Sánchez no ha domado la inflación, se ha aliado con ella
En estos siete años, los precios se han incrementado un 13,5 % en los primeros ocho meses de cada ejercicio, a pesar de que 2019 y 2020 cerraron en negativo
Creo que ya lo he escrito en más de una ocasión y no quiero repetirme, pero Pedro Sánchez, además de ser un pésimo economista, demuestra cada día su incapacidad para rodearse de gente solvente. Hoy veremos otro capítulo que lo confirma, la inflación, ese monstruo que dice tener controlado, pero que sigue marcando la vida de todos nosotros.
Mientras el Banco Central Europeo (BCE) da prácticamente por cerrado el capítulo inflacionario en Europa, España sigue sin cumplir el guion. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación acumulada en los primeros ocho meses del año es del 2 %. Un dato oficial que, sin embargo, está construido sobre un relato que comenzó a cocinarse en 2022.
Conviene recordar lo que pasó aquel verano: Juan Manuel Rodríguez Poo, entonces presidente del INE, fue fulminado porque a Nadia Calviño y a su jefe no les gustaban sus cifras. Rodríguez Poo se negó a maquillar los datos y fue cesado. En su lugar entró Elena Manzanera «Potter», que estrenó mandato cambiando la ponderación de alimentos y energía en el cálculo del IPC. Es decir, redujo el peso de los bienes que más subían, lo que automáticamente suavizó las estadísticas. Eso sí, sin la transparencia mínima de mantener durante un año ambas series en paralelo.
Hoy ya sabemos que todos los datos del PIB están cocinados como le gusta al gran 'gurú' de la demoscopia José Félix Tezanos, que es famoso en el mundo entero por no acertar nunca en sus previsiones demoscópicas, pero que son las que le gusta al gafe de La Moncloa.
Para que vean que yo no les miento, porque si los datos son mentira, no es porque yo los elabore, sino porque yo sólo los utilizo, vamos a ver que ha pasado desde el año 2000 hasta el 2025 en los ocho primeros meses con el IPC del INE:
Evolución IPC enero-agosto Siglo XXI
Entre 2004 y 2011, con Zapatero en el poder, la inflación acumulada en los primeros ocho meses de cada año fue del 10,8 %. Con Rajoy (2012-2018), en plena crisis financiera y con la economía hundida, los precios apenas variaron, el IPC se redujo un 0,8 % en total.
La llegada de Sánchez a La Moncloa cambió la película. Con pandemia, guerra de Ucrania y una gestión económica errática, la inflación se disparó. En lugar de afrontarla con medidas profundas, el Gobierno optó por el maquillaje estadístico. En estos siete años, los precios se han incrementado un 13,5 % en los primeros ocho meses de cada ejercicio, a pesar de que 2019 y 2020 cerraron en negativo.
La llegada al gobierno de Sánchez, ya sabemos cómo, y con la ayuda del BCE y de crisis energética provocada por la guerra en Ucrania y después del desplome de la economía por la pandemia, incluida bajada de precios, la inflación se dispara y en lugar de tomar mediadas profundas para parar esa subida de precios, aplicamos el modelo Tezanos, bajemos la inflación cambiando las ponderaciones.
Pero la inflación en los 7 años de Sánchez se ha ido, en los ocho primeros meses del año, a un 13,5 % a pesar de tener 2019 y 2020 en negativo.
La trampa de Sánchez: cuanto más suben los precios, más recauda y la explicación es simple, al Gobierno no le interesa que los precios bajen. La inflación engorda el PIB nominal, facilita manipular el PIB real y, lo más importante, multiplica la recaudación.
Suben los precios, sube el IVA. Suben los salarios, suben las cotizaciones sociales y el IRPF, pero eso si suben las pensiones y esa es la factura que más teme el Ejecutivo, porque se convierte en un gasto estructural creciente.
Así que Sánchez juega a dos bandas: necesita que los precios no se desboquen del todo, pero tampoco que bajen demasiado, porque cada décima de inflación es dinero fresco para su política de gasto desbocado.
La inflación, lejos de estar controlada, sigue campando por nuestra economía, seguirá presente en nuestras vidas mientras Sánchez siga en el poder. No porque no pueda combatirla, sino porque no quiere. Ha convertido la subida de precios en un instrumento de recaudación, aunque sea a costa de empobrecer a las familias y erosionar el poder adquisitivo de los trabajadores muy importante también, perdemos competitividad y eso se ve en nuestras exportaciones.
En resumen, Sánchez no ha domesticado a la inflación. Se ha aliado con ella. Y ese es, quizás, el peor error económico de todos.