Rara vez España ha tenido una tasa de paro por debajo del 8 %
¿Puede España reducir el paro por debajo del 8 %?
El 40 % de los desempleados lleva más de un año buscando trabajo
España sigue teniendo la mayor tasa de paro de la UE, nada nuevo bajo el sol. Bruselas ha publicado las cifras de desempleo del mes de junio en la Unión, que sigue enquistado en el 5,9 % por tercer consecutivo. En nuestro país la cosa mejora levemente, dos décimas, impulsado principalmente por el auge del turismo, que apunta a máximos históricos. Pero la sensación es que el paro estructural es preocupantemente alto y no tiene visos de mejora.
El paro estructural se define como el provocado por las modificaciones en la estructura económica de un sector de producción. No es que falte demanda, sino que los trabajadores no se han adaptado todavía a los cambios tecnológicos o de consumidor. Se trata de un desempleo a largo plazo que requiere de medidas eficientes para hacerle frente.
Por otro lado está el concepto de pleno empleo que, según explica el SEPE, se trata de una situación de completa utilización de los recursos productivos de una economía. «Ante la dificultad de alcanzar este objetivo, se suele definir el pleno empleo de manera que incluya un pequeño porcentaje de paro, generalmente hasta el 4 % de la población activa», apunta el Ministerio.
En Europa, solo nueve países han alcanzado ese porcentaje mientras que España sigue manteniendo el primer puesto y uno de cada cinco desempleados en el continente vive en nuestro país.
Hace unas semanas, en plena carrera electoral, Pedro Sánchez prometió el pleno empleo en esta legislatura reduciendo la tasa de paro estructural hasta el 8 % y la juvenil –ahora en el 27,4%– y de larga duración –el 40 % del total de parados– a la mitad de los niveles actuales. ¿A qué se debe este ambicioso objetivo? Se trata de la tasa más baja alcanzada en nuestro país; concretamente fue del 7,9 % en mayo de 2007, poco antes de que la crisis financiera dejara a un cuarto de los trabajadores en la calle.
Son muchas las causas que subyacen en el caso del paro estructural español. La principal, y más afectada, está relacionado con el abandono educativo temprano, como se conoce ahora al fracaso escolar. En este aspecto también somos líderes (13,9 %), solo superados por Rumanía (15,6 %), que tiene una tasa de desempleo del 5,4 %. Para reducir estas cifras, el Gobierno se sacó un Plan de Acción de 44 propuestas que incluían, entre otras cosas, incluir competencias socioemocionales entre los criterios de admisión del profesorado, fomentar la inclusión y la equidad en las aulas o reducir la repetición de curso.
Otra de las estrategias que los expertos señalan que puede funcionar es la llamada mochila austríaca, un sistema por el cual la empresa aporta cierta cantidad a un fondo de capitalización de los trabajadores. El propio Feijóo lo ha propuesto si llega a Moncloa y no está mal visto entre el PSOE, pero la radicalidad de los socios de Sánchez hace imposible su introducción en nuestro país.
La losa del paro de larga duración
Otro de los lastres para reducir el paro estructural son los parados de larga duración. En el segundo trimestre de 2007, cuando alcanzamos las mejores cifras de desempleo, el porcentaje de desempleados que llevaban entre un año y dos buscando trabajo era del 11,72 %, y del 12,92 % en el caso de los más de dos. Actualmente esa tasa está en el 12,86 % y 27,51 % respectivamente.
En total, el 40 % de los parados lleva, por lo menos, más de un año buscando empleo y estas cifras se ceban especialmente cuanto más mayores son los grupos de edad y en mujeres. Yolanda Díaz propuso reformar el Estatuto de los Trabajadores para introducir una indemnización «reparativa o restaurativa», en función de las circunstancias personales de los trabajadores, para evitar que las empresas se aprovechen de los despidos colectivos para quitarse de encima a los trabajadores que más tiempo llevan y, por tanto, son más caros. No obstante, tanto Calviño como Bruselas mostraron sus dudas sobre el asunto y desde hace meses no se ha vuelto a saber nada del tema.