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Análisis económicoJosé Ramón Riera

La inflación en España sube al 2,7 % y se aleja seis décimas de la media de la eurozona

El alza de electricidad, vivienda y alimentación erosiona el poder adquisitivo y los márgenes empresariales

El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar los datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) correspondientes a agosto de 2025 y la conclusión es clara: la inflación en España crece un 2,7 % interanual, situándose seis décimas por encima de la media de la eurozona (2,1 %). Un diferencial nada desdeñable, que vuelve a poner de relieve que nuestra economía sigue mostrando vulnerabilidades propias en materia de precios.

Si le echamos un vistazo al índice general y sus doce subgrupos, nos encontramos con que el índice general subió de 115,7 en agosto de 2024 a 118,8 en agosto de 2025, lo que supone ese incremento del 2,7 %. La fotografía por subgrupos refleja desequilibrios importantes y preocupantes: la Vivienda, Agua, Electricidad y Combustibles sube un 6 %; los Restaurantes y Hoteles, un 4,3 %; las Bebidas Alcohólicas y Tabaco alcanzan una subida del 4,2 %; y Otros bienes y servicios sube un 3,4 %.

El resto de los grupos lo hace por debajo de la media, como Enseñanza y Sanidad, que suben un 2,6 % y un 2,0 % respectivamente. En contraste, algunos apartados muestran subidas muy moderadas o incluso ligeros descensos, como ocurre en Vestido y Calzado (+0,7 %), Ocio y Cultura (+0,7 %) y Comunicaciones (+0,8 %).

El dato más preocupante es el tirón de los gastos vinculados a la vivienda y la energía, porque impactan de manera transversal en toda la economía y afectan tanto a familias como a empresas.

Si se desciende un nivel más en la estadística, aparecen con claridad los subgrupos que más suben entre agosto de 2024 y agosto de 2025: la Electricidad, gas y otros combustibles, que se dispara un 10,5 % y está completamente descontrolado; unido al 5,8 % que suben los Servicios de alojamiento, demuestra que la inflación no está siendo solo un fenómeno «de cesta de la compra», sino que se concentra en gastos ineludibles para los hogares: vivienda, energía y servicios básicos. Sin olvidarnos de la Restauración y comedores, que suben un 4,1 %.

Pero el verdadero termómetro del malestar ciudadano está en la evolución de productos concretos. Con un Transporte combinado de pasajeros que se ha disparado un 26,7 %, o el café, un 20,2 %; los vuelos internacionales, que suben un 19,9 %; los huevos, producto de primera necesidad, con una subida acumulada del 17,8 %; la carne de vaca, que sube un 15,5 %; o la electricidad, que además de «apagarse», se dispara un 14,7 %.

Estamos ante un cóctel muy peligroso: productos de consumo diario (café, huevos, carne, aceites, electricidad), junto a servicios más relacionados con ocio o inversión (joyería, vuelos). Esto explica por qué la percepción social de la inflación es todavía más alta que el dato oficial del 2,7 %.

Poder adquisitivo

¿Por qué España se desvía al alza respecto a la eurozona? Hay varios motivos:

Mayor dependencia energética: el incremento del 10,5 % en electricidad, gas y combustibles pesa más en España que en otros países con mayor diversificación energética.Estructura del consumo: los hogares españoles destinan un porcentaje mayor de su renta a vivienda y alimentación, sectores con inflación elevada.Costes laborales crecientes: las subidas salariales y de cotizaciones sociales acaban trasladándose a los precios finales.

El resultado es un escenario en el que las familias ven cómo su poder adquisitivo se erosiona mes a mes. Si bien los salarios han subido, lo hacen a un ritmo inferior al encarecimiento de bienes básicos como la energía o la alimentación, y con casi un año de decalaje.

Para las empresas, la situación no es mejor. El aumento de costes energéticos, de materias primas y de transporte reduce márgenes de beneficio. Esto es especialmente grave en pymes y micropymes, que carecen de capacidad de trasladar esa subida al consumidor final sin perder ventas.

De hecho, el Observatorio de Márgenes Empresariales ya muestra cómo los beneficios de explotación permanecen estancados pese a que las ventas no han caído. Es decir: se vende más, pero se gana lo mismo o incluso menos.

Aunque el 2,7 % pueda parecer un dato moderado en comparación con la inflación de dos dígitos que vivimos en 2022, lo preocupante es la persistencia. Cada décima por encima de la media europea supone un golpe adicional a la competitividad española: exportamos menos, atraemos menos inversión y mantenemos la presión sobre el consumo interno.

Además, una inflación enquistada obliga al Banco Central Europeo a mantener los tipos de interés altos durante más tiempo, lo que encarece la financiación tanto para empresas como para familias hipotecadas.

Plan de choque

Lo que los datos del INE ponen de relieve es que España carece de un plan estructural para frenar la escalada de precios. Mientras países como Países Bajos o Alemania han avanzado en mecanismos de estabilización energética y reformas fiscales, aquí seguimos confiando en que el crecimiento del PIB «maquillado» compense unas cifras que golpean directamente al bolsillo ciudadano.

La solución pasa por tres ejes fundamentales:

Política energética realista, que reduzca nuestra vulnerabilidad a los precios internacionales.Alivio fiscal para familias y pymes, que amortigüe el impacto de los precios en la renta disponible.Mayor productividad empresarial, que permita absorber parte del incremento de costes sin trasladarlo íntegramente a los precios.

España afronta un problema de inflación más persistente que la media europea. El 2,7 % interanual en agosto de 2025 no es solo un dato macroeconómico: es el reflejo de familias que deben recortar en consumo básico y de empresas que luchan por mantener márgenes en un entorno cada vez más adverso.

La pregunta no es si podremos resistir con una inflación así, sino hasta cuándo podremos hacerlo sin reformas profundas.

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