España, la única economía del mundo donde todo sube menos la realidad
La economía española no necesita más relatos, sino más verdad
Hay momentos en los que la estadística deja de ser una herramienta para medir la realidad y se convierte en un instrumento para fabricar una realidad parecida a Alicia en el País de las Maravillas.
España, en estos momentos, vive exactamente eso. El INE está a punto de publicar los resultados del cuarto trimestre y, desde este artículo, vamos a sugerirle dónde debería arreglar sus pufos estadísticos, que son unos cuantos y, por cierto, muy burdos.
En los resultados del PIB de los nueve primeros meses del año nos encontramos con dos «estupideces mastodónticas». En ese período, la inflación real fue del 1,7 %, pero el deflactor de las exportaciones –es decir, lo que han subido los precios de los productos que exportamos– apenas fue del 0,3 %. Esto ya demuestra que en el INE se hacen los cálculos demasiado deprisa para ajustar el PIB.
Pero hay un segundo caso mucho más llamativo: resulta que el sector financiero y asegurador es el que, según el INE, ha visto caer sus precios un 7,6 %.
Claro que, después de ver lo publicado por el CIS de José Félix Tezanos –donde asegura que el PSOE ganaría las elecciones por nueve puntos– y después de escuchar a Pedro Sánchez en el Investors Day decir que la economía española va a ser la mejor del mundo y que somos un valor refugio, la cosa encaja todavía más. Hasta el propio Tezanos se ve obligado a corregirse de forma indirecta cuando reconoce que la segunda mayor preocupación de los españoles es, precisamente, que la economía va mal (la primera, la vivienda).
Empecemos por los datos, porque los números, a diferencia de los discursos, no tienen carné de partido. Las exportaciones de bienes han crecido un 0,8 % en términos nominales, pero un 0,5 % en términos reales. Eso significa que los precios de exportación apenas han subido un 0,3 %. Y aquí surge la primera pregunta: ¿cómo es posible que, en un país con una inflación del 1,7 %, donde los costes laborales, energéticos y logísticos han subido, los precios de exportación prácticamente no se muevan?
La respuesta no es sencilla. La única que podría ser correcta sería que las empresas españolas están vendiendo fuera a costa de sus márgenes. No trasladan la inflación a los precios porque perderían cuota de mercado. Es decir, la economía no va como un cohete: va con el freno de mano echado, y las empresas están absorbiendo costes para sobrevivir.
Pero, por otro lado, si eso fuese así, las exportaciones en términos nominales no estarían tan paradas. Lo lógico sería que, si estamos reduciendo márgenes, fuese a costa de vender más. Si no, estaríamos al borde de un suicidio colectivo, porque eso no puede mantenerse mucho tiempo sin consecuencias en las cuentas de pérdidas y ganancias de los exportadores.
El segundo dato es todavía más llamativo. El sector financiero y asegurador, según el INE, ha visto caer su valor agregado nominal un 5 %, mientras que su valor agregado real ha subido un 2,8 %. Resultado: un deflactor del –7,6 %. Es decir, según las estadísticas oficiales, los precios del sector financiero han caído casi un 8 % en un año.
Aquí la pregunta ya no es económica, sino directamente lógica: ¿en qué universo paralelo bajan los precios del sector financiero un 8 % mientras los tipos de interés han estado en máximos y los bancos han incrementado sus ingresos?
Porque lo que está ocurriendo es muy simple: cuando el PIB real no crece lo suficiente para sostener el relato político, se ajustan los deflactores. Cuando se ajustan los deflactores, la economía «crece» aunque los ciudadanos no lo noten. Cuando los ciudadanos no lo notan, se les dice que no lo notan porque están desinformados. Cuando los ciudadanos insisten en que la economía va mal, aparece Tezanos con una encuesta en la que la economía va bien… pero la gente dice que va mal. Es un círculo perfecto. Para el Gobierno, claro.
La última encuesta del CIS es un monumento a la contradicción. Según Tezanos, Sánchez ganaría las elecciones por ocho puntos. Ocho. En un país donde la economía es la segunda mayor preocupación. En un país donde los salarios reales han perdido poder adquisitivo. En un país donde el precio de la vivienda se ha disparado. En un país donde el paro efectivo apenas ha bajado un 5,8 % en cuatro años. En un país donde la deuda pública ha crecido en 493.000 millones desde 2020. Pero no se preocupen: según Tezanos, todo va bien. Y si no lo ven, es que no miran la encuesta correcta.
Volvamos a los deflactores, porque ahí está la clave. El deflactor de exportaciones sube un 0,3 %. El deflactor del sector financiero baja un 7,6 %. La inflación real es del 1,7 %. ¿Qué significa esto? Significa que la economía española, según las estadísticas oficiales, es capaz de generar más producción real sin subir precios e incluso bajándolos en sectores clave. Es decir, España habría logrado lo que ningún país desarrollado ha conseguido: crecer sin inflación en sectores donde los precios nunca bajan. Ni Alemania, ni Francia, ni Estados Unidos, ni Japón. Solo España.
Aquí es donde el relato se derrumba. Porque cuando los deflactores se comportan de forma incompatible con la inflación real, la economía deja de medirse y empieza a construirse. Cuando la economía se construye desde un despacho, los datos dejan de ser un reflejo de la realidad y se convierten en un reflejo de las necesidades políticas del momento.
El Gobierno necesita que el PIB crezca.
El INE necesita que los deflactores cuadren.
Y Tezanos necesita que la encuesta confirme que todo va bien.
Mientras tanto, los ciudadanos necesitan llegar a fin de mes.
La economía española no necesita más relatos. Necesita más verdad. Y la verdad, por incómoda que sea, siempre acaba apareciendo. Aunque algunos prefieran esconderla detrás de un deflactor imposible o de una encuesta inverosímil.