Pedro Sánchez, durante una reunión con Xi Jinping en Pekín.
Cuarto viaje de Sánchez a Pekín
El balance del acercamiento de Sánchez a Pekín: España compra a China cinco veces más de lo que le vende
El país asiático supone el 10 % de las importaciones y apenas el 2 % de las exportaciones, con un déficit que supera los 42.000 millones
Desde su llegada a Moncloa, Pedro Sánchez ha buscado un mayor acercamiento a China. Con el de esta semana, son cuatro las ocasiones en las que ha visitado el gigante asiático. Pero, a pesar de la aparente buena sintonía con Pekín, los desequilibrios comerciales entre ambos países no han dejado de ampliarse y el déficit se encuentra en máximos.
El saldo negativo con el país asiático superó los 42.000 millones de euros en 2025, el nivel más alto de toda la serie. Lejos de corregirse, el desequilibrio se ha ampliado de forma sostenida durante la última década, impulsado por el fuerte crecimiento de las importaciones. Si en 2011 el déficit se situaba en torno a los 15.300 millones de euros, quince años después prácticamente se ha triplicado.
Si bien es cierto que las exportaciones españolas al gigante asiático han crecido, no lo han hecho lo suficiente para compensar el aumento de las compras. Mientras las ventas han subido un 135 % desde 2011, las importaciones lo han hecho a un ritmo aún mayor, con un incremento del 170 %.
En 2022, año de normalización del comercio tras las restricciones por el coronavirus, las importaciones se dispararon un 40,6 % mientras las exportaciones caían un 7,2 %, provocando uno de los mayores saltos del déficit en toda la serie.
La raíz del problema no está solo en cuánto se comercia, sino en qué se comercia. Entre 2018 y 2025, las principales exportaciones españolas a China se concentraron en productos como carne y despojos comestibles –con el porcino como protagonista– y minerales, especialmente cobre. A estos se suman, en menor medida, productos farmacéuticos y maquinaria.
En cambio, las importaciones procedentes de China están dominadas por bienes industriales y tecnológicos. Solo el capítulo de aparatos y material eléctrico supera los 73.000 millones de euros en el periodo, seguido de maquinaria (46.000 millones) y automoción (más de 16.000 millones), además de un amplio abanico de productos manufacturados como textiles, muebles o juguetes.
Es decir, España exporta productos de bajo o medio valor añadido e importa bienes industriales complejos. En términos de cadena de valor, actúa como proveedor de insumos mientras China ocupa las fases finales de producción.
Esta desigualdad se refleja también en el peso de China dentro del comercio exterior español. Entre 2018 y 2025, el país asiático fue el undécimo destino de las exportaciones españolas, con apenas un 2,26 % del total, muy por detrás de socios como Francia, Alemania o Italia, e incluso de mercados como Marruecos o Polonia. Sin embargo, en el mismo periodo se situó como segundo proveedor de España, concentrando el 10,3 % de las importaciones, solo por detrás de Alemania.
Es decir, España compra a China cinco veces más de lo que le vende. El gigante asiático es un socio marginal para exportar, pero central para abastecerse.
Desequilibrio compartido
Este patrón se repite en el conjunto de la Unión Europea. Según Eurostat, la UE registró en 2025 un déficit comercial con China de 360.000 millones de euros.
Al igual que ocurre en el caso español, el desequilibrio europeo está determinado fundamentalmente por las importaciones, que han crecido con mayor intensidad que las exportaciones. Además, la estructura sectorial es prácticamente idéntica: superávit en alimentos y materias primas frente a déficits en maquinaria, vehículos y productos manufacturados.
Inversión insuficiente
Tampoco España está logrando atraer de forma significativa la inversión china. Entre 2018 y 2025, representó apenas el 1,2 % del total de la inversión extranjera, situando al país asiático en la decimocuarta posición.
Aunque se registró un pico en 2017, con más de 3.000 millones de euros, los flujos posteriores han sido reducidos y volátiles. En 2025, la inversión se situó en torno a los 643 millones, muy lejos de los niveles necesarios para compensar el déficit comercial.
Además, su distribución sectorial muestra una fuerte concentración en energía, con una presencia limitada en la industria productiva, lo que reduce su capacidad para generar un mayor equilibrio en los intercambios.
En este viaje, Sánchez ha pedido «hacer todo lo posible» para corregir el «excesivo» desequilibrio comercial de España y Europa con China. Según el presidente, Pekín ha mostrado «comprensión», pero las estadísticas reflejan que, pese a los acercamientos diplomáticos, el desequilibrio entre ambos países no ha dejado de ampliarse en los últimos años.