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Jordi Benítez
La semana económicaJordi Benítez

Escepticismo y desconfianza en la Agencia Tributaria ante la llegada del nuevo 'jefe'

La elección de Antonio Ansón, de un perfil político, acrecienta el temor de que la Agencia se fragmente por Cataluña y sea más difícil perseguir los delitos fiscales. La plantilla también sospecha que seguirá sin avanzar su demandada mejora en la carrera profesional.

Madrid

El nuevo director de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT), Antonio Ansón Latorre (i); el ministro de Hacienda, Arcadi España (c); y la predecesora de Ansón en el cargo, Soledad Fernández Doctor.

REMITIDA / HANDOUT por MINISTERIO DE HACIENDA
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
07/7/2026

El nuevo director de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT), Antonio Ansón Latorre (i); el ministro de Hacienda, Arcadi España (c); y la predecesora de Ansón en el cargo, Soledad Fernández Doctor.MINISTERIO DE HACIENDA

Se pedía un perfil técnico para relevar a la ya ex directora de la Agencia Tributaria, Soledad Fernández, y Antonio Ansón no parece serlo como resultaría deseable. Aunque es inspector de Hacienda desde el año 1999 y ha estado vinculado como técnico de Hacienda a la Agencia Tributaria desde 1988, su perfil es más bien político. Hasta ahora era jefe de gabinete del secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón, con quien Soledad Fernández tenía una relación «malísima», como contábamos la semana pasada, principalmente por no atender su demanda de mejorar la carrera de los empleados de la Agencia y por estar básicamente centrado en la financiación de Cataluña.

Nadie es partidario de una fragmentación dentro de la Agencia Tributaria, porque se pierde la esencia en la lucha contra el fraude fiscal

Como consecuencia de esta mala relación y de la renuncia de Gascón a abordar el acuerdo de carrera, la conflictividad laboral en la Agencia era alta, como reconocen los sindicatos, y el cambio en la dirección no parece que vaya a atenuarlo. En la Agencia conocen algo a Ansón. El nuevo director general de la Agencia Tributaria fue director adjunto de Recursos Humanos de la entidad por un corto espacio de tiempo. Le cesó la directora del departamento, y enseguida fue contratado por Jesús Gascón como su jefe de gabinete en la Secretaría de Estado de Hacienda. Es curioso que primero le echaran por abajo y luego le ficharan por arriba.

Fuentes internas sostienen que no fue buena del todo la imagen que dejó Ansón en el trabajo que desempeñó como responsable del Centro de Atención Telefónica al Contribuyente entre los años 1999 y 2006, y desde los sindicatos no tienen tampoco un buen recuerdo de su paso por Recursos Humanos: «No le veía con mucho espíritu dialogante, ni con una actitud comprensiva», apunta Pablo Burgos, de CSIF. «Como director adjunto de Recursos Humanos, intervino muy poco. Era una persona muy discreta», añade Manuel Porras, secretario general del Sindicato Independiente de la Agencia Tributaria (SIAT).

Entre los 28.000 empleados de la Agencia Tributaria preocupan mucho varios temas. Uno de ellos es el de Cataluña. «Nadie es partidario de una fragmentación dentro de la Agencia Tributaria, porque pierdes la esencia en la lucha contra el fraude fiscal. Ahí hay mucha oposición, sobre todo entre los cargos de arriba», señala una fuente interna de la compañía. La anterior directora general, Soledad Fernández, se fue en buena medida por desacuerdos en esta línea, y se teme que la mayor cercanía de Ansón con Gascón pueda traducirse en acelerar los pasos hacia la Hacienda catalana. Fernández hablaba en su carta de despedida de la necesidad de una Agencia Tributaria «sin fisuras».

Otro tema de gran preocupación es el crecimiento en la Agencia de los puestos de libre designación. «Más de la mitad de los inspectores son de libre designación, y eso es un peligro para la independencia de criterio. Cuando tu puesto depende de la voluntad de alguien, no puedes ejercerlo con la misma profesionalidad que cuando eres libre. La Agencia está abusando muchísimo de la libre designación. Los directores generales tendrían que ser puestos técnicos, en los que se valorase la capacidad técnica, no política. No podemos impregnar de política los cargos técnicos de la Administración, porque eso va en contra del interés general del servicio», lamenta Burgos, pero incide en que eso es lo que está ocurriendo. «Se nombra director general, directores de departamento, delegados provinciales jefes de sección... Se están llevando esos cargos de confianza a la estructura más básica de la Agencia Tributaria, y es un abuso que cada año va a peor. Ya no vale ser solo técnicamente bueno. Además de serlo, hay que ser conocido. Es un poco injusto para el desarrollo de la carrera profesional de los funcionarios que no se dependa solamente de tus cualidades técnicas», añade.

Aumenta el número de puestos de libre designación, y eso es malo para la independencia de criterio

Y mientras tanto, los empleados de la Agencia esperan que se reactive el acuerdo de carrera profesional y administrativa que se firmó en 2007. La imposibilidad por parte de Soledad Fernández de hablar sobre este asunto con Jesús Gascón ha sido la gran causa de su dimisión, junto con la cuestión de Cataluña. Hasta la crisis económica, el acuerdo iba funcionando, con el personal reclasificándose cada año por antigüedad y ganando más, pero tras una subida de tramos en el año 2018 ó 2019, el sistema está parado.

Como consecuencia de este frenazo, CSIF calcula que la Agencia Tributaria ha perdido entre 80 y 90 millones de euros en su estructura retributiva, y eso es lo que quieren recuperar; el dinero que se ha perdido por los profesionales de mayor escalafón que se van jubilando, y cuyas funciones de mayor complejidad las van asumiendo sus sustitutos sin cobrar, o directamente no se realizan. «Esto es un peligro para la lucha eficaz contra el fraude fiscal», sostiene Burgos. «De los seis tramos retributivos que hay en la Agencia Tributaria, el 50 % del cuerpo Técnico de Hacienda y el 60 % del cuerpo de agentes de la Hacienda Pública está en el tramo 0 ó tramo 1», añade.

Como se ve, el nuevo director de la Agencia Tributaria tiene muchos asuntos con los que lidiar, aunque sus empleados no tienen mucha confianza en que los acometa. Aún menos su superior, el secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón: «Nunca ha querido recibir a los sindicatos. Es una cosa escandalosa que no acabo de comprender», afirma Pablo Burgos. Por este malestar, su sindicato convocó una huelga el mismo día que la directora general anunciaba la Campaña de Renta, y el 30 de septiembre se movilizarán frente al Ministerio de Hacienda con el objetivo de que se desbloquee su acuerdo de carrera, algo que consideran que depende de la voluntad política.

Mientras tanto, en la Agencia Tributaria siguen pasando cosas asombrosas, como el informe sin firmar que exculpaba al hermano de Sánchez. «En la vida se envía a los juzgados un informe sin firmar. Lo extraño es que al juez le haya llegado un informe de la Agencia Tributaria sin firmar», señala un gran conocedor del funcionamiento de la institución. Muy mal tiene que estar la situación dentro, o muy delicada debe ser la información que han visto, para que los empleados se atrevan a hacerlo.

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