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El Gobierno de Felipe González en 1991, antes de su primer consejo de ministros.

El Gobierno de Felipe González en 1991 en La Moncloa, antes de su primer consejo de ministros.EFE / Mondelo/jt

¿González mejor que Sánchez? Tamames recuerda que Felipe también fue un desastre en la economía

Las tendencias burocráticas y de derroche se evidenciaron a lo largo del periodo 1975-1995, en especial desde 1983, según el catedrático

El catedrático Ramón Tamames, conocido en España por haber sido diputado por el Partido Comunista en los tiempos de la Transición y después haberse acercado a Vox, recuerda en su libro La economía española 1975-1995 que la capacidad del PSOE para llevar al país a la ruina económica ya era muy elevada con Felipe González.

En este libro se exponen datos que dejan en evidencia la mala gestión de la economía por parte de su gobierno, que comenzó en el año 1982 y terminó en 1996 con la victoria de José María Aznar: el gasto total de las Administraciones Públicas casi se duplicó entre los años 1975 y 1994: del 24,9 % pasó al 48,4 % del PIB; el déficit de la economía española era del 0 % en 1975 y del 6,7 % en 1994; la deuda pública era del 12,9 % en el año 1975 y González la puso en el 63,5 % en 1994; la presión fiscal era del 21,6 % en 1975 y en 1994 ya la había elevado al 36,2 %: «14,6 puntos de PIB en veinte años. Toda una plusmarca de aceleración», señala Tamames en el libro.

La tremenda expansión del gasto «se debió, sobre todo, a una intensa elevación del consumo público», como hoy en día hace Sánchez. El catedrático señala que el gasto público entre 1975 y 1995 «pasó del 9,2 % al 17,5 % del PIB, incremento casi atribuible en su casi totalidad a la expansión de sueldos y salarios, con la desoladora particularidad de que la inversión pública solo experimentó un progreso mínimo, de apenas un punto de PIB (2,7 en 1975 y 3,8 en 1994)».

En definitiva, «lo que fundamentalmente se financió con el formidable recrecimiento del gasto fueron las transferencias por pensiones y por burocracias, con una dejación casi increíble de cualquier criterio de austeridad y de eficiencia, y de atención a muchos equipamientos en casi todas las facetas de la vida nacional». «Las tendencias burocráticas y de derroche se evidenciaron a lo largo del periodo 1975-1995, en especial desde 1983», señala Tamames en su libro.

El presidente del Gobierno, Felipe González, y el Ministro de Aconomía. Carlos Solchaga, pasean por los jardines del Palacio d el aMoncloa, poco antes de que diera comienzo la audiencia que el jefe del Ejecutivo concedió, esta mañana, a los asistentes a la VIII Conferencia de Ministros y Jefes de Planificación de América Latina y el Caribe, a la que también asistió Solchaga.

González pasea con el ministro de Economía Carlos Solchaga por los jardines del Palacio de La Moncloa.Efe / Barriopedro

Tamames incide en el papel creciente de las haciendas territoriales en el déficit y el endeudamiento en este periodo: «Han ido ascendiendo de algo menos del 10 % del PIB en términos de utilización de recursos a casi el 30 %, con un crecimiento acelerado en el caso de las comunidades autónomas y con una evolución preocupante de la deuda en el conjunto de las Administraciones territoriales y locales».

Pensiones: el problema que nadie quiere acometer

En este libro de tan interesante lectura por su conexión con la actualidad, Tamames remarca que el PSOE nunca ha hecho nada para resolver el problema de las pensiones. En 1995 se firmó el Pacto de Toledo entre todos los partidos del arco parlamentario con un resultado muy deficiente, de acuerdo con el análisis del catedrático. El Pacto incluyó catorce recomendaciones, que Tamames critica de modo esquemático en su libro: «La base cuantitativa para los análisis y previsiones a realizar resultó de todo punto insuficiente. No hubo referencia a los posibles ciclos de población, y menos aún a la eventualidad de ampliar sensiblemente las poblaciones activa y ocupada. Indica la escasa perspicacia de los pactantes toledanos de pensar a largo plazo sobre el verdadero fondo del problema».

La ponencia consideró «las transferencias del Estado como recursos propios de la Seguridad Social. Con ese criterio, la agudización del déficit público se haría aún más dramática». «En ninguna parte del informe se reconoció la necesidad que un servicio público tiene de generar fondos suficientes para su mantenimiento. O de cambiar el sistema, si tal cosa no se consigue, propiciando mecanismos paralelos de ahorro obligatorio o voluntario». «No se planteó seriamente la elevación de la edad de jubilación». «Tampoco se planteó la eliminación de las pensiones excesivas (próximas a 325.000 pesetas al mes en la época)» y «se echó de menos un criterio más razonable en cuanto a la aplicación del IPC, que no puede ser sistemática para todas las pensiones». «Lo que el tema de las pensiones nos pone de relieve es el hecho de que, a pesar de sus trece años de gobierno, el PSOE no entró en absoluto a plantearse las grandes soluciones en esta materia. Tampoco lo hizo en temas presupuestarios ni en otros muchos». Como se puede comprobar, la gestión económica nunca ha sido la principal virtud del PSOE, aunque claramente se ve que va a peor.

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