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Miles de jóvenes marroquíes cruzan la valla de Ceuta.

Miles de jóvenes marroquíes cruzan la valla de Ceuta.EFE

La crisis de Ceuta deja al descubierto las grietas del 'milagro económico' de Marruecos

El reino alauí se ha convertido en una potencia industrial y turística del norte de África, pero el crecimiento sigue sin llegar a sus ciudadanos

La peor crisis migratoria vivida en Ceuta, con la entrada de 50.000 personas procedentes de Marruecos, ha vuelto a mostrar las costuras de la economía del reino alauí. Aunque en las dos últimas décadas se ha consolidado como una potencia industrial y turística del norte de África, su crecimiento convive con un profundo malestar social y unas desigualdades que siguen empujando a miles de marroquíes a buscar un futuro fuera de sus fronteras.

Pocas economías africanas han evolucionado tan rápido como la marroquí. En apenas un cuarto de siglo, su PIB se ha multiplicado por casi cuatro y el FMI prevé que mantenga un crecimiento cercano al 5 % anual durante los próximos ejercicios. Sin embargo, ese milagro no ha llegado a todas las capas de la población, que sigue viendo la emigración como una forma de salir de la pobreza y la falta de oportunidades.

Ese crecimiento ha ido acompañado de una profunda diversificación. La agricultura representa alrededor del 11 % del PIB, mientras la industria y los servicios han ganado peso gracias al desarrollo de la automoción, la aeronáutica, la industria química, las energías renovables y el turismo. A ello se suma su liderazgo en la producción de fosfatos –clave para la creación de fertilizantes– y su consolidación como una de las principales potencias industriales del norte de África.

La modernización, sin embargo, no ha alcanzado a todos los territorios. El investigador del CIDOB Francis Ghilès señala en un reciente informe que la riqueza, la industria, la inversión y los servicios de mayor valor añadido se han concentrado en torno a Casablanca, Rabat y Tánger.

Estas regiones concentran el 77 % del empleo industrial del país, mientras buena parte del interior del país sigue rezagada tanto en renta como en acceso a los servicios públicos. La desigualdad también se refleja en la sanidad, donde buena parte de los médicos ejerce en estas áreas urbanas, mientras otras regiones se han convertido en «desiertos de atención médica». Esa brecha resulta especialmente visible en zonas históricamente desfavorecidas como el Rif o buena parte del interior rural.

Uno de los principales problemas es que el aumento de la inversión y de las exportaciones, junto con la mejora de las infraestructuras, ha disparado la productividad del país, pero no ha sido capaz de crear empleo suficiente para absorber una población muy joven. «La continua exclusión social de millones de jóvenes marroquíes explica por qué tantos sueñan con huir de su país», explica Ghilès.

La pandemia, de hecho, sacó a la luz un dato preocupante: el 70 % de la población vivía en situación de precariedad o vulnerabilidad económica, una situación que se ha visto agravada por los años de sequía, que han sumido en la miseria a millones de familias que dependen de la agricultura para sobrevivir.

Redes clientelares

A esa brecha regional se suma una elevada concentración de la riqueza. El 10 % de los marroquíes concentra el 37,8 % de la riqueza del país, mientras que el 10 % más pobre apenas posee el 2,2 %.

El propio Mohamed VI se ha preguntado en alguna ocasión por qué este crecimiento no está generando suficiente empleo ni mejorando las condiciones de vida, pero parece ajeno a que se trata de un sistema económico dominado por grupos próximos al poder, donde el peso del Estado y las redes clientelares dificultan la competencia y el desarrollo de nuevos sectores.

«La corrupción sigue siendo un grave problema en un sistema económico que no rinde cuentas a ningún proceso democrático, donde no hay medios de comunicación libres y en el que los partidos políticos son una baraja de cartas en manos del poder, concentrado en la persona del rey y sus consejeros», afirma Ghilès. «El poder no puede ser cuestionado, y menos aún por el Parlamento, salvo en algunos círculos restringidos», añade.

Retos pendientes

Pese a estas dificultades, pocos expertos discuten que Marruecos ha avanzado notablemente respecto a hace dos décadas. La estabilidad política, la apertura comercial, la mejora de las infraestructuras, la llegada de inversión extranjera y la consolidación de nuevos sectores industriales han transformado profundamente la economía del país.

Sin embargo, el desafío ya no consiste solo en seguir creciendo, sino en repartir los beneficios de ese crecimiento. La creación de empleo de calidad, la mejora del sistema educativo, la reducción de las desigualdades territoriales y el fortalecimiento de una economía menos dependiente de las élites tradicionales aparecen como los grandes retos para evitar que una parte importante de la población siga viendo en la emigración la mejor oportunidad para construir su futuro.

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