo del 50 %, pero lo controla todo. Luego se nota en la economía. No puedes tener dirigiendo Correos a una persona que no ha gestionado nada nunca pero es amigo de Sánchez. Ahí están sus pérdidas, que ha maquillado un poco vendiendo edificios.

–En su libro habla también del sanchismo. ¿Qué le critica?

–Su gran problema ha sido el gasto desmesurado en un tiempo en el que se han relajado las reglas de control de gasto europeas por la pandemia. Con el Covid, primero retuvieron a la gente en casa en contra de lo que dice la Constitución, y luego aprovecharon el control absoluto del Estado en una situación de emergencia. Después se aprobaron los fondos europeos, algo que es bueno, pero ha habido una falta de control. Moncloa ha querido controlarlo todo. Yo estaba en el Círculo de Empresarios en ese momento. Muchas empresas nos llamaban para preguntar cómo podían conseguir una ayuda, pero nadie lo tenía claro y se fueron a pique. Investigando un poco me enteré de que las empresas decían que lo único que funcionaba para obtener los fondos era hablar con Pepiño Blanco y su consultora Acento, en la que hay ex políticos de diversos partidos. Otras empresas veían el papeleo, los controles, los hitos, y desistían. Luego el Gobierno ha recibido tanto dinero de golpe que no sabe dónde meterlo: ha dado un poco a cada autonomía, y que repartan. Todo esto contrasta con Italia, en donde pusieron al ex presidente de Vodafone (Vittorio Colao) al frente de una comisión independiente, y el destino del dinero ha sido mucho más rápido y claro. Aparte de los fondos, este Gobierno tiene veintidós ministerios, que son muchos, y muchísimo gasto, en muchos casos con poco control. También mucho gasto ideológico, como el de las baterías para coches eléctricos. El Perte más importante y urgente era el del vehículo eléctrico. España es el segundo productor de automóviles en Europa. Es una de las pocas industrias importantes y con futuro que tenemos. Sánchez pensó que podía ponerse una fábrica enorme en Martorell, hasta que vino Europa y dijo que el dinero no se asigna a dedo, sino después de ofrecerlo a varios candidatos y estudiar cuál es el mejor.

–La caída en la calidad de las instituciones y la seguridad jurídica son otros lastres de España, dice en su libro.

–Los países prosperan por la calidad de las instituciones, y The Economist ha bajado a España de democracia plena a democracia. En cuanto a la seguridad jurídica, Obama visitó España cuando estaba Zapatero por ser un país ejemplar en la energía eólica y en el Ave. Cambiamos las reglas del juego en cuanto a los subsidios y España es hoy el país con más litigios por esta cuestión. También se ha hablado de seguridad jurídica por la marcha de Ferrovial a los Países Bajos. Calviño, que ha estado años en Bruselas y sabe que las empresas pueden moverse libremente, ha intentado frenar el movimiento.

–La educación y Cataluña son otras dos cuestiones en las que profundiza en su libro.

–Los empresarios han destacado la educación como el problema más importante que tenemos en todas las encuestas que realizamos en el Círculo de Empresarios. El gran problema es que no estamos preparando a las personas para los puestos de trabajo que están vacantes. En este momento hay unos 170.000 puestos de trabajo sin ocupar y una tasa de desempleo juvenil del 28,9 %, la más alta de Europa. Es sangrante. Todavía estamos enseñando a los jóvenes para ganchillo cuando tendrían que ser programadores informáticos.

–¿Y Cataluña?

–Llegué allí en 1981, el año antes de aparecer Pujol. Viví los primeros años del pujolismo. Estuve muy cerca de Manuel Valls cuando fue a Barcelona para intentar ser alcalde, pero claro, un hombre emigrante, paracaidista en Barcelona, no funciona, porque la gente de Barcelona piensa: este ex primer ministro de Francia, ¿qué pinta en mi barrio? Era imposible, pero vi que, cuando hablaba de Cataluña, tenía toda la razón. Decía sobre lo que está pasando: mirad, la culpa es de la burguesía y de los empresarios, que han aguantado veintitrés años de pujolismo sin decir nada de la corrupción. En mis cinco años allí ya se veía que había corrupción en el gobierno de Jordi Pujol, y era un tipo muy simpático. No parecía un político normal. Tenía la cabeza muy bien amueblada, hablaba muchos idiomas, pero tenía su programa lingüístico y su programa de ir poco a poco hacia la independencia. Ha sido nefasto para el país, porque estamos hablando de un 19 % del PIB español. Hace unos días hablaba con un abogado que había estado allí con líderes empresariales y le decían que sí, que había que estar con la Constitución, pero hay una parte emocional que sigue mirando a la independencia. Ese discurso ha dañado muchísimo a la economía española. El organismo médico que tenía que trasladarse de Londres cuando llegó el Brexit miró primero a Barcelona. La Torre Agbar estaba vacía para incluir a los 220 que iban a venir del Centro de Medicina Europea, pero vieron la revolución del 1 de octubre y todos los eventos del independentismo y se fueron corriendo a Ámsterdam.

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