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Análisis económicoJosé Ramón Riera

Apagón estadístico de Hacienda en pleno expolio fiscal de 120.000 millones

La inflación acumulada beneficia sobremanera a un Gobierno que utiliza estos ingresos para sostenerse y seguir gastando sin control

Antes de entrar en materia, es necesario advertir que algo muy serio está pasando en el Gobierno. No se trata solo de la corrupción, la posible cárcel de Zapatero o de que la nave se esté hundiendo mientras el capitán duerme plácidamente en su camarote, como si la cosa no fuese con él. En mi anterior artículo denuncié que Yolanda Díaz había suprimido el único dato disponible sobre las estadísticas de los fijos discontinuos en el anuario del desempleo que publica el Ministerio de Trabajo. Hoy me corresponde denunciar que la Agencia Tributaria ha eliminado de su estadística mensual de recaudación varios datos de gran interés.

En primer lugar, ha desaparecido el Impuesto sobre la Renta de los No Residentes. Parece claro que la actuación del abogado americano Bob Amsterdam en defensa de los intereses de este colectivo en España, y su ataque a la Agencia Tributaria, ha tenido como consecuencia la censura de dicha información en el informe mensual. En 2025, a estos contribuyentes se les detrajeron de sus bolsillos 5.397 millones de euros, con un incremento del 33,8 %.

También se han volatilizado los datos de recaudación de los impuestos medioambientales, que aportaron 2.108 millones en 2025 con un repunte del 79,6 %. Resalta la evidencia de que a la Agencia Tributaria no le interesa que se conozcan estas cifras.

A ello se suma el Impuesto Especial a las Entidades Financieras, que proporcionó 1.423 millones de euros de ingresos. Se publicó por primera vez en 2025 y, de pronto, la información ha volado. Este año deberíamos haber conocido cuánto crecía este gravamen que pagan los bancos, pero que transmiten a los contribuyentes mediante comisiones y otras penalizaciones.

El Impuesto a la Cerveza, que reportó 336 millones de euros pese a sufrir una bajada del 2,8 %, constituía un indicador nítido de la evolución del consumo y mostraba las dificultades de los ciudadanos para llegar a fin de mes. Por último, el Impuesto sobre las Primas de Seguros, que ascendió a 2.769 millones con una subida del 7,9 %, representa otro tributo que, en última instancia, sufragan los contribuyentes.

En total, ha desaparecido la información relativa a 13.148 millones de euros. No significa que esos importes hayan dejado de ingresarse, sino que el Ejecutivo ya no facilita los datos. No existe ninguna excusa para este apagón estadístico, salvo la pura arbitrariedad. Hacienda dispone de las cifras; si las oculta, es por un motivo espurio: evitar el escrutinio público.

Este hecho es, por supuesto, menos grave que la entrada de la UCO y de la UDEF en Ferraz y en la Dirección General de la Guardia Civil, o el registro policial en el despacho de Zapatero, pero demuestra que este Gobierno tiene demasiado que ocultar y que prefiere la opacidad para evitar problemas mayores. Arcadi España, ministro de Hacienda, y el presidente de la Agencia Tributaria deberían explicar los motivos de esta ocultación.

Además, tendrían que aclarar por qué, pese a que nuestra economía solo creció un 0,5 % en términos nominales al cierre del primer trimestre, la recaudación tributaria se dispara un 10,6 % hasta abril. Eso supone detraer 118.562 millones a ciudadanos y empresas y, de continuar la tendencia, nos llevará a pagar este año cerca de 360.000 millones. En 2025 ya salieron de las cuentas corrientes de los españoles 325.356 millones, un 10,4 % más.

Con las plantillas del nuevo informe –hacía tiempo que no veía un documento tan pobre–, las cifras arrojan conclusiones preocupantes. Los impuestos directos, el núcleo de la recaudación, crecen al cierre de abril un 13,8 %. El repunte se debe al avance del 8,9 % del IRPF, del 28 % en la categoría de «otros» –donde se agrupan los conceptos que ya no se desglosan– y del incremento espectacular del 64 % en el Impuesto de Sociedades.

Los impuestos indirectos crecen un 6,9 % hasta abril. El IVA aumenta un 8,2 %, impulsado principalmente por la inflación, pese a que el INE sostenga que está controlada. El deterioro del consumo se aprecia en los Impuestos Especiales, que en los cuatro primeros meses del año apenas avanzan un 0,1 %. El retroceso es más visible en el alcohol, que cae un 6,1 %, y en los envases plásticos, que retroceden un 4,6 %. También hay partidas afectadas por la rebaja de los impuestos sobre los carburantes: aun así, la recaudación por este concepto sube un 2,4 % en abril, mientras que en la electricidad se desploma un 28,8 %.

En definitiva, la inflación acumulada beneficia sobremanera a un Gobierno que utiliza estos ingresos para sostenerse y seguir gastando sin control. Nos expolian, lo malgastan y, en ocasiones, el dinero termina en bolsillos particulares. Gracias a nuestro esfuerzo fiscal viven miles de asesores, amigos, «primas», «fontaneras», secretarios de organización y porteros de discoteca, a los cuales hay que añadir altos cargos de la SEPI y colocados en organismos públicos superfluos o que, sirviendo para algo como la Agencia Tributaria, se emplean para maquillar las estadísticas del país.

El nuevo Ejecutivo que llegue, esperemos que de signo contrario al actual, debe entrar con la lista de despidos preparada si de verdad quiere cambiar España, bajo la premisa inequívoca de clausurar las instituciones que no sirven para nada.

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