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Un periódico iraní parodia a Donald Trump tras el fracaso de las negociaciones.AFP

El cierre del estrecho de Ormuz pone en jaque el 20 % del petróleo mundial

El bloqueo anunciado por Trump dispara los precios y tensiona las rutas energéticas, y las alternativas son insuficientes para sustituir el flujo del Golfo

El anuncio de Donald Trump de bloquear el estrecho de Ormuz tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán ha vuelto a encender las alarmas del comercio mundial. Por sus aguas transita una quinta parte del petróleo global y cerca del 20 % del gas natural licuado, lo que convierte cualquier interrupción en un shock inmediato, con Europa como región más afectada.

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y concentra uno de los flujos comerciales más sensibles del mundo. Por este paso marítimo circulan unos 20 millones de barriles diarios de petróleo, cerca del 20 % del total global transportado por mar.

Aunque su anchura mínima es de 39 kilómetros, los carriles reales de navegación apenas alcanzan los tres kilómetros por sentido. Esto obliga a los buques a transitar por aguas controladas por Irán y Omán, y convierte cualquier conflicto militar en un riesgo para el comercio energético.

En los primeros compases de la crisis de 2026, el tráfico se desplomó hasta niveles inéditos, con apenas cinco petroleros diarios frente a los 60 habituales. El precio del Brent superó los 100 dólares por barril, alcanzando picos de 126 dólares. Este lunes, tras el fracaso de las negociaciones, el Brent se situaba a primera hora de la mañana en los 102,85 dólares, un 8 % más que el cierre anterior.

Esta exposición es particularmente relevante en el caso de Europa. Alrededor del 13 % del petróleo y el 6 % del gas que consume la Unión Europea atraviesan este punto y, tras el conflicto con Rusia, el continente ha incrementado su dependencia del gas natural licuado procedente del Golfo.

Y este efecto no se limita a la energía. Los retrasos en las rutas marítimas –de entre 15 y 25 días en algunos casos– están afectando a sectores como la automoción, la electrónica o la industria química, con acumulaciones de carga en hubs clave como Algeciras o Valencia.

A ello se suma el encarecimiento de los fletes. Las navieras han aplicado recargos de guerra de hasta 1,20 dólares por tonelada, elevando el coste final de importación entre un 8 % y un 15 %.

Alternativas insuficientes

Las rutas alternativas, además, no parecen ser capaces de asumir el flujo que pasaba por Ormuz. El oleoducto saudí Petroline permite transportar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo, mientras que Emiratos conecta los campos interiores con el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán.

De hecho, tras el estallido del conflicto, Arabia Saudita elevó sus exportaciones desde sus puertos occidentales hasta 5,9 millones de barriles diarios, muy por encima de la media de 1,7 millones registrada en 2025. En conjunto, ambos países pueden aportar hasta 5,5 millones de barriles diarios adicionales fuera del estrecho.

Sin embargo, estas cifras apenas compensan una parte del problema. Países como Kuwait, Irak, Catar o Baréin dependen casi por completo de Ormuz para exportar su crudo. En el caso del gas natural licuado de Catar, no existe ninguna alternativa viable ya que todo su suministro pasa necesariamente por este punto.

Incluso con las rutas alternativas, las exportaciones de Oriente Medio apenas alcanzan un tercio de su nivel habitual en los momentos más críticos.

Otros mercados

Ante este escenario, el mercado está mirando hacia Sudamérica, una región con menor exposición al contar con varios exportadores netos de energía y una menor dependencia de rutas conflictivas. Sin embargo, su capacidad para sustituir al Golfo es limitada ya que la infraestructura, los tiempos de transporte y la calidad del crudo dificultan una sustitución rápida.