La materia prima agrícola sube más que el oro: ¿Cómo afectará al precio de los alimentos?
No es descartable que el mercado espere un aumento de la producción de fertilizantes de Rusia que podría blanquear su procedencia reexportándolos desde algún país, probablemente asiático
Sostiene el analista financiero Juan Ignacio Crespo que las materias primas agrícolas acumulan en lo que va de año una subida del 6,1 %. La magnitud de la subida es importante y supera a la del precio de los metales preciosos (4,9 %) que tanto encandila a los interesados en el lingote de oro como activo físico rentable y seguro.
En su análisis, Crespo analiza la evolución del índice S&P GSCI Spot de precios de los productos agrícolas en el segundo mandato de Trump concluyendo que se parece mucho a la que tuvo en su primer mandato, hasta el punto de que parecen movimientos casi idénticos. El índice S&P GSCI funciona como un indicador puro del movimiento de precios en los mercados agrícolas, aunque, a pesar de su nombre, no toma los precios de compras físicas al contado (spot) de productos agrícolas sino el precio al contado de los contratos de futuros seleccionados por la agencia Standard and Poor’s (S&P).
El pronóstico de Crespo es que los precios más altos de 2026 se habrían alcanzado ya aunque aún oscilarán hasta final de año pero siempre por debajo de los valores actuales. Como él mismo reconoce, su pronóstico contrasta ampliamente con la opinión extendida de que habrá escasez de alimentos por la falta de fertilizantes atribuible al bloqueo del Estrecho de Ormuz. Volveremos sobre esto después.
Como señalábamos hace unos días a partir de los datos aportados por Mar Hidalgo, investigadora del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), entre el 20 % y el 30 % de las exportaciones globales de fertilizantes, incluidos urea, amoníaco, fosfatos y azufre, pasan por este estrecho.
El precio de los fertilizantes ha subido marcadamente por el conflicto en el Golfo Pérsico. Por ejemplo, el precio de la urea está acoplado al del gas natural. Los daños provocados por los ataques iraníes a la ciudad industrial de Ras Laffan (Catar), pueden –aunque sobre esto no hay consenso– haber reducido su capacidad de exportación de GNL anual en un 15 %. Sorprende, sin embargo, que la subida del precio de la urea haya sido mucho más marcada que la del gas natural.
No es descartable que el mercado espere un aumento de la producción de fertilizantes de Rusia que podría blanquear su procedencia reexportándolos desde algún país, probablemente asiático. No debería sorprenderlos si tenemos en cuenta comportamientos similares. Por ejemplo, los aranceles más altos impuestos por EE.UU. a los productos chinos redujeron en 2025 las importaciones procedentes de China en aproximadamente un 30 %, pero muchas cadenas de suministro chinas se desplazaron hacia Vietnam y otros países asiáticos.
Rusia, junto con Bielorrusia, concentran aproximadamente el 40% de las exportaciones globales de potasa, el 23 % de amoníaco y entre el 14 % y el 16 % de urea. El hecho de que los fertilizantes y los productos agrícolas rusos hayan quedado, en gran medida, al margen del régimen de sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania, debido a su carácter estratégico para la seguridad alimentaria global, permite a Rusia aumentar su cuota de mercado mundial sin necesidad de tener que enjugar sus fertilizantes a través de la reexportación. Así lo señala Mira Milosevich-Juaristi en un artículo publicado por el Real Instituto Elcano con datos actualizados con IA a partir de FAOSTAT, Comrade y USDA pero que no alcanzan a 2026, años en el que se inició el conflicto con Irán.
El encarecimiento de los fertilizantes está teniendo, además, una importante derivada en la política climática de la Unión Europea (UE). No por compleja, la polémica deja de tener un gran calado. Para evitar la fuga de empresas intensivas en emisiones de gases de efecto invernadero obligadas a comprar derechos de emisión en Europa, la Comisión Europea diseñó un mecanismo de aplicación progresiva. Es un mecanismo de ajuste en frontera (CBAM por sus siglas en inglés) que obliga a pagar a los importadores de seis grupos de productos, cuando proceden de países en los que no se exige un pago similar y entran, por tanto, con precios más competitivos que los que ofrecen las empresas europeas. Entre los grupos afectados están los fertilizantes. Ahora, cuando se importan, su precio se eleva para equilibrar las condiciones de costes de producción de las empresas europeas. En plena escalada de precios esto ha provocado un enfrentamiento entre los representantes de la industria de fertilizantes europea (a favor de aplicar el sobre precio compensatorio) y los representantes de los agricultores (partidarios de permitir su entrada sin ajuste de precio en frontera). Una polémica que estalla en el corazón de la prolija y sofisticada política verde de la UE.
Es pronto para poder saber si la tendencia en los precios de los alimentos será o no alcista. Por ejemplo, en su publicación de mayo de este año, la ONU a través la FAO señala que el aumento de los precios registrado en abril se vio respaldado por las previsiones de una reducción de las siembras de trigo en 2026, ya que los agricultores están optando por cultivos que requieren menos fertilizantes ante los elevados precios de estos últimos relacionadas con el cierre efectivo del estrecho de Ormuz. Un análisis que va justo en la dirección contraria al de Crespo. Habrá que seguir pendiente de esta cuestión tan central.