Los 21.000 millones a las comunidades son un regalo político para justificar los 4.7000 de ERC
La realidad es que las comunidades autónomas no necesitan ni un euro más. No están en déficit, no están asfixiadas, no están al borde del colapso. Todo lo contrario: tienen superávit
Hay decisiones políticas que, por mucho que uno intente comprenderlas, solo se explican desde la necesidad de pagar favores.
Lo que está ocurriendo con la propuesta de Hacienda de transferir 21.000 millones de euros adicionales a las comunidades autónomas es uno de esos casos de manual. No hay justificación económica y no hay urgencia financiera. Lo único que hay es un intento desesperado de vestir de financiación autonómica lo que en realidad es un pago político: los 4.700 millones de euros pactados con ERC. Como ese pago aislado sería un escándalo monumental, la solución es sencilla: inflar la cifra, repartir un poco a todos y esconder el regalo dentro del paquete.
El problema para el Gobierno es que los datos oficiales de la IGAE desmontan por completo el relato. Cuando los números contradicen la propaganda, no queda más remedio que explicarlo.
Yo en este diario no suelo hablar de ideología, ni de planteamientos políticos ni siquiera de debates teóricos, ni de interpretaciones creativas. Siempre me gusta hablar del dinero público. Del dinero de los contribuyentes y de las empresas, porque parece que a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y a este Gobierno, se les olvida que el dinero no es suyo, es de quien se lo da, muchas veces a regañadientes, como ahora que estamos siendo expoliados. Porque cuando se acuerda regalar el dinero recaudado en el fondo se está jugando con las cosas de comer y aquí es cuando no puedo quedarme callado.
La realidad es que las comunidades autónomas no necesitan ni un euro más. No están en déficit, no están asfixiadas, no están al borde del colapso. Todo lo contrario: tienen superávit. Sí, superávit. Y no un superávit marginal o anecdótico, sino uno perfectamente claro y cuantificable.
Las comunidades no están asfixiadas porque la recaudación del IRPF en los últimos 7 años ha crecido más de un 70 % y la del IVA casi un 50 %
Entre enero y octubre de 2025, los ingresos autonómicos han alcanzado los 225.036 millones de euros, mientras que los gastos se han quedado en 221.300 millones. El resultado es un superávit de 3.736 millones. ¿Dónde está, entonces, la supuesta urgencia financiera que justificaría una transferencia extraordinaria de 21.000 millones más todos los años? No está. No existe. Es un invento político.
No nos olvidemos que las comunidades no están asfixiadas porque la recaudación del IRPF en los últimos 7 años ha crecido más de un 70 % y la del IVA casi un 50 %. Lo de Cataluña es una cuestión diferente, los 387 chiringuitos que mantienen y que consolidan con los presupuestos catalanes son muy caros y difíciles de mantener porque están llenos de politiquillos y politicastros.
Para que lo tengan claro, este es el cuadro que he elaborado:
Si analizamos la evolución de los ingresos, la conclusión es todavía más evidente. Los ingresos totales crecen un 3,5 %, pero el motor real es la recaudación impositiva, que sube un 6,8 %. Ya sabemos por qué: inflación, IRPF, IVA y cotizaciones. No es eficiencia, no es crecimiento real, no es una mejora estructural. Es simplemente que, cuando los precios suben, Hacienda recauda más. Es la magia de la inflación: empobrece a los ciudadanos, pero engorda las arcas públicas. Esa recaudación automática es la que está sosteniendo las cuentas autonómicas.
Mientras tanto, las cotizaciones sociales bajan ligeramente. La venta de bienes y servicios crece de forma moderada, coherente con la inflación, y los «otros ingresos» apenas se mueven. Es decir, el único motor real del aumento de ingresos es la subida de precios.
La parte del gasto también es reveladora. Los gastos autonómicos crecen un 5,4 %, bastante más que los ingresos. Y aun así, insisto, hay superávit. Esto significa que las comunidades no están recortando, no están ajustando, no están sufriendo tensiones financieras. Están gastando más, bastante más, y aun así les sobra dinero.
El desglose del gasto confirma que no hay ninguna emergencia financiera. Los consumos intermedios suben un 5,7 %, los salarios un 2,8 % y falta diciembre, que disparará la cifra, los intereses un 6,6 %, las prestaciones sociales un 5 %, las subvenciones un 8,5 % y los «otros gastos» un 10 %. Nada de esto es compatible con una situación de asfixia. Una administración que está aumentando todas sus partidas de gasto, algunas de forma muy significativa, no es una administración que necesite un rescate. Es una administración que está perfectamente financiada.
¿Cómo puede justificar Hacienda que necesitan 21.000 millones adicionales? ¿Cómo puede sostenerse que están infra financiadas cuando gastan un 5,4 % más y aun así cierran con superávit?
Si no hay excusa para el regalo, queda demasiado evidente que los 4.700 millones pactados con ERC son un pago político puro y duro
La respuesta es sencilla: no se puede justificar. Por eso necesitan inventarse un problema. Por eso necesitan construir un relato de «financiación insuficiente». Por eso necesitan repetir que las comunidades están asfixiadas. Porque si no hay problema, no hay excusa para el regalo. Y si no hay excusa para el regalo, queda demasiado evidente que los 4.700 millones pactados con ERC son un pago político puro y duro.
Hay que mantener la mayoría parlamentaria a cualquier coste, porque, si solo se transfiere dinero a Cataluña, el escándalo sería demasiado evidente.
Así que se hace lo de siempre: se mete todo en un paquete grande, se reparte un poco a todos y se camufla el pago dentro del conjunto. Es el truco del trilero, mover las bolitas hasta que nadie sepa dónde está el dinero.
Pero esta vez el truco es demasiado burdo. Los datos oficiales lo desmontan. Las comunidades Autónomas no necesitan 21.000 millones de euros. No los necesitan para financiar servicios públicos, no los necesitan para cubrir déficits inexistentes, no los necesitan para equilibrar sus cuentas. Lo único que necesitan es que el Gobierno deje de utilizarlas como excusa para pagar favores políticos.
Como diría Pepito Grillo, cuando se juega con las cosas de comer, no se puede mentir sin que te crezca la nariz. Y en este caso, la nariz ya no cabe en la pantalla.