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José Manuel Cansino

Por qué la crisis en Irán disparará más el precio del diésel que el del petróleo

Para producir diésel apto para su uso, las refinerías deben realizar un proceso intensivo de hidrocraqueo que consume cantidades masivas de hidrógeno. Este hidrógeno se produce a partir del gas natural

La Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) acaba de publicar su último boletín mensual en el que reporta, entre otros muchos datos, el acumulado de importaciones españolas de crudo de petróleo y gas natural hasta noviembre de 2025. EE.UU. es, hasta la fecha, nuestro principal proveedor de petróleo en una cartera de suministradores muy diversificada para reducir la vulnerabilidad española a la hora de garantizar el suministro de tan importante recurso energético.

Las importaciones de crudo de petróleo estadounidense representaron el 15,2 % del total importado y en volumen le siguen a corta distancia, Brasil (13,6%), Méjico (12,3%) y Nigeria (10,2%). El petróleo comprado a los dos proveedores de Oriente Medio –Arabia Saudita e Iraq–, representa conjuntamente el 10,4 % (casi repartido por mitad). La fotografía para el año 2024 era muy similar; los mismos cuatro países citados, en el mismo orden y similar magnitud, eran nuestros principales proveedores.

Antes de la pandemia, nuestra cartera de suministradores era, sin embargo, muy diferente. EE.UU. apenas aportaba el 2,9 % del total de las importaciones y Brasil sólo el 3,6 %. Arabia Saudita era un importante proveedor y también Libia, ambos con una cuota superior al 10%. Los únicos que antes y ahora han mantenido su peso han sido Méjico y Nigeria. EE.UU. ha multiplicado su cuota por más de 5 en estos seis años y Brasil lo ha hecho por casi 4.

Una importancia matización debe ser hecha. No son los países los que suministran a España ni el estado español el que compra, tanto quienes venden como quienes compran son compañías habitualmente privadas, si bien existe también alguna de propiedad estatal como la importante Aramco saudita. En definitiva, España, a diferencia de China y de India, no se ve afectada directamente por el cierre del Estrecho de Ormuz, aunque sí por la subida del precio ya se que trata de un mercado internacional en el que España toma como referencia el que alcanza la variedad de petróleo Brent.

La cartera de proveedores de gas natural a España está mucho menos diversificada y, por tanto, nuestra vulnerabilidad es mucho mayor. En el acumulado de importaciones hasta noviembre el año pasado, el músculo norteamericano sobresale con un 30 % del total pero por detrás de Argelia, que da por amortizado su enfado con el presidente Sánchez por el cambio de postura en el asunto de El Sáhara. Argelia fue el principal suministrador de gas natural en 2025 con una cuota del 34,6 % (la mayor parte por el gaseoducto Medgaz). Para sorpresa e incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace, ahí sigue Rusia vendiéndonos gas natural en un porcentaje del 11,5 sobre el total. Entre 2024 y 2025, EE.UU. casi multiplicó por dos su cuota, Argelia la redujo en unos dos puntos y Rusia la bajó casi a la mitad.

EE.UU. ha multiplicado por tres su importancia como proveedor de petróleo

Igual que ocurre con el crudo de petróleo, las importaciones españolas de gas natural han cambiado en buena parte el perfil de su origen. EE.UU. ha multiplicado por tres su importancia como país suministrador. Argelia se mantiene como primer proveedor mientras que Nigeria, también gran proveedor de petróleo, lo es ahora menos de gas natural. Rusia representaba en 2019 más del 8% de suministro total pero el gran cambio lo encontramos en Qatar. El país que domina la cantidad de gas que atraviesa el estrecho de Ormuz no está ahora en la cartera de proveedores a España pero en 2019 tenía una cuota del 11,7%.

El precio del gas ha subido más que el del petróleo tras los ataques de Israel y EE.UU. a Irán. Aunque, como se ha dicho, España no importa gas de Qatar, esto no impide que el precio internacional de este recurso suba y tenga un especial impacto en el precio de diésel. Incluso si el petróleo venezolano se usa como reemplazo para el que quede atrapado temporalmente en el Estrecho de Ormuz.

El precio del gas es mucho más determinante al procesar petróleo venezolano, debido a que este es un crudo «pesado y amargo» con un altísimo contenido de azufre y metales. Para convertirlo en un diésel apto para su uso, las refinerías deben realizar un proceso intensivo de hidrocraqueo que consume cantidades masivas de hidrógeno. Este hidrógeno se produce a partir del gas natural, por tanto, cualquier subida en su precio encarece drásticamente el refinado de este crudo complejo.

Por el contrario, el petróleo de fracking estadounidense (WTI) es un crudo «ligero y dulce», lo que significa que es naturalmente más limpio y fácil de romper. Al requerir mucho menos tratamiento químico y menos hidrógeno para eliminar impurezas, su transformación en diésel es significativamente más barata y menos sensible a las fluctuaciones del mercado del gas natural. Ya veremos si hasta dónde y durante cuánto tiempo llega la subida.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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