BBVA - Sabadell: Sánchez tira de populismo para fabricarse una coartada
Son las horas finales de una legislatura que oscila entre los apagones y los trenes parados. Entre complots de nadie y ciberataques imaginarios. Y entre un grave intervencionismo empresarial mientras enchufan a familiares y amigos
Un cartel en una entidad bancaria del BBVA en BIlbao en referencia a la posible fusión con Sabadell
El Gobierno quiere hacer una consulta para saber si acepta la opa del BBVA al Sabadell. Mejor dicho: ya la está haciendo durante siete días hábiles hasta el 16 de mayo. Pero en el fondo no quiere consultar nada: quiere prohibir la opa y fabricarse una coartada. Lo ha confirmado la propia ministra portavoz, Pilar Alegría, al decir que la consulta pública no solo no es vinculante, sino que servirá para «ciudadanos, entidades y asociaciones hagan aportaciones útiles para tomar una decisión con todas las garantías». ¡Que risa: garantías!
Y es que esto de las consultas públicas es una trampa para elefantes. Podría el Gobierno preguntar a los ciudadanos —es un decir— si quieren energía nuclear o no; o si quieren dedicar parte del presupuesto social al rearme o al desmantelamiento de la Red Eléctrica. Podrían preguntar al Cercle d'Economia —ya puestos— por su candidata favorita para llevar la corona de Miss Mundo; o también a la Academia Vasca de Gastronomía qué opina de que el hijo de Conde-Pumpido fiche por Telefónica. Por preguntar… Si además no son vinculantes…
En el caso de la opa, la pregunta del Gobierno ya está formulada: «¿Considera que existen criterios de interés general distintos de la defensa de la competencia que pueden verse afectados por la operación BBVA/Banco Sabadell? Ya le he dicho a la tía Paquita que debe incluir en su «aportación útil» nombre y DNI. Y ahí se me ha rajado: «Ya los di cuanto voté la Constitución en Bilbao y el interventor del PNV —que defendía la abstención— me miró mal». Y la comprendo. ¿Para qué querrán tantos datos en Moncloa?
Alegría, la ministra, se había afanado en argumentar que, «aunque este procedimiento no se había utilizado hasta ahora, es habitual en procesos normativos». Y recordó lo útil que es la página web del Ministerio de Economía. Pero ahí pincha en hueso. Lo último que votó Paquita fue por Rosa en Operación Triunfo y un par de veces en Eurovisión. Y lo hizo por teléfono. ¿Qué le costaba a Carlos Cuerpo contratar una línea en Telefónica ahora que tiene allí a Gonzalo Conde-Pumpido? O encargar a José Félix Tezanos una encuesta del CIS sustitutiva de la consulta. Pero no: no hay ningún interés en Pedro Sánchez en saber lo que opinan los ciudadanos. En ese caso hubieran consultado la amnistía y los indultos del procès, o incluso el aumento del gasto en Defensa.
Por eso pienso que esta consulta fantasma es otra cosa. Son las horas finales de una legislatura que oscila entre los apagones y los trenes parados. Entre complots de nadie y ciberataques imaginarios. Y entre un grave intervencionismo empresarial mientras enchufan a familiares y amigos. Diga lo que diga la CNMC (Comisión Nacional del Mercado de la Competencia) el Gobierno seguirá haciendo lo que quiera. Si los técnicos no importan, al menos, que no nos utilicen de coartada para sus desmanes.