El accidente de Adamuz se carga el contrato del AVE a La Meca, y lo que queda
El Gobierno español sigue empeñado en frases grandilocuentes, pero la incompetencia y la ausencia absoluta de gestión necesitan que se marchen cuanto antes
El ministro de Transportes, Óscar Puente (i), y Luis Pedro Marco de la Peña (d), presidente de Adif.
Hay semanas que dan ganas de llorar. Ocurre de todo y parece que no pasa nada. Como si la realidad que nos golpea una y otra vez solo exigiera resignación. Pero así estamos. Y aunque cueste volver sobre lo ocurrido, creo que los datos hay que archivarlos para cuando las sentencias de los tribunales empiecen a abrirse camino en este estercolero.
Empezando por lo último, el viernes nos enteramos de que el contrato del AVE a La Meca se aplaza sine die a causa de la tragedia de Adamuz. Hay quien pensará que hablar de contratos cuando aún no hemos enterrado al casi medio centenar de fallecidos es una frivolidad, pero es útil para entender que lo que pasa en España. Aunque a nosotros nos pille hartos y anestesiados, tiene una inmediata y efectiva repercusión en el extranjero.
La cancelación del viaje parecería normal, pero el contrato ya estaba firmado
El ministro de Transportes Óscar Puente tenía previsto viajar esta semana para mantener un encuentro con las autoridades de Arabia Saudí y firmar la prolongación del acuerdo y el mantenimiento del corredor del AVE entre Medina y La Meca, el mayor contrato internacional público-privado de la historia de las empresas españolas.
La cancelación del viaje parecería algo normal dadas las circunstancias, pero la firma del contrato, que estaba redactado y pactado desde hace semanas, se ha suspendido sine die según fuentes del Gobierno español, que ha debido informar a las empresas implicadas en el viaje. Pero la reunión de Riad era algo más que la prolongación del contrato del AVE a La Meca. En el encuentro estaba previsto también negociar otros posibles contratos, todos ellos relacionados con la movilidad y el transporte. Se pueden imaginar cómo va a ser ahora la negociación.
En 2012 Arabia Saudí adjudicó a España, gracias a los buenos oficios del entonces rey don Juan Carlos, la construcción y mantenimiento del corredor de 450 kilómetros entre Medina y La Meca. En la operación participaron empresas como Renfe, Adif, Ineco, Talgo, Copasa, Cox, Siemens, Vinci, Indra, OHLA e Imanthia. La adjudicación a España provocó un terremoto con Francia al imponerse la oferta española a la del país vecino pilotada por Alstom. La venganza francesa, como siempre, no tardó en llegar. Pero esa es otra historia.
Queda ahora por ver cómo afecta a otros contratos que la alta velocidad española mantiene en lugares como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido o los Países Bálticos
Lo ocurrido en Adamuz (Córdoba) ha sido un golpe mortal a la industria española de la alta velocidad. La ausencia, aún a día de hoy, de datos fiables sobre los motivos del accidente, no sólo no han permitido otras especulaciones en el extranjero, sino que han tenido un efecto inmediato, como el acuerdo con Arabia Saudí. Queda ahora por ver cómo afecta a otros contratos que la alta velocidad española mantiene en lugares como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido o los Países Bálticos.
El de Arabia, que concluía en 2038, estaba en su cuarta fase, e incluía la compra de 20 trenes (800 millones de euros). Podría reconducirse la cosa, pero los problemas de Fomento y del AVE no vienen solo del exterior. Y nada como el fuego amigo para entender de verdad lo que está pasando dentro de España.
La Generalitat de Cataluña -por si no fuera suficiente lo de Adamuz-, ha atribuido su accidente de Gelida, también esta semana, a la falta de inversión del ministerio de Fomento. Así de claro.
Damiá Calvet, consejero de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, ha achacado el accidente del tren de cercanías catalán a la falta de inversiones en la red ferroviaria en aquella comunidad. «El accidente se podría haber evitado con más inversiones», y recordó que el traspaso en las competencias de Rodalies en 2010 debía ir acompañado de grandes inversiones, pero que sólo se han ejecutado el 12 % de ellas. Ya lo decía: nada como el fuego amigo para conocer dónde radica el verdadero problema de lo que está pasando en España.
Las cercanías catalanas transportan diariamente a unas 400.000 personas, pero el accidente de Manresa es el segundo siniestro mortal en vías de la R4 en menos de tres meses, después de que en noviembre del año pasado un desprendimiento provocara el descarrilamiento y muerte de uno de los pasajeros. ¿Qué está pasando en nuestros trenes? Pues no es solo que en España no se construya vivienda, sino que la ausencia de inversiones del Ministerio de Fomento ha estallado con toda crudeza con todos estos accidentes. No se construyen carreteras en España, y la inversión en mantenimiento de los trenes se ha desplomado.
A Óscar Puente se le ha llenado la boca estos días con cifras bastante torticeras sobre las inversiones de su ministerio en Infraestructuras
A Óscar Puente se le ha llenado la boca estos días -ha estado muy activo y compungido en todos los medios de comunicación- con cifras bastante torticeras sobre las inversiones de su ministerio en Infraestructuras, y lógicamente en la ferroviaria. Pero a estas alturas ya sabemos que los datos se pueden manipular casi siempre. Y no hace falta que acudamos a la Generalitat para comprobarlo.
Según el Observatorio del Ferrocarril en su edición de 2023 (última disponible), es verdad que en 2024 se invirtió más dinero en mantenimiento que en 2005. Pero el dato no es real. Debe ir acompañado, lógicamente, del gran crecimiento de la alta velocidad desde entonces. Y las cosas cambian notablemente si analizamos el gasto por kilómetro de nuestra red de ferrocarriles. En 2024, España gastó 118.129 euros/kilómetro de alta velocidad; mientras que en 2005 la inversión era de 182.636 euros/kilómetro. Es decir, que el gasto hace 20 años era un 154 % por kilómetro construido respecto a 2024. Y eso por no hablar del incremento de pasajeros y de compañías que operan hoy en las mismas vías. Y es que cuando les digo que los Presupuestos Generales del Estado son fundamentales para un país, no solo hablamos de dinero, sino también de inversiones, mantenimiento y seguridad.
En vez de analizar estos datos tan evidentes, el Gobierno español sigue empeñado en frases grandilocuentes. Pedro Sánchez dijo esta semana en Bruselas que la alta velocidad es un «orgullo» y que van a trabajar para restablecer la confianza en ella, como si los accidentes de Adamuz y Gelida hubieran sucedido en otro país. También defendió que su Gobierno había gestionado la información con «transparencia y lealtad institucional» asumiendo «todas las responsabilidades». Ante estas palabras no cabe siquiera avergonzarse, como dice Gabriel Rufián, que le ocurre; tampoco esperar que un Parlamento inexistente e incapaz de controlar al Gobierno haga nada. Pero la incompetencia y la ausencia absoluta de gestión necesitan que se marchen cuanto antes.