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Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta, en el centro de la imagen

Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta, en el centro de la imagenEl Debate

Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta: «En España hay médicos e ingenieros con una capacidad intelectual superior a la de muchos inversores»

El cofundador de esta compañía de tecnofinanzas contó su experiencia de emprendimiento en una nueva edición de los encuentros CIMA

El pasado jueves, CIMA celebró una nueva edición de sus encuentros en su sede habitual, La Favorita, situada en el número 25 de la calle Covarrubias, en el madrileño distrito de Chamberí. El evento volvió a consolidarse como uno de los principales espacios de reunión para jóvenes con inquietudes profesionales que buscan escuchar y aprender de referentes destacados del ámbito empresarial.

En esta ocasión, el invitado fue Ramiro Iglesias, consejero delegado y cofundador de Crescenta, una compañía de tecnofinanzas que ha irrumpido en el sector financiero español con la intención de facilitar el acceso a la inversión en grandes fondos a un público más amplio. Ante un auditorio completo, Iglesias repasó su trayectoria personal y profesional, marcada, según explicó, por una constante «inquietud y afán de superación». Ese impulso le llevó desde sus primeras experiencias en los mercados hasta ocupar hoy la dirección de una firma que gestiona más de 300 millones de euros en fondos de Private Equity.

Durante la conversación, el empresario relató cómo surgió su interés por el mundo de las finanzas siendo todavía adolescente. Tenía 14 años cuando observó a su padre, ya jubilado, enfrentarse al desafío de administrar su patrimonio personal. Aquella experiencia temprana, según recordó, influyó decisivamente en su forma de entender la formación y el trabajo. «En mi casa todo era muy binario: me decían que seis meses de trabajo valían más que dos años de estudio», explicó. Con esa filosofía en mente, optó por cursar Administración y Dirección de Empresas en el extranjero con la intención de incorporarse lo antes posible al entorno profesional.

Ese camino le condujo a Wall Street, donde logró abrirse paso gracias a una vocación muy definida por los mercados financieros. «Veían a un tío 'friki' que tenía una vocación y un interés clarísimo por trabajar en esto», recordó. Aquella pasión fue clave para desenvolverse en un entorno extremadamente competitivo y exigente.

Su progresión fue rápida. Con apenas 25 años, asumió la responsabilidad de gestionar la tesorería de un banco adquirido por BBVA en Estados Unidos, que manejaba una cartera valorada en 1.500 millones de euros. Poco tiempo después, esa cifra aumentó hasta los 10.000 millones. Iglesias describió aquella etapa como un periodo de enorme intensidad profesional, con jornadas frenéticas y una dinámica muy similar a la que muestran las películas ambientadas en los parqués financieros, rodeado de pantallas, teléfonos y decisiones constantes. Sin embargo, pese al éxito económico y profesional, comenzó a experimentar una profunda reflexión personal. «Me di cuenta de que no quería ser como mis jefes. Hacía algo que se me daba bien y ganaba dinero, pero no era mi lugar».

Ese momento de replanteamiento le llevó a matricularse en un MBA en la Universidad de Columbia. Allí, una asignatura titulada Napoleon’s Glance cambió su manera de concebir el emprendimiento. En ese curso aprendió que la clave para crear proyectos exitosos no siempre reside en la creatividad absoluta, sino en la capacidad de observar modelos que funcionan y aplicarlos con inteligencia.

Iglesias explicó que Napoleón estudiaba las batallas del pasado para replicar estrategias que ya habían demostrado ser eficaces. Esa idea marcó su paso posterior por Antai, el venture builder responsable del nacimiento de empresas como Glovo o Wallapop. «Allí comprendí que el éxito reside en identificar modelos que ya triunfan para adaptarlos con excelencia. Decidí dejar de intentar ser el más innovador para centrarme en ejecutar mejor que nadie», explicó.

De esa filosofía surgiría Crescenta, una iniciativa empresarial inspirada, según detalló, en dos conceptos japoneses que guían su forma de trabajar. El primero es el Ikigai, entendido como la plenitud profesional al encontrar un propósito claro. El segundo es el Shokunin, una idea asociada a la búsqueda constante de la perfección en el trabajo para honrar al cliente.

Esta última noción se ha convertido en uno de los pilares de la cultura interna de la compañía. Iglesias señaló que en el sector financiero la reputación lo es todo y que cualquier error puede tener consecuencias graves. «En un negocio financiero, la mayor amenaza es una crisis reputacional. Por eso hemos invertido tanto en procesos y en atraer un talento potente; para que el engranaje sea perfecto», explicó. A su juicio, la tecnología acabará convirtiéndose en un elemento común dentro del sector, por lo que la verdadera ventaja competitiva residirá en construir una marca sólida basada en la confianza y la experiencia.

Esa atención al posicionamiento de marca también marcó el lanzamiento de Crescenta. Lejos de apostar por una estrategia improvisada, el equipo diseñó previamente una campaña educativa destinada a generar interés antes de la apertura de la plataforma. Este enfoque permitió crear una amplia base de datos de potenciales inversores incluso antes del lanzamiento oficial. Cuando finalmente comenzaron a operar, la respuesta fue inmediata. «Generamos un FOMO real. Comunicamos que los grandes patrimonios ya estaban entrando y el efecto bola de nieve hizo el resto».

El resultado fue, según detalló, especialmente rápido. «Levantamos 7 millones en las primeras tres horas y 120 millones en el primer año, cumpliendo en seis meses nuestro objetivo a tres años vista».

Más allá de los números, Iglesias quiso reivindicar el papel del inversor minorista. Durante su intervención criticó el enfoque «paternalista» que, a su juicio, ha predominado durante años en parte de la banca tradicional. «En España hay médicos, ingenieros y desarrolladores con una capacidad intelectual que supera a la de muchos profesionales de la inversión; ellos tienen el derecho y la capacidad de invertir en Private Equity, y para ellos hemos construido esta plataforma», afirmó.

Antes de concluir el encuentro, el empresario también reflexionó sobre la cara menos visible del liderazgo empresarial, marcada por la presión constante y la falta de descanso. Aun así, insistió en la importancia de mantener un propósito claro incluso cuando llegan los éxitos económicos.

Su intervención finalizó con una reflexión personal que resume su trayectoria vital. «Hay que obligarse a ir a los sitios, nunca sabes qué oportunidad te va a cambiar la vida», recordó, al explicar que conoció a su actual cofundador en una cena a la que, en un primer momento, estuvo a punto de no acudir por simple pereza.

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