De izda a dcha, los fundadores de Azvalor: Beltrán Paragés, Sergio Fernández-Pacheco, Fernando Bernad y Álvaro de Guzmán.
Los brillantes inversores españoles que descubrieron antes una empresa con la que luego «se forró» Charlie Munger, el socio de Buffett
El método de inversión a largo plazo de Azvalor, tras conocer a fondo a la empresa y a su equipo directivo, funciona
El fondo de inversión Azvalor, fundado por Álvaro de Guzmán, Fernando Bernad, Sergio Fernández-Pacheco y Beltrán Paragés, empezó a invertir en el año 2016 en una empresa estadounidense totalmente desconocida en España: Consol.
La firma se dedicaba a producir gas de esquisto y existía desde el siglo XIX, pero llevaba mucho tiempo siendo parte de un grupo más grande. A finales de 2017 decidieron escindir el negocio de minería de carbón (Consol Energy) y ofrecerlo a sus accionistas en la Bolsa de Nueva York (New York Stock Exchange).
La compañía se dedicaba a un sector proscrito, pero supieron ver sus ventajas, y acertaron
Por el impulso de las corrientes medioambientales, el sector de minería de carbón estaba casi proscrito por la mayoría. Dominaba la narrativa de que era un negocio condenado a desaparecer más pronto que tarde.
Pese a ello, Azvalor apostó por ella. «Resumiendo mucho, Consol Energy es el productor más eficiente de carbón térmico en Estados Unidos gracias a una herencia geológica privilegiada: en su complejo minero de Pensilvania produce unos 25-26 millones de toneladas al año de un carbón con muy alto poder calorífico y a costes bajos. Además, la compañía controlaba la mejor terminal de exportación de carbón del país en el puerto de Baltimore», explica Fernando Bernad, uno de los fundadores del fondo.
Consol Energy era y sigue siendo uno de los pocos productores americanos con capacidad de exportar una proporción importante de su producción gracias a la calidad de su carbón. Como consecuencia, fueron capaces de aguantar el tipo en un mercado americano en declive: en los diez años anteriores, la producción había caído de 1.200 a 600 toneladas, pero la de Consol se había mantenido constante, y habían ganado cuota de mercado.
Estos brillantes inversores españoles vieron las ventajas de la compañía, y apostaron por su escindida firma de minería de carbón (Consol Energy) cuando salió al mercado. Sus acciones empezaron cotizando a 30 dólares. Como tenían 29,8 millones de acciones, la compañía estaba valorada en 900 millones. «Nuestro análisis concluyó que la compañía podía generar 250 millones de dólares de beneficios y podía valer alrededor de 100 dólares la acción. A 30 dólares la acción, Consol Energy estaba cotizando solo a unas 3,5 veces lo que calculamos como beneficios normales. Claramente se estaba infravalorando», apunta Bernad.
El mercado americano del carbón está en declive, pero Consol Energy ha conseguido aguantar y crecer por la calidad de su producto
Consol Energy suponía solo un 4-5 % del mercado americano, pero sus activos habían acaparado un 16 % del total de las inversiones acumuladas en todo el país en los cinco años anteriores. Mientras otros productores cerraban, quebraban o no invertían más que lo justo, Consol Energy ponía dinero en sus minas para tenerlas en vanguardia de la técnica y reemplazar sus reservas. «El mercado americano seguía en declive, pero la conclusión de nuestro análisis del sector de generación de electricidad es que todavía quedaban varias décadas para que cerrasen las últimas centrales. En todo caso, Consol sería uno de los últimos minando carbón en el país, y aún después tenía capacidad de seguir vendiendo en el mercado global. Con Asia todavía creciendo en su consumo de carbón, Consol tenía larga vida por delante, algo que contrastaba radicalmente con los menos de cuatro veces los beneficios anuales implícitos en la cotización», relata Bernad.
La prueba del mercado: la acción cae a 3,5 por el covid
El covid provocó una caída fuerte en la demanda y los precios del carbón, y en la cotización de Consol Energy. Llegó a desplomarse casi un 90 %, hasta mínimos de 3,5 dólares por acción. «Nos agarramos a nuestra convicción y seguimos comprando durante la caída. Es uno de los pilares fundamentales de nuestra filosofía de inversión: construir una convicción que te dé el coraje para llevar la contraria al mercado», explica Bernad.
Hacerlo no es fácil, porque las cotizaciones bajan por algo. «Solo una fuerte convicción basada en el trabajo duro y exhaustivo, un método que ya ha sido probado y ha dado resultados, te da la confianza. El segundo pilar fundamental es que nuestros co-inversores en los fondos están alineados con esa filosofía a largo plazo, y tampoco se arrugan ante las caídas», añade Bernad. Como dice este experimentado inversor, es un hecho que la mayoría del mercado invierte a corto plazo, algo que «es mucho más difícil», pues los inversores juzgan a los gestores según las rentabilidades de trimestres o de un año.
«Apenas existen ejemplos en la historia de gestores que hagan buenas rentabilidades siquiera todos los años. Si inviertes a corto plazo, estás condenado a que el mercado te castigue tarde o temprano. Por el contrario, sí hay ejemplos de gestores que baten al mercado si medimos la rentabilidad en periodos largos, de varios años», añade. El propio Warren Buffett, el mejor gestor de todos los tiempos, tuvo varios periodos malos y se le puso en cuestión, a pesar de acumular rentabilidades extraordinarias durante casi seis décadas.
Si inviertes a corto plazo, estás condenado a que el mercado te castigue tarde o temprano
Azvalor perseveró y acabó teniendo el 15 % de Consol Energy, el máximo permitido por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), y se convirtió en una de sus principales inversiones. El precio de la acción comenzó a recuperarse en 2021, y lo hizo con mucha más fuerza en 2022. Al iniciarse la recuperación empezaron a vender, y terminaron soltando sus ultimas acciones a 78 dólares en 2022. Vendieron por debajo de los 100 dólares a los que habían proyectado que podían llegar, pero lo hicieron porque ya habían ganado suficiente y les habían surgido otras ideas mejores.
Las acciones no solo terminaron llegando a los 100 dólares: alcanzaron los 131 en noviembre de 2024. En mínimos del covid (3,5 dólares la acción), la compañía tenía una valoración total implícita de unos 100 millones de dólares, mucho menos que los 250 millones que Azvalor calculaba como beneficios normales en un año. Pocos años después llegó a ganar más de 450 millones de dólares, 4,5 veces de lo que valía en mínimos. En los máximos de 2024, la compañía valía 4.700 millones de dólares, y con frecuencia el volumen de negociación superaba los 200 millones de dólares en un solo día en la bolsa de Nueva York.
Encarrilado el negocio, uno de los inversores más brillantes de todos los tiempos, Charlie Munger, compró acciones de Consol Energy pocos meses antes de fallecer, a finales de 2023. Con ellas y las adquiridas de otra compañía de carbón (Alpha Metallurgical Resources), los herederos del socio de Warren Buffett se estaban embolsando ya más de 50 millones de dólares de ganancias en noviembre de 2025, según se relataba en un artículo de The Wall Street Journal. Munger se caracterizaba por preferir comprar acciones de negocios de buena calidad a un precio razonable que de malos negocios a un precio de derribo. Con ello refrendaba los activos privilegiados de Consol Energy, su gran cultura de compañía y la calidad del equipo directivo que antes que él ya habían descubierto los brillantes inversores españoles de Azvalor.