Fundado en 1910
José Manuel Cansino

¿Deben pagar los centros de datos y los transhumanos el Estado del bienestar? León XIV tiene la respuesta

La percepción del cambio que trae la IA no es diferente a otras revoluciones industriales pero sí es más incierto y de mayor impacto poblacional. De ahí la importancia de enfatizar, como hace León XIV, la centralidad humana

Corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce. Siempre disuade arrancar un artículo con un entrecomillado así que, ni una letra más antes de atribuir la primera frase al Papa León XIV. Fue parte de su discurso en el encuentro en Madrid con representantes del mundo de la universidad a lomos de la proclamación como doctor de la Iglesia del profesor John Henry Newman, la cultura en general, la empresa y el deporte. Un discurso sustantivo pero más suave que el memorable pronunciado al día siguiente en el Parlamento español.

Las preguntas de Su Santidad son casi las mismas tres preguntas clásicas de la economía –¿qué producir?, ¿cómo producir? y ¿para quién producir?–. Preguntas que sistematizó el Premio Nobel de Economía Paul Samuelson, en su manual Economics (1948). De diferentes formas, eran cuestiones planteadas desde siglos atrás.

Los defensores del libre mercado sostienen que a la primera pregunta se responde siguiéndole la pista a los precios. Libremente los emprendedores se lanzan a producir aquello cuyo precio sube indicando que hay demanda insatisfecha y dejan de hacerlo con aquello cuyo precio tiende a la baja. Esto sería cierto siempre que el mecanismo de formación de precios fuese perfecto, lo que raramente ocurre.

Si el poder de las grandes tecnológicas se concentra en pocas manos y se impone el social commerce (comprar aquello a lo que nos empuja tik tok o instagram), lo que se produce tiene poco que ver con las necesidades humanas no inducidas.

El para qué se produce responde así crecientemente a la demanda de aquello que nos permite imitar a los influencers en sus muy variadas formas. El efecto es mayor cuanto menor es el nivel educativo del consumidor. Una situación de flagrante inequidad de la que poco se habla.

Me salto la segunda pregunta, que recupero de inmediato y entro en el ¿para quién? Realmente esta es la pregunta que abre la puerta a la distribución de la renta. En definitiva obliga a responder a cómo se reparte lo producido entre la población y de aquí saltamos al debate sobre cuál es el trozo de tarta que se llevan empresarios y accionistas, trabajadores y Estado. Un campo inagotable donde anidan miradas antagónicas sobre lo que se considera una distribución justa o la, también citada por este y casi todos los papas desde León XIII, justicia social.

Sobre la IA el Papa se remite a su recién estrenada Encíclica; Magnifica humanitas. La posición de partida es, en mi opinión, preventiva ante el riesgo del desplazamiento de las personas en los procesos productivos, el ensanchamiento de la sociedad descartada y la consecuente degradación de la dignidad humana.

El célebre economista austríaco Josep A. Schumpeter describió el progreso económico como un proceso de destrucción creadora. Los avances tecnológicos reemplazan viejos procesos por otros nuevos que mejoran eficiencia y acaban mejorando el bienestar, por ejemplo aumentando la esperanza de vida.

Pero en estos procesos de cambio, la destrucción de los viejos empleos por otros nuevos en una suma mayor que cero, no es fulminante. Los periodos de adaptación toman su tiempo y hay quieres pasan de un modo de vida suficiente a la indigencia y quienes emergen de la necesidad hasta alcanzar una vida acomodada.

La percepción del cambio que trae la IA no es diferente a otras revoluciones industriales pero sí es más incierto y de mayor impacto poblacional. De ahí la importancia de enfatizar, como hace León XIV, la centralidad humana en la transición de un modelo a otro que coincide en el tiempo con importantes cambios en los sistemas de gobierno; de las «cracias». La «deudocracia», la monetización del poder militar o la reforzada tecnocracia cuasi oligopólica de quienes diseñan y dominan el proceso de digitalización.

Sin la centralidad de la persona, el Estado del bienestar podría fiar su supervivencia a la tributación de los propietarios de los centros de datos instalados en el espacio y de los impuestos que pagan los transhumanos.

Finalmente, sobre la cuestión migratoria la Iglesia española ha hecho causa común en la defensa de su acogida sin apenas matices. Con trazos no siempre finos la Iglesia quizá orille el dilema entre el reemplazo de una población autóctona víctima de su escogido suicidio demográfico y el mantenimiento de su identidad que, en una parte nada despreciable, se manifiesta en la religión católica; la que soporta el humanismo cristiano.

De las pocas matizaciones a la opción de la acogida ignorando sus aristas está la carta pastoral del Obispo de Huelva, Mons Santiago Gómez Sierra, previa a la pasada Cuaresma.

Escribe el responsable de la Iglesia onubense que tanto para la sociedad que acoge como para las personas que llegan resulta fundamental cuidar y preservar la propia identidad cultural. Apoya su argumento en el difunto Papa Francisco quien en su encíclica Fratelli Tutti, al mismo tiempo que impulsa la dimensión universal de la solidaridad y del amor fraterno, recuerda también la importancia de no perder las propias raíces culturales.

En este sentido, hace suya la siguiente advertencia: No nos olvidemos que «los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política (FT, 14)».

De este modo, la apertura solidaria hacia los demás no debe implicar la renuncia a la propia identidad, sino que debe ir acompañada del cuidado y la valoración del patrimonio cultural de cada pueblo.

León XIV expone a la vez, cuestiones centrales que estamos acostumbrados a abordar de manera muy separada y desde el embarramiento de la cancelación del rival político. Elevar la mirada para encontrar la luz a través del discernimiento a la totalidad de estos desafíos es una recomendación extraordinaria.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas