Logo de Lidl en una tienda.
Lidl abrirá su primer pub para poder vender alcohol: el insólito desafío legal al que se enfrenta en Irlanda
La Justicia avala esta solución que permitirá al gigante alemán operar en Belfast este mismo verano
Irlanda del Norte mantiene hoy uno de las legislaciones más restrictivas de Europa en lo que respecta a la venta de bebidas alcohólicas. Para sortear las trabas administrativas, Lidl ha decidido anunciar la construcción de su primer pub, que estará situado en la localidad de Dundonald, al este de Belfast.
El origen de este singular proyecto se remonta a la imposibilidad de Lidl para obtener una licencia de venta al público en su supermercado. En el Ulster, la ley exige superar el denominado «test de inadecuación», un mecanismo por el cual una empresa debe demostrar ante un tribunal que la oferta de alcohol existente en una zona específica es insuficiente para cubrir la demanda. Al no poder acreditar esta carencia en el sector de la gran distribución, Lidl optó por una vía alternativa y solicitó una licencia de pub, la cual lleva aparejado el derecho de operar una sección anexa de venta para consumo externo.
Esta maniobra, no obstante, fue denunciada por cadenas rivales y negocios locales, que elevaron el caso hasta el Tribunal Superior argumentando que Lidl estaba utilizando un «resquicio legal ilícito» para operar un despacho de bebidas bajo la apariencia de una taberna. Sin embargo, el pasado mes de enero, el juez Justice Colton desestimó las impugnaciones de la competencia, sentenciando que la ley no debe ser un obstáculo para la innovación empresarial. Según el magistrado, el hecho de que una solicitud sea «novedosa» no constituye, bajo ningún concepto, una razón jurídica para su denegación.
El nuevo establecimiento, cuya apertura está prevista para este verano, contará con una superficie independiente adyacente al supermercado y capacidad para sesenta clientes. Según ha confirmado Gordon Cruikshanks, director regional de Lidl en Irlanda del Norte, el pub servirá una selección de productos de la propia marca –vinos, cervezas y licores–, además de promocionar a proveedores locales. Con esta infraestructura, la empresa garantiza a sus clientes la posibilidad de adquirir alcohol tras seis años de farragosos trámites burocráticos y litigios judiciales.
Este caso ha reabierto el debate sobre el «principio de renuncia», una norma que limita el número total de licencias en la región al exigir que, para abrir un nuevo punto de venta, otro negocio del sector debe cerrar y entregar su permiso. Aunque los expertos han recomendado de forma reiterada la reforma de este sistema para fomentar la competitividad y la modernización del comercio, el Ministerio de Comunidades de Irlanda del Norte rechazó recientemente tales cambios, blindando un sistema alguons expertos tildan de anacrónico.