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Edificios del Kremlin en Moscú

Edificios del Kremlin en MoscúAFP

Los «esteroides fiscales» empiezan a pasar factura a la economía rusa

Rusia ha logrado adaptarse a las sanciones occidentales mediante métodos poco convencionales, como el uso de terceros países o la creación de una ‘flota fantasma’ de petroleros

Tras tres años de ajustes fiscales, fluctuaciones del rublo, evasión de sanciones y una economía cada vez más militarizada, Rusia espera el fin del conflicto con Ucrania, una guerra que ha marcado un antes y un después para su economía.

Según Alexandra Prokopenko, analista del Centro Carnegie para Rusia y Eurasia, «la economía rusa ha funcionado como un maratonista bajo esteroides fiscales, pero ahora esos esteroides están pasando factura». A pesar de los optimistas reportes de Putin, quien en diciembre aseguró que el PIB del país creció un 4,1 % en 2024, la realidad económica es mucho más compleja. «El crecimiento se está ralentizando, los sectores clave se están enfriando y los argumentos de Putin sobre una economía ‘invulnerable’ se están desmoronando», aseguró Prokopenko.

Rusia ha logrado adaptarse a las sanciones occidentales mediante métodos poco convencionales, como el uso de terceros países o la creación de una ‘flota fantasma’ de petroleros. Sin embargo, Prokopenko advierte que lo que más teme el Kremlin son las sanciones secundarias a empresas chinas y turcas que colaboran en el comercio de productos clave para la máquina de guerra rusa.

«La constante variación del régimen de sanciones obliga a los empresarios y reguladores rusos a una adaptación constante», señaló la analista.

La transición hacia una economía militarizada es patente, con el gasto en defensa representando el 40 % del presupuesto estatal en 2025. Según Prokopenko, si este año no se incrementa el gasto, la economía podría estabilizarse, pero la tendencia es clara: «Ahora vivimos en una economía de mando, no de mercado», donde las empresas estatales dictan las reglas a las privadas.

El control de la inflación ha sido una de las principales preocupaciones del Banco Central ruso, que en 2022 enfrentó una tasa de inflación récord del 17,83 %. Aunque actualmente la inflación oficial se sitúa en un 9,9 %, algunos informes señalan que la inflación real podría estar entre el 20% y el 40%.

Elvira Nabiúlina, presidenta del Banco Central, ha sido criticada por su política monetaria, que ha frenado la inversión en un intento por reducir la inflación. Igor Lipsits, exprofesor de la Escuela Superior de Economía de Rusia, destaca que «Rusia gasta más de lo que ingresa», lo que alimenta el déficit y contribuye a la inflación. El mantenimiento de tipos de interés elevados, combinado con políticas monetarias artificiales, está llevando a un creciente número de quiebras.

El proceso de nacionalización

Uno de los cambios más significativos en la economía rusa es el aumento de la expropiación de activos privados, un proceso que ha sido calificado por Serguéi Aleksashenko, exvicepresidente del Banco Central, como «sistemático». En 2023, más de un centenar de casos de expropiación fueron registrados, y el objetivo parece ser el control de los canales financieros. Este proceso está promovido por los llamados silovikí (altos mandos de las fuerzas de seguridad y el Ejército), quienes redistribuyen los activos entre individuos cercanos al poder, creando un sistema de «licencia para robar».

Prokopenko subraya que este proceso de expropiación está basado en razones ambiguas, como la acusación de ser «agente extranjero» o «terrorista», lo que permite al Estado despojar a individuos o empresas de sus bienes sin apenas justificación. En este contexto, la economía rusa, atrapada entre las sanciones y un creciente control estatal, enfrenta un panorama cada vez más incierto.

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