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Un grupo de jubilados en un banco de Madrid.

Un grupo de jubilados en un banco de Madrid.Getty Images

La trampa de cobrar de golpe por retrasar la jubilación: se renuncia a la mitad del valor del incentivo

El pago único equivale de media al 51,2 % del valor del complemento vitalicio al que renuncia el trabajador

La delicada situación del sistema de pensiones ha llevado al Gobierno a proponer diferentes alternativas. Una de ellas es la jubilación demorada, que permite a los trabajadores que prolonguen su vida laboral más allá de la edad ordinaria elegir entre incrementar su futura pensión o recibir de golpe un tanto alzado. Sin embargo, esta fórmula esconde una letra pequeña que obliga a renunciar al 49 % del valor si se escoge cobrarlo de golpe.

Según un estudio publicado recientemente por Fedea, el pago único que ofrece la Seguridad Social equivale de media a apenas el 51,2 % del valor actuarial del incremento de pensión al que renuncia el jubilado. Es decir, optar por cobrar inmediatamente el incentivo supone aceptar una reducción cercana al 48,8 % de su valor frente a recibirlo mediante una mayor pensión durante toda la jubilación.

Los autores han probado la fórmula establecida por la Seguridad Social sobre 280 perfiles distintos de jubilados y la han ajustado después a la distribución real de la Muestra Continua de Vidas Laborales de 2024. El resultado es que en ninguno de los casos el pago único iguala el valor de lo que el pensionista deja de cobrar durante el resto de su vida.

Se trata de una diferencia importante, dado que cada vez más trabajadores están optando por recibir al menos una parte del incentivo de esta manera. En 2023, el 17,9 % de quienes retrasaron su jubilación eligieron exclusivamente el pago único y un 0,58 % escogieron la modalidad mixta. Un año después, los porcentajes habían aumentado hasta el 21,36 % y el 2,66 %, respectivamente. Prácticamente uno de cada cuatro trabajadores que retrasa su jubilación ya elige cobrar todo o parte del incentivo de golpe.

El origen de la diferencia está en la configuración del incentivo. Para comparar el pago único con el incremento permanente de la pensión, los investigadores han calculado cuánto vale hoy el flujo de ingresos adicionales que previsiblemente recibirá el pensionista durante el resto de su vida y lo han enfrentado con el dinero que la Seguridad Social le ofrece por renunciar a él.

Si, por ejemplo, el valor actual del complemento vitalicio fuese de 20.000 euros, un pago único actuarialmente neutral debería situarse también en torno a esos 20.000 euros. El problema es que la fórmula española no está diseñada para garantizar esa equivalencia ni incorpora las probabilidades de supervivencia del pensionista. Esto resulta relevante porque la esperanza de vida no es igual para todos. Los autores utilizan tablas de mortalidad específicas de los pensionistas y tienen en cuenta tanto el sexo como la relación existente entre la cuantía de la pensión y la longevidad. Cuanto más tiempo se espera que viva una persona, mayor es el valor del complemento que cobraría durante toda su jubilación y, por tanto, más caro resulta renunciar a él a cambio de una cantidad inmediata.

De ahí que el desequilibrio sea más acusado entre las mujeres y entre quienes perciben pensiones más elevadas. Para que el pago único llegase a resultar equivalente habría que conceder un valor muy superior al dinero recibido hoy que al que se cobrará en el futuro. Los autores calculan que esto exigiría aplicar tasas de descuento reales muy elevadas: entre el 7,33 % y el 14,53 % en el caso de las mujeres y entre el 5,79 % y el 13,58 % entre los hombres.

Cobrar de golpe no siempre es un error

La diferencia del 48,8 %, sin embargo, no significa que todos los jubilados que eligen el pago único estén tomando una mala decisión. Los autores, de hecho, insisten en diferenciar entre el desequilibrio de la fórmula y que el pago único pueda resultar conveniente para una persona en concreto.

Una fiscalidad favorable, la preferencia por disponer del dinero inmediatamente o el riesgo de futuras reformas de las pensiones pueden hacer que el pago único resulte atractivo para determinados jubilados. Incluso en el escenario más favorable planteado por los autores, sin embargo, la cantidad recibida de golpe sigue siendo inferior al valor del complemento vitalicio.

Fedea plantea revisar la fórmula

Los autores consideran que el problema no está, por tanto, en ofrecer al trabajador la posibilidad de cobrar el incentivo inmediatamente. España destaca precisamente porque permite convertir en capital una parte del incentivo por retrasar la jubilación, proporcionando al pensionista mayor liquidez y capacidad de elección. El problema surge cuando esa flexibilidad se ofrece mediante una fórmula que genera diferencias entre lo que se entrega y aquello a lo que se renuncia.

Por ello, plantean que la información facilitada al trabajador antes de decidir incluya no solo la cantidad que puede cobrar de golpe, sino también el valor del complemento vitalicio que sacrifica, los años que tendría que vivir para recuperar mediante la pensión el capital ofrecido y la cantidad que debería recibir para que ambas alternativas fueran equivalentes.

También proponen utilizar ese valor como referencia para revisar la fórmula. Eso no obliga, señalan, a que el pago único compense íntegramente el complemento vitalicio, ya que el legislador podría aplicar deliberadamente un descuento a cambio de proporcionar liquidez inmediata. Pero, en ese caso, sostienen que la diferencia debería estar justificada, revisarse periódicamente y comunicarse al pensionista.

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