Para el experto, este modelo responde a una lógica de control social más que de desarrollo económico
Empleo
Pablo Gil, experto en economía: «Un 50 % de los jóvenes quieren ser funcionarios»
Según argumenta, se prioriza la comodidad inmediata frente al esfuerzo que implica formar ciudadanos críticos, emprendedores y responsables
Que cerca del 50 % de los jóvenes aspire a ser funcionario no es solo una estadística llamativa, sino un síntoma que preocupa a muchos analistas económicos. Entre ellos, Pablo Gil, experto en economía y divulgador financiero, que ha sido especialmente crítico con el modelo de incentivos que se está construyendo en España y en otros países occidentales.
«¿Pero estamos locos o qué? ¿Qué clase de país estás construyendo?», se pregunta al analizar esta tendencia. A su juicio, el problema no es el empleo público en sí, sino el mensaje que se traslada a las nuevas generaciones: la seguridad como objetivo supremo frente al esfuerzo, el riesgo o la ambición de prosperar.
«Tienes que montar una regulación y un proceso impositivo que anime a la gente a querer tener más, a querer prosperar, a querer ganar más, a querer triunfar. Y estamos haciendo justo lo contrario», afirma.
Para el experto, este modelo responde a una lógica de control social más que de desarrollo económico. «Es mucho más fácil gestionar un rebaño que una jauría», sostiene, en referencia a una ciudadanía cada vez menos crítica y más dependiente. «La gente dócil es muy fácil. Es no pensar. Es darles un mínimo de felicidad y que no den guerra».
Gil compara esta dinámica con una escena cotidiana: padres que, ante el cansancio, entregan un móvil a sus hijos para evitar conflictos. «Al principio intentas razonar, hablar con él, convencerle… pero es un trabajón y casi nunca funciona al principio», explica. La solución rápida —el móvil— es más cómoda, pero también más perjudicial a largo plazo. «¿Qué has hecho? Estás idiotizando», sentencia.
Comodidad inmediata frente al esfuerzo
Según el experto, esa misma lógica se aplica a la sociedad actual: se prioriza la comodidad inmediata frente al esfuerzo que implica formar ciudadanos críticos, emprendedores y responsables. «Ese camino es duro, incómodo, pero es el único que construye algo sólido», advierte.
En definitiva, Pablo Gil alerta de que fomentar una sociedad conformista puede facilitar la gestión política a corto plazo, pero empobrece el tejido económico y social a largo plazo. «Estamos idiotizando a la sociedad», concluye, lanzando una reflexión incómoda pero necesaria sobre el rumbo que se está tomando.