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Lingotes de oro

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El oro, de récord en récord: por qué el metal precioso no para de subir

La onza de oro ha superado la barrera de los 3.875 dólares

La onza de oro, activo refugio por antonomasia, ha alcanzado un nuevo récord tras superar en la madrugada de este miércoles la barrera de los 3.875 dólares por onza –en concreto, se situó en los 3.875,53 dólares, que al cambio son unos 3.292,78 euros–. Esto supone que el valor del lingote de oro, que está formado por unas 400 onzas, ha superado lo 1,55 millones de dólares.

El último máximo histórico que había marcado el oro fue este martes, 30 de septiembre, cuando se situó en los 3.856 dólares. Con la subida de hoy, en lo que va de año el oro se ha revalorizado más de un 45 %, y solo en septiembre en torno al 11 %.

Los máximos del oro responden al nerviosismo que ha provocado en el mercado el hecho de que republicanos y demócratas no hayan alcanzado un acuerdo sobre el presupuesto federal antes de la fecha límite fijada para este miércoles, lo que ha activado un cierre del Gobierno de EE.UU.

A eso se le suma la inestabilidad económica que vive Estados Unidos, lo que podría dar pie a un nuevo recortes de tipos por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

Siempre se ha dicho que el mercado del metal depende de las decisiones de la Fed, organismo que determina la política monetaria de Estados Unidos. Y el oro, al valorarse en dólares se ve más influido por este organismo que por otros.

En la gran mayoría de las ocasiones, este metal precioso y los tipos de interés están inversamente relacionados. Esto supone que cuando los tipos bajan, el precio del oro sube. Y es que un descenso del valor del dinero, en ocasiones refleja una pérdida de confianza en la economía y una ralentización del crecimiento económico.

Esta ralentización afecta al coste de la vida, a los salarios y al empleo, por lo que los inversores recurren a esta materia prima por su historial como activo de refugio seguro.

Además, el coste de oportunidad de poseer oro en vez de otros activos financieros se reduce, porque los rendimientos de los bonos y los depósitos caen por la bajada de los tipos de interés. Por lo que, comparativamente, el oro sale ganando.

También influye el aumento de la demanda por parte de los bancos centrales y la incursión de los hogares chinos tras su crisis inmobiliaria. A eso se le suma la inestabilidad económica, sobre todo en Estados Unidos, y las tensiones geopolíticas.

Tensiones geopolíticas

En un plano más amplio, la geopolítica ha sido otro motor de consideración para los avances del metal precioso en septiembre: Rusia ha violado en varias ocasiones el espacio aéreo oriental de la OTAN; Trump ha dado su respaldo a Kiev frente a Moscú; y la presión internacional se ha incrementado en torno a Israel.

Según un informe de HSBC, «los crecientes riesgos geopolíticos fortalecen significativamente al oro, ya que los conflictos mantienen todavía alto el termómetro del riesgo. Los problemas comerciales asociados de estos riesgos también están siendo positivos para el oro».

En otro informe, esta vez publicado por Goldman Sachs a principios de mes, contemplaba que el oro llegase hasta los 4.000 dólares para mediados de 2026, si bien también valoraba, como escenario más pesimista, que la cotización alcanzase los 5.000 dólares si la ofensiva del presidente Donald Trump contra la Reserva Federal (Fed) acaba socavando la credibilidad de la institución.

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