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Análisis económicoJosé Ramón Riera

El gasto de la Administración Central se dispara un 19 % en solo un año

El estado de la Contabilidad Nacional es preocupante. No tiene sentido afirmar que se está gastando menos en bienes y servicios cuando los precios han subido

Los Presupuestos Generales del Estado de este año son, oficialmente, una prórroga de los aprobados en 2022 para el ejercicio 2023. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa versión ya que, en 2024, las cuentas de 2023 fueron modificadas al alza en 51.000 millones de euros.

Este Gobierno, plagado de mentirosos compulsivos, nunca ha tenido intención de cumplir con la Constitución y presentar unos nuevos PGE, aunque se los hubieran rechazado en el Congreso. Y no lo ha hecho porque, de haberlo intentado, habría quedado en evidencia su falta de interés con los objetivos de defensa y con los compromisos adquiridos con la OTAN.

Les resulta mucho más cómodo manejar el presupuesto a golpe de Consejo de Ministros, aprobando semana tras semana nuevos créditos extraordinarios que se convierten en definitivos en cuanto se publican en el BOE.

Así, ya llevamos acumulados 19.000 millones más en créditos aprobados respecto a los que estaban en vigor el 1 de enero de 2024, cuando se prorrogaron formalmente los presupuestos del ejercicio anterior.

Lo peor de todo esto es que nadie —ni siquiera ellos— sabe cuánto se va a gastar realmente en 2025. Solo lo sabremos cuando llegue diciembre y se aprueben las últimas modificaciones. Lo único cierto es que, mes a mes, gracias a los datos publicados en la web del Ministerio de Hacienda, podemos seguir la evolución de los créditos aprobados y del gasto ejecutado, reflejado en las obligaciones reconocidas.

No conozco otra forma de controlar al Gobierno ni de saber en qué y cómo se está gastando el dinero público.

Me preocupa profundamente que no exista ningún control real por parte del Parlamento, ni de los representantes legalmente elegidos por los ciudadanos. El único «control» lo ejerce un Ejecutivo envuelto en casos de corrupción, que ha demostrado que su presidente o bien no sabe elegir a su equipo —ya van tres altos cargos investigados por el Tribunal Supremo— o bien es él mismo el principal responsable de la trama.

Tengo mi opinión al respecto, pero hoy he decidido no compartirla para no condicionar la de ustedes. Lo que sí tengo claro es que, si nuestro presidente resulta ser un inútil en sus funciones de in eligendo e in vigilando, dejarle el dinero de los españoles es una auténtica temeridad, porque lo gastará como le venga en gana. Y si está implicado en la trama, una parte acabará desviada a paraísos fiscales, como ha sucedido con los dos últimos secretarios de Organización de su partido.

Sea como sea, resulta inaceptable que las finanzas del país estén hoy en manos de personas incapaces de gestionarlas con honestidad.

Estamos hablando de que, a cierre del mes de abril, los presupuestos aprobados ascienden a 400.501 millones de euros. Con estas cifras, que se «despisten» 501 millones es muy fácil... o no.

Hoy les mostraré los datos de los créditos definitivos aprobados en abril de 2024 frente a los de abril de 2025, así como las obligaciones reconocidas en el mismo período. Toda la información procede de la web del Ministerio de Hacienda, que se supone es quien controla esto, aunque da la impresión de que, más que controlar, lo que hace es descontrolar.

Como decía, los presupuestos cargados en la web en enero de 2024 ascendían a 381.000 millones. En abril de 2024 ya se habían incrementado hasta 393.858 millones, y en abril de este año han alcanzado los 400.501 millones, lo que representa un 1,7 % más que el año pasado.

Ese aumento se desglosa en un 0,8 % adicional en Operaciones No Financieras —las que computan para el déficit contable— y un 3,4 % más en Operaciones Financieras, es decir, préstamos y emisión de deuda.

La gran preocupación debe centrarse siempre en las operaciones no financieras, ya que representan el gasto real que queda reflejado en la contabilidad nacional. Por su parte, las operaciones financieras son el mecanismo que permite cubrir ese gasto mediante préstamos, emisiones de deuda y otros instrumentos.

En abril de 2024, el gasto reconocido —es decir, las obligaciones reconocidas— ascendía a 48.593 millones de euros. En abril de este año, esa cifra se ha disparado hasta los 57.698 millones, lo que supone un incremento del 18,7 %.

Este aumento se explica, fundamentalmente, por tres grandes partidas:

Gastos de personal, que crecen un 5,9 % respecto al mismo mes del año anterior. Esto solo puede justificarse por el aumento de plantilla en 2023 y el impacto de la inflación en las retribuciones.Transferencias corrientes, que pasan de 28.163 millones a 35.774 millones de euros, lo que representa un incremento del 27 %. Este crecimiento se debe principalmente al aumento de las transferencias a comunidades autónomas y a la Seguridad Social.Transferencias de capital destinadas a inversiones, que alcanzan los 5.045 millones, con una subida del 65,9 %.

Por el contrario, algunas partidas muestran descensos llamativos:

Los gastos corrientes en bienes y servicios caen un 13,8 %, algo completamente inexplicable en un contexto de inflación. También disminuyen los intereses de la deuda en un 6,2 %, lo que solo puede atribuirse a retrasos en los pagos efectivos de estas obligaciones; una práctica que podría terminar generando un incremento posterior significativo en los impagos.Además, se registra una caída del 12,9 % en las inversiones reales, lo que anticipa futuros problemas en infraestructuras clave como autovías y ferrocarriles.En el apartado de Operaciones Financieras, se observa un crecimiento del 2,7 %, lo que indica que se está intentando actualizar la financiación mediante instrumentos de deuda.

El estado de la contabilidad nacional es preocupante. No tiene sentido afirmar que se está gastando menos en bienes y servicios cuando los precios han subido. Tampoco resulta creíble que los intereses de la deuda estén cayendo mientras la deuda global continúa creciendo.

A pesar de todas estas incongruencias, el gasto total ha aumentado un 18,7 % respecto al año pasado. El día que aparezcan los datos definitivos podríamos enfrentarnos a un bofetón monumental. Pero, como decía al principio, estamos gobernados por un Ejecutivo lleno de mentirosos y rodeado de corruptos. No podemos esperar otra cosa que el falseamiento sistemático de las finanzas públicas.

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