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José María Rotellar

Cien años de la Dama de Hierro: así revolucionó la economía Margaret Thatcher

Su planteamiento era firme en lo ideológico: el Estado no podía seguir siendo el protagonista omnipresente de la economía

Este mes conmemoramos el centésimo aniversario del nacimiento de Margaret Thatcher, una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX. Su llegada al poder transformó no sólo al Reino Unido, sino también el paradigma con que Europa afrontaba el papel del Estado, del mercado y del individuo. Conviene destacar su impulso del capitalismo, su apuesta por la economía de mercado y los logros que dejaron huella.

Thatcher accedió al cargo en mayo de 1979, convirtiéndose en la primera mujer Primer Ministro británica. Su planteamiento era firme en lo ideológico: el Estado no podía seguir siendo el protagonista omnipresente de la economía, respaldando empresas ineficientes, tolerando unas fuerzas sindicales que paralizaban la producción y recortando la iniciativa privada.

Su gobierno desarrolló una visión liberal-clásica:

• La inflación, crónica en la década de los setenta, debía combatirse a través de la disciplina monetaria, no con expansión presupuestaria.

• Las empresas públicas, muchas de ellas convertidas en vacas lecheras del Estado, debían privatizarse y abrirse a la competencia.

• El ciudadano debía convertirse en actor económico, no sólo como trabajador, sino como propietario, inversor y participante del mercado: la famosa idea de popular capitalism que cristalizó en recortes de impuestos y acceso al capital para más ciudadanos.

En este sentido, Thatcher no era una tecnócrata de centro tibio: era ideológica, combativa, firme. Defendía que la libertad económica es condición de la libertad humana, y que el crecimiento, la riqueza y la iniciativa privada no sólo eran compatibles con la democracia, sino su mejor aliada.

Todo ello lo aplicó y consiguió transformar la economía del Reino Unido de la siguiente manera:

1. Privatizaciones y fin de la «economía de cupones». Bajo Thatcher, sectores que hasta entonces estaban en manos del Estado –como la electricidad, el gas, los ferrocarriles, las telecomunicaciones– pasaron a la propiedad privada o a sociedades mixtas con competencia real. Esto permitió introducir incentivos al rendimiento, a la eficiencia, a la innovación. Es un legado difícil de ignorar para quienes creen en el mercado como mecanismo de asignación.

2. Desregulación del sector financiero. En 1986, uno de los hitos fue el llamado Big Bang en la City de Londres: se liberalizó el mercado financiero, se facilitaron los instrumentos, se impulsó la inversión y se convirtió Londres en un centro global de servicios financieros. Para un defensor de la economía de mercado, este paso es clave: movilidad del capital, competencia internacional, innovación financiera.

3. Reducción de impuestos sobre la renta y fomento de la propiedad. El gobierno recortó las tasas máximas del impuesto sobre la renta, alentó los programas que permitían a los ciudadanos comprar sus viviendas sociales («Right to Buy») y fomentó la participación de los ciudadanos en los mercados de capitales. De nuevo, la idea era clara: más individuos decidiendo por sí mismos, más propiedad privada, más libertad.

4. Mejora de las relaciones laborales y debilitamiento del poder sindical. Thatcher se enfrentó directamente a los grandes poderes sindicales que paralizaban industrias completas. El emblemático conflicto de la huelga minera de 1984–85 simboliza ese choque. Como resultado, las relaciones laborales en el Reino Unido cambiaron de paradigma: menos sindicatos hegemónicos, más flexibilidad, mayor capacidad de ajuste para la economía privada.

5. Cambio cultural del Estado beneficiario al emprendedor. Quizás el logro menos medible pero más profundo fue la reconstrucción cultural: de unos ciudadanos que esperaban subsidios a otros que podían aspirar a ser propietarios, a invertir, a emprender.

Al celebrar el centenario de Thatcher, recordamos que las decisiones estructurales importan: las reglas del juego económico, el tamaño del Estado, la libertad para emprender, importan muchísimo para el bienestar de los ciudadanos y la dinamización de una economía. En un mundo donde el intervencionismo reaparece bajo nuevas formas, su legado sirve como advertencia: cuando el Estado domina, el mercado se paraliza; cuando el mercado se libera, la innovación arranca.

Cabe honrar a Margaret Thatcher no como una caricatura ideológica, sino como un caso de estudio serio

Al cumplirse los cien años de su nacimiento, cabe honrar a Margaret Thatcher no como una caricatura ideológica, sino como un caso de estudio serio: de cómo una economía en crisis puede cambiar de rumbo cuando abraza la libertad de empresa, la propiedad, la competencia y la responsabilidad individual. Thatcher impulsó la prosperidad de su economía al abrir el mercado, al liberarlo de trabas, que supone el verdadero progreso, que no es aquel que reparte redistribuyendo pasivamente, sino el que crea riqueza, multiplica oportunidades y permite que cada persona ejerza su libertad económica. Ése fue el gran logro de Margaret Thatcher, a quien tanto debemos, junto al presidente Reagan y a Juan Pablo II, auténtica terna de la libertad.

  • José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria.
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