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Análisis económicoJosé Ramón Riera

El déficit, disfrazado de diplomacia, y el aliado te vacía la cartera: China nos despluma

Si no despertamos, acabaremos siendo el camarero de una cena donde otros deciden el menú, el precio, quién paga la cuenta y que el camarero se vaya cuando haya servido el postre, el café y las copas

Me pasa una información un amigo muy especial, al que admiro y respeto, sobre lo publicado en un medio económico, donde hablaban de que las relaciones con Estados Unidos en temas comerciales estaban yendo mal, por culpa de Trump y en cambio había un cambio sustancial con China, gracias a los viajes de Sánchez a dicho país.

Desde luego hay decisiones que se toman en despachos con moqueta gruesa y olor a incienso geopolítico, pero cuyos efectos se sienten en la caja de nuestro país. La política exterior española, especialmente en lo que respecta a China, parece diseñada más para «acumular sellos en el pasaporte» de nuestro presidente y de nuestro expresidente más que para defender los intereses comerciales de España.

Los viajes de alto perfil, con Sánchez en modo embajador global y Zapatero en versión «asesor espiritual del régimen chino», han dejado una estela de sonrisas diplomáticas, acuerdos vagos y alguna foto que pasarán a los anales de la falta de sentido común de nuestra política exterior.

Mientras ellos siguen estrechando manos en Pekín, el déficit comercial con China se dispara como si nos hubieran confundido con una colonia de consumo. Exportamos poco, importamos mucho, y encima lo celebramos como si fuera una victoria estratégica.

Y, por si fuera poco, hemos decidido instalar tecnología de Huawei en sistemas sensibles de escucha. Una jugada que ha encendido todas las alarmas en Washington, donde ya no saben si España juega en el equipo occidental o juega a la contra y es un infiltrado.

Esto trae un mal resultado, relaciones tensas con Estados Unidos, mientras nuestro déficit comercial con ellos también se agranda.

Quizás algún día entendamos que la diplomacia no se mide en número de viajes ni en cantidad de acuerdos firmados con tinta invisible. Se mide en resultados. Y hoy, los resultados dicen que estamos pagando la fiesta… y ni siquiera nos han dejado elegir la música.

Para que nos quede todo bien claro, aquí está un cuadro que lo explica claramente:

España exportó a China apenas 3.949 millones en el primer semestre. Pero importó como si fuéramos su sucursal logística: más de 24.000 millones. El resultado es un déficit comercial de 20.208 millones, que ha crecido un 16,9 % respecto al año anterior y supone el 80,5 % del total de nuestro déficit en la Balanza de Productos.

Las exportaciones a EE.UU. caen un 5,1 %, mientras las importaciones suben un 10,1 % y dan como resultado un déficit de 7.083 millones, un salto del 37,3 %. Todo esto mientras tensamos la cuerda con ellos por decisiones tecnológicas que no han sido precisamente consensuadas.

Alemania, aparentemente es nuestro gran socio industrial, pero nos pasa una buena factura. Exportamos un 3,5 % menos y les compramos más: un 3,7 %. El déficit con Alemania se dispara un 47,7 %, alcanzando los 5.065 millones, es el clásico desequilibrio con un socio industrial, ellos nos venden tecnología, maquinaria y coches, nosotros les vendemos sol y jamón.

Portugal, el vecino que aguanta incluso cuando le apagamos la luz y a pesar de eso, las exportaciones siguen al alza creciendo un 4,5 % y, lo más sorprendente, les compramos menos, pues las importaciones portuguesas están en caída, bajan un 5,7 %, lo que nos lleva a un superávit de 8.392 millones, un 16,7% respecto a 2024. Portugal sigue siendo nuestro socio más estable, incluso después del apagón eléctrico del 28 de abril.

Por otro lado, con Francia las exportaciones caen un 5,9 % y las importaciones suben ligeramente 2,0 % y, como consecuencia, el superávit se reduce un 17,9 %. Y todo esto mientras Macron y Sánchez se miran como dos ex que comparten custodia de Europa, pero no se hablan. El comercio lo nota, aunque aún aguantamos con saldo positivo.

España se encuentra en una auténtica encrucijada, por un lado, China nos engulle con su superávit como un dragón insaciable, Estados Unidos nos observa con gesto torcido y Alemania nos factura con precisión quirúrgica.

Mientras Sánchez de vacaciones en La Mareta, a base de jamón de Jabugo y los buenos vinos españoles, juega al ajedrez sin tablero, rodeado de peones que creen ser alfiles y torres, aunque en realidad son auténticos bufones de pena, que no producen ni risa.

La política exterior española es una tragicomedia donde los datos muestran nuestro nivel de incompetencia, porque no sólo estamos hablando de comercio, sino que debemos de hablar también de geoestrategia, de poder y de supervivencia.

Si no despertamos, acabaremos siendo el camarero de una cena donde otros deciden el menú, el precio, quién paga la cuenta y que el camarero se vaya cuando haya servido el postre, el café y las copas.