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Taller de mantenimiento de trenes de Renfe.

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Productos tóxicos, cableados rotos y despidos: otro conflicto interno golpea a Renfe

La plantilla de Logirail denuncia riesgos graves para su seguridad mientras Renfe licita su trabajo a empresas externas

Un verano más, Renfe ha vuelto a estar en primer plano por los sucesivos incidentes que lleva sufriendo desde el pasado año. Los trabajadores llevan años denunciando el mal estado de la infraestructura y la falta de un plan de renovación de la plantilla, lo que ha llevado a la dirección a recurrir a externalizaciones.

Hace unas semanas, la Dirección General de Ingeniería y Mantenimiento de Renfe publicó una licitación para la realización de tareas de transporte interno, carga y descarga, maniobras y limpiezas en la base de mantenimiento integral del taller de Valladolid. Este contrato ha generado una fuerte protesta entre los empleados de Logirail, filial de Renfe que hasta ahora estaba a cargo de los trabajos.

Denuncian que esta externalización, que pone en peligro el empleo de 34 personas, coincide con las quejas que los sindicatos habían trasladado sobre los riesgos para la integridad física de los trabajadores por deficiencias en la maquinaria y el mal estado de las infraestructuras. Los representantes del Sindicato Ferroviario enviaron sendas cartas a la dirección de Logirail en julio y noviembre de 2024.

En ellas, alertaban de que las condiciones en el centro de mantenimiento de Valladolid «ponen en grave riesgo» la integridad de la plantilla. Entre los problemas señalados figuran la manipulación de productos químicos peligrosos sin equipos de protección adecuados, maniobras de acople de material rodante en espacios inseguros, cableados dañados sobre charcos, rejillas de desagüe en mal estado o falta de salubridad en zonas comunes.

Además, reclamaban soluciones inmediatas para evitar accidentes «de consecuencias irreparables» y advertían de que, en caso de no actuar, informarían a la autoridad laboral. Este sindicato llegó a preparar un escrito para la Inspección Provincial de Trabajo de Valladolid denunciando a Logirail, pero finalmente lo dejó en suspenso a la espera de que se produjera la renovación a medio propio —esto es, a Logirail—, ya que los trabajadores temían que la empresa licitara el encargo, como finalmente ha sucedido.

En un comunicado, el Sindicato Ferroviario califica de «grosera y miserable» esta maniobra por parte de la dirección de Renfe y destaca que el valor de la licitación es exactamente el mismo que se está pagando a Logirail por la prestación actual, por lo que «la motivación económica no existe». «Se pone en peligro los puestos de trabajo de 34 personas de manera caprichosa y ruin, salvo que exista algún interés inconfesable que nos ocuparemos de descubrir y denunciar», añaden.

L decisión de externalizar este servicio responde a discrepancias entre las direcciones de las sociedades que componen el grupo

Pero hay un detalle clave en todo este asunto: la licitadora no ha sido Logirail, sino Ingeniería y Mantenimiento, otra de las sociedades del Grupo Renfe. Según explican a El Debate fuentes de los trabajadores, la decisión de externalizar este servicio responde a discrepancias entre las direcciones de las sociedades que componen el grupo sobre quién arreglas las constantes deficiencias en las infraestructuras.

«Hay tensiones entre sociedades, pero suelen ser más agrias cuando una de las partes es Logirail. En el Grupo Renfe es el patito feo: todo el mundo desprecia a esta filial y la maltrata, pero a la vez se aprovechan de sus condiciones laborales y salariales precarias para sustituir empleo con derechos del resto de sociedades por empleo precario y sin derechos en Logirail», explica un trabajador.

La llegada de Óscar Puente al Ministerio de Transportes no le ha sentado bien a Adif y Renfe, cuya imagen se ha visto deteriorada por las continuas incidencias en el servicio. Los trabajadores denuncian que averías como la registrada el pasado martes por la noche –que obligó a evacuar a 2.200 pasajeros después de diez horas en los vagones– son habituales como consecuencia de la falta de mantenimiento de las infraestructuras. Una «patata caliente» que, según critican, ahora se pretende dejar en empresas externas de forma acelerada.

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