España ahuyenta a sus turistas: alemanes y franceses decrecen, los británicos se estancan
Si seguimos por este camino, la «joya de la corona» de nuestra economía puede convertirse en una ruina en apenas unos años
Llevo escribiendo sobre los datos de turismo desde mayo de 2022 y con este ya van 78 artículos. He explicado lo bien que iban las cosas, recordando que cuando algo funciona hay que cuidarlo, mimarlo y apoyarlo. También he criticado la completa inacción de los ministros responsables ante la que sigue siendo la primera industria española. En 2024, según datos del INE, solo los turistas extranjeros gastaron en España 125.000 millones de euros.
En todo este tiempo he visto de todo. Un Gobierno sin rumbo que, en lugar de impulsar el sector, ha jugado a ser woke, transmitiendo que no necesitamos a nadie de fuera para «molestar» la siesta de los españoles. También he visto políticos de derechas repetir ese mismo discurso absurdo, defendiendo la «reorganización» del turismo, un error que ya les pasa factura y sino que se lo pregunten a Marga Prohens, que puede dar buena cuenta de ello, con un agosto infernal de calor… y de falta de turistas.
Por el lado de la izquierda, la situación no es mejor. Líderes mediocres, empeñados en expulsar al turismo extranjero lo están consiguiendo. El caso de Collboni en Barcelona es paradigmático: hace todo lo posible para que no vayan turistas y, lógicamente, estos terminan buscando otros destinos donde sí se les recibe con los brazos abiertos.
Como colofón, el gafe de La Moncloa, que se jactaba de que este año llegaríamos a los 100 millones de visitantes y, ya lo puedo confirmar con los datos de julio, esa cifra es inalcanzable.
La crisis ya está aquí. En julio, Reino Unido, Alemania y Francia, los tres principales emisores de turistas hacia España han reducido su aportación. Es la primera vez desde la pandemia que ocurre. En julio de 2023 llegaron 4,73 millones de turistas desde estos tres países, un 46,7 % del total. En 2024 subimos a 4,91 millones, un 3,8 % más, aunque ya bajó su peso hasta el 45,3 %. Este año, en cambio, apenas han llegado 4,82 millones, lo que supone una caída del 1,8 % y una cuota aún menor, solo del 43,7 %.
Las cifras que he preparado son totalmente explicativas:
En términos generales, en julio de 2024 crecimos un 7,3 % respecto a 2023, alcanzando los 10,85 millones de turistas, es decir, 735.000 visitantes más. En julio de 2025, el crecimiento ha sido un pírrico 1,6 %, apenas 170.900 turistas adicionales.
Si eliminamos el empuje de Portugal, Irlanda (el país más rico de la UE) y Estados Unidos, el crecimiento real habría sido solo del 0,55 %.
Pero lo peor está por venir. Si miramos cual es la tendencia de nuestro crecimiento nos vamos a dar cuenta que vamos a la baja como muestra este gráfico:
El mes de abril y por la Semana Santa, ha sido el único mes en el que hemos crecido más que en 2024, en el resto de los meses estamos creciendo todavía pero mucho menos que en 2024 y por supuesto menos en 2023.
El INE aún no ha publicado los datos de agosto, pero lo que cuentan hoteleros, restauradores y chiringuitos es demoledor: un mes flojo, con negocios en Baleares que incluso han tenido que mandar trabajadores a casa por falta de clientes.
Estamos ante una tormenta perfecta, un Gobierno incapaz de defender al turismo, políticos irresponsables que criminalizan a los visitantes y un mercado internacional cada vez más competitivo, además de una crisis económica en la UE, donde Francia se encuentra al borde de un colapso y con riesgos de intervención económica y la gran Alemania que no sabe como salir de una crisis en la que se ha metido ella sola.
España está perdiendo atractivo, además justo cuando otros países están pisando el acelerador, como Grecia o Marruecos. Si seguimos por este camino, la «joya de la corona» de nuestra economía puede convertirse en una ruina en apenas unos años.
El turismo no es eterno ni está garantizado: basta con tratar mal a los que vienen y ellos buscarán otros destinos. Eso ya está ocurriendo. Si no reaccionamos ya, lo que hoy es un aviso se convertirá mañana en una crisis estructural que destruirá miles de empleos y arruinará a miles de familias que viven de esta industria.