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Análisis económicoJosé Ramón Riera

Autonomías en modo cajero y el FLA como banquero: lo que nació como salvavidas se ha convertido en rutina

A 30 de junio ya se ha prestado el 72,3 % de lo que se prestó en todo 2024

El Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) nació como respuesta urgente a una situación excepcional. Cómo un salvavidas para comunidades que, atrapadas por la crisis y la falta de acceso a los mercados, necesitaban oxígeno financiero. Pero lo que empezó como una solución temporal se ha convertido en una herramienta estructural, casi rutinaria, del sistema de financiación autonómica.

Hoy, el FLA forma parte del paisaje. No se discute su existencia, se asume. Las comunidades no se preguntan si lo necesitan, sino cuánto les corresponde. En ese reparto, cada una juega su papel: algunas piden con convicción, otras con discreción y unas pocas prefieren mantenerse al margen, como Madrid, Canarias, Castilla León, Galicia, Asturias y las que tienen su propio sistema de financiación como País Vasco y Navarra.

El FLA no premia la buena gestión ni penaliza el despilfarro. No distingue entre modelos eficientes y estructuras sobredimensionadas. Atiende a la necesidad, sí, pero también la presión que realizan los presidentes «gastones» o «mal financiados» como claman y con razón algunos.

En nuestro país, la urgencia se construye tanto con cifras como con discursos. Quien domina el relato, suele salir mejor parado y cuanto peor se administra mejor parado.

Desde el Ministerio de Hacienda se insiste en la supervisión, en los controles. Pero la realidad es que el FLA ha terminado siendo un instrumento de equilibrio político más que financiero. Un mecanismo que permite mantener la paz territorial a golpe de transferencia, mientras se pospone el debate de fondo, que no es otro que cómo financiar de forma justa, sostenible y transparente a las comunidades autónomas.

Porque los datos cantan, aunque las comunidades desafinen y si no vean los datos que he preparado:

A 30 de junio ya se ha prestado el 72,3 % de lo que se prestó en todo 2024. Eso que aún queda medio año. El ritmo de gasto es tan acelerado que parece que algunas comunidades estén en rebajas fiscales, comprando liquidez como quien llena el carrito en El Corte Inglés.

La Comunidad Valenciana, que es una de las peor financiadas, lidera, junto con Cataluña, como siempre, el ranking con 8.373 millones y 7.731 millones recibidos respectivamente.

Cataluña no sorprende, pues es la campeona del relato, del agravio y del «yo no soy como los demás». Pero cuando llega el FLA, ahí sí que somos iguales. O mejores, si toca.

Entre ambas comunidades se llevan más de la mitad del pastel. Desde luego no reciben estos montos ninguna de las dos por su eficiencia, ni su capacidad de gestión

Castilla-La Mancha y Aragón también se han puesto las botas, con más del 90 % ya recibido. Parece que no han hecho demasiado bien sus deberes, pero lo que no cabe ninguna duda es que han aprendido a pedir antes de que se cierre la ventanilla.

Baleares, por su parte, ha superado el 100 %, lo que sugiere que no solo han pedido lo previsto, sino que han convencido al Ministerio de que les adelante el postre y además sorprende y mucho, porque es una de las comunidades mejor financiadas.

Y luego están las sorpresas: Cantabria y La Rioja, dos comunidades pequeñas, han recibido más que el año anterior.

El Fondo de Liquidez Autonómica es el reflejo de un modelo de financiación territorial que, con el paso del tiempo, ha mostrado sus límites. Un sistema que, en lugar de incentivar la eficiencia o premiar la buena gestión, ha terminado por consolidar sistemas de dependencia y soluciones de corto plazo.

Cada año, el FLA aparece como una herramienta útil para garantizar la estabilidad financiera de las comunidades. Y lo es. Pero también es cierto que su uso continuado apunta a una necesidad más profunda, la de revisar cómo se distribuyen los recursos, cómo se evalúan las necesidades reales y cómo se garantiza que el esfuerzo fiscal y la responsabilidad presupuestaria tengan un papel relevante en el reparto.

Las comunidades que más fondos reciben no siempre son las que, realmente, mejor gestionan sus recursos, son las que han aprendido a construir narrativas convincentes y a posicionarse con habilidad en el tablero político. En ese contexto, el mérito técnico queda en segundo plano frente a la capacidad de interlocución y presión.

Así que sí, el FLA sigue funcionando. Pero cada euro prestado es un recordatorio de que el sistema está roto y que mientras no se reforme la financiación autonómica, seguiremos jugando a tapar agujeros con dinero prestado.

Esto ya no es liquidez. Es anestesia y como la anestesia, tarde o temprano se pasa y cuando se pase y vengan mal dadas, los problemas se van a multiplicar y por mucho, como cuando nació el FLA, que no fue otra cosa que un parche para evitar la quiebra del sistema autonómico.

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