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La resaca de la opa y de los no Presupuestos

Lo ocurrido esta semana con el techo de gasto han sido palabras mayores

Act. 30 nov. 2025 - 13:10

El presidente del BBVA, Carlos Torres
09 MAYO 2024;ECONOMÍA;MERCADO;BANCOS;EMPRESA;BBVA;SABADELL;ADQUISICIÓN;FUSIÓN;OPA;FINANZAS;
09/5/2024

El presidente del BBVA, Carlos Torres.BBVA

No todo es Koldo García y Ábalos. Como diría el viejo director, no se habla de otra cosa en las comidas y cenas de Navidad, que de los motivos del fracaso de la opa de BBVA al Sabadell. Sobre todo porque los del equipo jurídico que llevó la opa para el BBVA van por ahí largando que fue la CNMV la que se cargó la operación.

Mariano Bacigalupo, flamante consejero de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, y esposo de la no menos flamante la vicepresidenta de la Comisión Europea Teresa Ribera, se puso a manejar los tiempos y fechas de una hipotética segunda opa –que nunca se produjo– y que sirvió para desmovilizar a los vendedores de acciones. De nada sirvió a los abogados de Garrigues el acuerdo que decían tener con los servicios técnicos de la CNMV. No hizo falta. La gente no vendió a la espera de una segunda Opa que nunca llegó. Por eso las copas de champán chocaron mucho más fuerte en la CNMC que el propio Sabadell. Podría haberles salpicado a ellos mucho más que al banco.

Para la anécdota –si puede llamarse así– quedan aquellas condiciones leoninas que la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia y el Gobierno pusieron al BBVA si compraba el Sabadell, entre otras lo de no echar a ningún empleado a la calle ni hacer ningún ere. «Fíjate lo que acaba de anunciar Telefónica, una empresa controlada por el Gobierno, anunciando que más de seis mil empleados se van a la calle. Solo ha habido que esperar unos meses. Y a nosotros –lo dice un ejecutivo del BBVA– candela».

Pero dirán que esa es agua pasada, y que ahora estamos más bien en época de cataratas. Y así es. Lo ocurrido esta semana con el techo de gasto han sido palabras mayores. Ya no es solo que la corrupción ponga contra las cuerdas al Gobierno; es que la falta de apoyos en el Congreso ha impedido aprobar un techo de gasto que anula la posibilidad de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. Las declaraciones de María Jesús Montero remitiendo a los primeros meses de 2026 para una nueva votación no dejan de ser un brindis al Sol para, como siempre, ganar tiempo a una legislatura que agoniza.

Ya nadie se acuerda de que el 1 de septiembre cuando el presidente del Gobierno aseguró que este año sí cumpliría con la obligación constitucional de presentar los Presupuestos. Desde entonces, lo único que ha ocurrido es que Pedro Sánchez ha perdido el apoyo de al menos dos grupos parlamentarios que votaron su investidura: Unidas Podemos y Junts. Así lo debió percibir el Ejecutivo pues la primera fecha que no se cumplió fue la del plazo para presentar el proyecto de Presupuestos. El 30 de septiembre concluyó sin que los partidos políticos que sustentaban al Ejecutivo –preguntados casi a diario en las Cortes– trasladaran ninguna negociación con el Gobierno. El «estamos trabajando en ellos» del presidente y de su vicepresidenta sonaba así a otra mentira que, por muy repetida, nunca fue verdad. Por cierto que, desde entonces, tampoco ha habido ninguna negociación.

Quizá por el eso el Gobierno se vio obligado a presentar la senda fiscal necesaria para elaborar las Cuentas del Reino. El voto de PP, Vox, UPN y Junts tumbó cualquier posibilidad que algún despistado diputado del PP hubiera podido resolver. Las abstenciones de Podemos y Compromís terminaron por dibujar un escenario imposible. Pero hubo algo más. Junts anunció, tras las declaraciones de la Ministra de Hacienda, que volvería a hacer lo mismo en la segunda votación a que obliga la ley.

Ya sé que dirán que llevamos tres años sin Presupuestos y que parece que no se ha hundido España, pero ahora las cosas van a ser diferentes. Europa ha prolongado en varias ocasiones el plazo de los compromisos que el Gobierno español pactó. Compromisos que la mayoría tienen que ver con las reformas económicas que el Gobierno no ha hecho.

Si no cumplimos con Europa, la llegada de nuevos fondos europeos no solo no se producirá, sino que llegarán las multas por incumplimiento

Seguir además, como ha hecho el Gobierno de Sánchez, administrando el día a día de España con ampliaciones de crédito o reasignando partidas presupuestarias tampoco soluciona ya las peticiones de Europa o de la OTAN, sino que impide cumplir con las reglas fiscales que exige la Unión. Y si no cumplimos con Europa, la llegada de nuevos fondos europeos no solo no se producirá, sino que llegarán las multas por incumplimiento como ya ha ocurrido en varias ocasiones.

Por eso esta parálisis legislativa necesariamente va a afectar a todos los ciudadanos. Ya nos está afectando con las continuas subidas de impuestos y con una reforma de las pensiones que la OCDE reclama al Gobierno esta semana. Reformas que ya no son posibles por la minoría parlamentaria.

La falta de Presupuestos produce además una serie de reacciones muy conocidas: estrés financiero, dificulta el ahorro y produce incertidumbre económica. Y esta incertidumbre genera menor inversión pública y privada, lo que también afectará tarde o temprano el empleo y el crecimiento.

El estrés financiero repercute siempre en los consumidores. En los créditos, en el ahorro, en las dificultades para llegar a fin de mes. Tampoco será posible ahorrar pues el horizonte no es claro sin Presupuestos. Estos últimos meses del año, las empresas y las familias planifican sus ingresos y gastos. Es algo natural. Pero con este horizonte tampoco es fácil reelaborar un plan financiero que resulte creíble y fácil de cumplir.

La incertidumbre y desconfianza ante la falta de Presupuestos ya está afectando ya a la inversión privada y extranjera que llegaba a España

Y la guinda. Esta incertidumbre y desconfianza ante la falta de Presupuestos ya está afectando ya a la inversión privada y extranjera que llegaba a España. No se trata solo de que la inversión pública –los grandes proyectos de infraestructura y servicios públicos– se vean afectados por la falta de planificación y financiación, sino que la inversión privada tampoco sabe dónde dirigirse ante esta situación.

Sabemos cuál será la receta de este Gobierno: más deuda. Pero ese mayor endeudamiento para hacer frente al gasto, disparará los intereses que debemos pagar. Y la deuda creciente siempre es frenazo al crecimiento económico, al empleo y a la competitividad del país.

Y es que los Presupuestos no son una ley más. Es la Ley que nos afecta a todos. Podemos vivir muy malamente rodeados de corrupción, pero no sin hacer las cuentas. Y hace ya tres años que vivimos sin ellas.

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