Comercio local en Madrid
Las prisas y la precariedad han dejado al comercio local en estado vegetativo
Este consumo funciona como una idea casi romántica, la del carrito de la compra, la pescadería de la esquina o la ferretería del padre amigo del hijo pequeño
Hay algo casi ritual en responsabilizar al consumidor de la decadencia del comercio local, especialmente cuanto menos edad tiene. Al colectivo de jóvenes se le acusa de haber cambiado los paseos y escaparates por el sofá y el scroll, pero ¿quién es realmente causa y quién es consecuencia? ¿Los Z y los millennials han sido los que dieron la espalda al barrio y sus comercios? ¿O simplemente responde a un contexto de tiempo escaso y salarios tensionados y reducidos a la mínima expresión tras desembolsar dos tercios del sueldo en el alquiler? Sea como fuere, las tiendas locales y la juventud han dejado de hablar el mismo idioma.
Tendemos a pensar que el caníbal ha sido el canal online. Según los datos de Cetelem, hasta un 70 % de las dos generaciones dice preferir la tienda física, aunque esta elección se concentra en formatos de mayor escala: un 74,3 % compra en centros comerciales de periferia y 71 % en grandes superficies especializadas; el comercio local queda bastante por detrás, con un 36,4 %.
Tiempo, precio y conveniencia dicen ser los tres factores que determinan el éxito (o no) del canal. Calles abarrotadas de turistas y tiendas vacías –o convertidas en lo que podría ser un piso franco– es la estampa típica y transversal a todas las comunidades porque hemos elegido la rapidez de un clic y desterrar una conversación offline que nos haga dudar.
El consumo local funciona como una idea casi romántica —la del carrito de la compra, la pescadería de la esquina o la ferretería del padre amigo del hijo pequeño— y tropieza con una realidad económica mucho más áspera: «La crisis de vivienda expulsa a los vecinos de sus propios barrios y rompe el circuito natural de consumo», denuncia la agencia gaditana La Vecina. No poder habitar en el código postal por excelencia hace que no consumamos en él dada las distancias. En paralelo, unos hogares cada vez más empobrecidos ven reducida su capacidad de gasto y son empujados a priorizar el precio por encima de cualquier otro valor.
Por otro lado, la fundadora de la compañía de publicidad y comunicación, Sonia Remero, señala que el comercio local compite en clara desventaja frente a grandes plataformas que dominan en costes y logística. Lo anterior se genera, además, en un contexto donde hay déficit de tiempo que empuja hacia hábitos de compras rápidas o de consumo desde el sofá, lo que termina vaciando mercados tradicionales e, incluso, mercados de abastos: «Muchos con la persiana bajada y reconvertidos y a los que solo acuden las personas mayores».
Así, cada nuevo año amanecemos con un tejido comercial de proximidad más debilitado que evidencia una brecha creciente entre el ideal que se defiende y las condiciones materiales que lo hacen viable. «Realmente lo que está pasando no es culpa del consumidor», sino que hablamos de un problema de precariedad.
Todo se inclina hacia los hipermercados del polígono o marketplaces como Amazon (el cual alcanza un 90 % de penetración), haciendo flaco favor a la población de a pie. Carlos Moreno, creador del concepto de 'la ciudad de los 15 minutos’ y autor de 'El poder de la proximidad', anima a restaurar lo cercano como motor de justicia social y bienestar urbano. El escritor afirma en su obra que la distancia espacial en nuestras ciudades contribuye a la desigualdad de vivienda, la segregación y la injusticia temporal.
Remero aboga por consumir menos y mejor. Es decir, todo lo contrario a la actual tónica habitual. Hoy buscamos tradición, pero a precio de saldo; artesanía, pero sin tiempo; y calidad, pero con descuento. No se trata de una competición entre el comercio de barrio y China. Y es que el verdadero rival de las tiendas de toda la vida es nuestra urgencia.