La deuda del Estado se dispara y en agosto rozaremos los 1,7 billones
Julio cerró con 1,493 billones y los ingresos extra no logran frenar el aumento de la deuda
Acaba de publicar el Tesoro Público la deuda en circulación del Estado y, como algunas veces, vamos a repasar algunos conceptos para que no se produzcan confusiones con determinados términos. Cuando hablamos de Deuda Nominal del Estado en circulación nos referimos solo a la deuda de la Administración Central, es decir, del Gobierno central a través del Tesoro Público.
Esta deuda no incluye ni la deuda de las Comunidades Autónomas –porque cada una emite su propia deuda autonómica–, ni la de las Corporaciones Locales (ayuntamientos, diputaciones, cabildos, etc.), que también pueden emitir deuda o pedir préstamos por su cuenta, ni tampoco la de organismos o empresas públicas que no estén integrados directamente en la Administración Central.
Por eso, la cifra de «Deuda del Estado en circulación» siempre es más baja que la «Deuda pública total» que publica el Banco de España, llamada deuda bajo el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), que sí suma todas las administraciones públicas.
Hay veces –casi siempre Cataluña– que, cuando necesita pedir prestado y sigue teniendo un rating muy bajo, es el Estado el que solicita el préstamo en su nombre y se lo presta a través del Fondo de Liquidez Autonómica. Posteriormente, en la consolidación que realiza el Banco de España, se descuenta del Estado y se pasa a Cataluña para que no sume dos veces: se netea.
Así que vayamos a ver qué ha publicado el Tesoro Público, que recordemos depende del Ministerio de Economía, Comercio y Turismo.
En julio, la deuda se situó en 1,493 billones de euros, lo que supone 59.285 millones más que en el mismo mes de 2024. El incremento porcentual es del 4,1 %, exactamente el mismo ritmo de crecimiento que ya se registró en enero. Es decir, pese a las fluctuaciones mensuales, el patrón de avance se mantiene estable… y elevado, demasiado elevado.
Si analizamos el recorrido de estos siete primeros meses de 2025, el saldo es preocupante. En enero, la deuda aumentaba en 56.864 millones respecto al año anterior; en febrero, la cifra era algo menor, 54.442 millones, pero a partir de marzo el ritmo volvió a acelerarse, superando los 59.000 millones de incremento interanual. Abril marcó 62.801 millones, mayo 64.160 millones y junio alcanzó un pico de 65.393 millones, con tasas de crecimiento del 4,4 % al 4,6 %. El descenso de julio frente a junio –unos 6.000 millones menos de diferencia interanual– no se debe a que ya tengamos un plan de ajuste estructural, sino a la estacionalidad de ingresos, como voy a explicar a continuación.
De hecho, julio suele ser un mes en el que la recaudación fiscal recibe un impulso extra gracias a los pagos de las pymes y autónomos. Sin embargo, este colchón de ingresos no ha servido para contener el ritmo de aumento de la deuda. Que en un mes de fuerte entrada de liquidez el crecimiento interanual siga en el 4,1 % es un síntoma claro: el problema no está en la estacionalidad, sino en un déficit estructural que no deja de engordar.
El dato es especialmente inquietante porque solo recoge la deuda de la Administración Central. Cuando sumemos los datos consolidados, la deuda total será de alrededor de 1,680 billones.
La tendencia acumulada de 59.285 millones de euros más en apenas siete meses evidencia que, salvo un cambio drástico de política fiscal y presupuestaria –cosa que no va a suceder con este Gobierno, completamente desnortado–, el endeudamiento seguirá creciendo a un ritmo incompatible con la estabilidad a medio plazo.
El Estado estaría financiando gasto corriente con deuda estructural
El riesgo es claro: el Estado estaría financiando gasto corriente con deuda estructural, confiando en una recaudación creciente que podría frenarse si la economía se desacelera.
En resumen, los datos de julio son una llamada de atención. Ni las entradas extraordinarias de liquidez logran frenar un aumento de deuda que avanza como un reloj suizo. El margen para seguir así es cada vez menor y la factura, inevitablemente, la acabarán pagando las generaciones futuras.
Es cierto que el Gobierno cree que le ha tocado la lotería y recientemente anunciaba, a bombo y platillo, que acaba de recibir más de 23.000 millones del Plan de Recuperación, de los cuales 7.100 millones son en subvenciones que no habrá que devolver, pero 16.000 millones son en préstamos, que todavía no sé cómo se van a contabilizar.
Lo lógico es que, dado que es deuda que hay que devolver a largo plazo y que quien la recibe es la Administración del Estado, esta sea contabilizada por el Tesoro y, si luego hay préstamos a las Comunidades Autónomas, el Banco de España la consolide, se la quite al Estado y se la pase a cada Comunidad.
Pero, como hasta ahora no había pasado, habrá que ver cómo se contabiliza dicha deuda, porque hay que devolverla, al igual que la Comisión Europea tendrá que devolver a quienes le han prestado ese dinero.
Si las cosas se hacen bien, en agosto sumaremos 16.000 millones más de deuda
Así que, si las cosas se hacen bien, en agosto sumaremos 16.000 millones más de deuda, porque en buena lid los préstamos del MRR deberían registrarse como pasivos financieros en el sector de las Administraciones Públicas y, por lo tanto, deberían incluirse en el cómputo de deuda pública.
Por todo ello, si estos préstamos son formalmente asumidos por el Estado, se tienen que contabilizar en la deuda nominal del Estado en circulación y posteriormente en la deuda PDE.
Ya sé que me estoy poniendo la tirita antes que la herida, pero como ya vengo curado de todo lo que veo, prefiero anticiparme y decirlo.
No se me depriman… En agosto ya estaremos rondando los 1,7 billones de euros, pero nos dirán que eso es muy bueno para todos. Y yo prefiero añadir: sobre todo para ellos, los «cerdanes» que aún quedan.